Áncora

David Foster Wallace: 60 años de una literatura que muerde

El artífice de la ‘La broma infinita’ fue cronista del espíritu turbulento del fin del siglo XX. Leer su obra tanto tiempo después es, más allá de topar con un prodigio, una forma de reflexionar sobre lo poco que ha progresado la humanidad en varias décadas

David Foster Wallace. Foto: WikiCommoms
David Foster Wallace. Foto: WikiCommoms

Quien haya puesto un ojo sobre alguna de las líneas escritas por David Foster Wallace, sabe que su literatura está viva: muerde, araña, te revuelca y te quita el sueño por semanas al punto que, cuando piensas haber superado lo que leíste, te das cuenta que aún queda mucho por procesar.

Recuerdo que, en mi caso particular, conocí a Foster Wallace por su libro Entrevistas breves con hombres repulsivos, un compilado de más de veinte relatos sobre personas que, para convivir con sus temores, se convierten en lo que señala el título.

Más allá de ser una apuesta por la búsqueda de la empatía en un mundo que parecía caerse a pedazos (eran los noventa, con todo el pavor que provocaba acercarse a un nuevo siglo y a la eclosión tecnológica), Foster Wallace me rompió la cabeza por cómo hilvanó los perfiles de sus personajes. Pasar las primeras páginas y encontrarse textos enormes sin un solo punto y aparte, no solo denotaba el prodigio del autor, sino también una alegoría de ese mundo tan frenético que no daba tiempo para respirar ni siquiera en la lectura de un libro.

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