Macarena Barahona Riera y Carolina Mora Chinchilla. 17 agosto
Luego de un golpe militar, Federico Alberto Tinoco Granados asume provisionalmente el poder entre enero y abril de 1917. Con una nueva Constitución, ejerce como presidente de Costa Rica hasta agosto de 1919. Foto: Archivo LN.
Luego de un golpe militar, Federico Alberto Tinoco Granados asume provisionalmente el poder entre enero y abril de 1917. Con una nueva Constitución, ejerce como presidente de Costa Rica hasta agosto de 1919. Foto: Archivo LN.
El 12 de agosto de 1919: la renuncia del presidente

Ciertos cambios políticos suelen suceder de manera sorpresiva. Federico Tinoco, con poco más de dos años y medio ejerciendo la presidencia de la República de Costa Rica, renuncia en medio de un caos económico y político, luego del asesinato de su hermano y cómplice militar, José Joaquín Tinoco.

En el centenario del fin de la dictadura de los Tinoco, como tradicionalmente la recuerda la historia nacional, es importante reflexionar de lo ocurrido en esos dolorosos años con la idea clara de que no se vuelvan a repetir tantos atropellos a la institucionalidad, a los derechos humanos y a la democracia.

Años antes, Federico y José Joaquín estuvieron vinculados como militares al intento de golpe de estado de 1906, en un movimiento en contra del licenciado Cleto González Víquez junto con Rudecindo Guardia Solórzano (don Chindo, hijo del general Tomás Guardia) y Manuel Castro Quesada.

Los hermanos Tinoco Granados eran figuras notables en la sociedad costarricense, militares de carrera, graduados en las principales academias de Estados Unidos, con importantes fincas cafetaleras y cañeras en la zona de Turrialba. Sin embargo, ocupan un oscuro lugar en la política costarricense debido a los abusos en el poder y la violencia utilizada contra opositores y la población en general durante los 30 meses que estuvieron en el gobierno.

A cargo del ejército nacional, José Joaquín Tinoco viajó a Estados Unidos para comprar armas y municiones e hizo de cuarteles y cárceles, mazmorras espantosas, en la que se practicaban toda clase de torturas.

Pronto el Congreso, la prensa y la sociedad se dan cuenta de lo que está sucediendo, corren los rumores de las barbaridades que hacen los encargados de repartir castigos. Las noticias del asesinato de Rogelio Fernández Güell y los otros compañeros de rebelión pronto se saben (15 de marzo de 1918). Las persecuciones, encarcelamientos, amenazas, se suman a la crisis económica que enfrenta el gobierno. Las maestras, los trabajadores y estudiantes se lanzan a las calles en protesta. Sus salarios, además de ser disminuidos, deben de financiar las campañas militares contra los revolucionarios del Sapoá. Es junio de 1919 ,y desde la frontera con Nicaragua, las incursiones continuas de los revolucionarios hacen permanente la presencia militar del ejército, acantonado en la Hacienda El Jobo.

Luego del asesinato de José Joaquín, Federico, su hermano, renunció a la presidencia y salió de Costa Rica, cargado de dinero con un préstamo que hizo el país para pagarle por adelantado gastos como representante en el extranjero.

Sorprende la facilidad y rapidez con la que se resolvió el tema. ¿Qué pasó con las víctimas como Rogelio Fernández Güell, Jeremías Garbanzo, Ricardo Rivera, Carlos Sancho, Joaquín Porras, asesinados en Buenos Aires de Puntarenas?. Primeras bajas del movimiento de insurrección. ¿Qué pasó con las muertes horrendas de Marcelino García Flamenco (19 de junio de 1919) y muchos otros de los llamados revolucionarios del Sapoá, quienes intentando derrocarlo se enfrentaron al ejército nacional en manos de Joaquín Tinoco, Roberto Tinoco y muchos de sus aliados? Se cuenta que alrededor de 700 soldados se instalaron en la Hacienda El Jobo (Guanacaste) y los muertos de la batalla del Jobo y de otros enfrentamientos nunca se contabilizaron, ni de un bando ni de otro. ¿Cómo se recuperó la institucionalidad nacional? ¿Qué pasó con los perpetradores de los horribles crímenes cometidos por la dictadura?

En aquellos años: enero de 1917-agosto de 1919
Federico Tinoco y su esposa María Fernández Le Cappellain. El apoyo al dictador desapareció rápidamente. Foto: Archivo LN.
Federico Tinoco y su esposa María Fernández Le Cappellain. El apoyo al dictador desapareció rápidamente. Foto: Archivo LN.

Federico Tinoco dio un golpe de Estado a Alfredo González Flores el 27 de enero de 1917. La mayoría de costarricenses apoyó la acción militar ya que las reformas económicas que había propuesto González Flores no eran del gusto de los grupos con poder económico. Sin embargo, el gobierno golpista nunca fue reconocido por los Estados Unidos pese a los esfuerzos para lograrlo. Con la Primera Guerra Mundial en su fase final y la potencia del norte participando decididamente en favor de los aliados (Inglaterra y Francia), la crisis económica que se arrastraba desde el gobierno de González Flores se agravó.

El 11 de abril de 1917 se instaló la Asamblea Nacional Constituyente que legitimó el resultado de las elecciones, lo ratificaron como presidente y se emitió la Constitución de 1917. Durante las discusiones se rechazó el volver a implantar la pena de muerte, pero permaneció la idea de que la elección de presidente estuviera en manos de un colegio electoral. Ante la aprobación de esta reforma electoral, Rogelio Fernández Güell se retiró como diputado constituyente, lo cual le traerá muchos problemas con el régimen tinoquista, que lo persiguió hasta darle muerte.

Rápidamente aquel militar que llegó al poder con un importante apoyo de la élite perdió el respaldo. La crítica fue combatida cerrando periódicos como El Imparcial, de Fernández Güell, y persiguiendo a los opositores a sangre y fuego, como a los Volio, los González Flores, los Sancho, etc.

Marcelino García Flamenco, Julio Acosta, Selin Arias y mujeres como Amparo López Calleja de Zeledón, Matilde Carranza Volio, María Isabel Carvajal, Lilia González y muchos más, incluidos estudiantes y trabajadores de la sociedad costarricense, formaron la resistencia social y armada contra los Tinoco. La quema del periódico La Información, defensor del tirano y el asesinato de José Joaquín Tinoco, su mano derecha, así como las acciones militares de los revolucionarios del Sapoá provocaron, finalmente, la renuncia del presidente.

Importancia de la memoria

La libertad de opinión, de reunión, de organización política, de respeto a los derechos humanos y del hábeas corpus son el espíritu vivo de la democracia representativa. Al colapsar esto durante el gobierno de los Tinoco, la sociedad costarricense resistió y se organizó, pese a la violencia y a la represión.

Nuestra memoria política custodia las participaciones populares en defensa y lucha por lo que se cree y se defiende con la vida. El ejemplo de los hechos del 7 de noviembre de 1889, cuando el pueblo presionó a los cuarteles y al gobierno de Bernardo Soto para que se respetaran los resultados electorales, estaba aún fresco en la memoria nacional y se convirtió en aquellos años en un antecedente de la lucha política. Tres décadas después, nuevamente, era necesario recurrir a la protesta, a la rebeldía y a la lucha contra la dictadura.

Las conmemoraciones históricas son ayudas en la memoria colectiva para fortalecer la identidad del costarricenses. El saber cómo fuimos, de lo que fuimos capaces, es parte del poder político que el soberano demanda. Debemos, a menudo recurrir al pasado, discutir con él, aprender de él y usarlo en la defensa del presente.