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Mi hermano, el niño manudo cuya celebración de gol en 1997, al lado de Diach y la Pantera Smith, aún le duele al saprissismo

Un video del recuerdo del programa ‘La platea’ de TDMás rememoró un baile muy particular de un pequeño en medio de la celebración del 1 a 2 que llevó a los liguistas a ganar ese clásico en La Sabana. Ese niño es mi hermano.

Pase a profundidad como con la mano de Wílmer López a Richard La Pantera Smith, colocado. El liguista corrió, burló al mismo tiempo a Paté Centeno y a Erick Lonnis... ¡gooooool!.

El viejo Estadio Nacional de La Sabana estaba a reventar. Era el clásico. Ese gol de Smith representó el 1 a 2 a favor de los manudos. En la celebración corrieron Smith, David Diach, Víctor Badilla y Giovanni Hidalgo. Pero en pleno baile de júbilo de pronto salió a relucir en las imágenes del televisor una pequeña figura que corrió feliz a festejar con sus héroes.

Un chiquillo brincó, gritó a más no poder la anotación y logró lo que muchos quisieran: celebrar el gol junto a los protagonistas de la jugada. Lo particular del festejo fue un gesto que el niño hizo con todas las ganas: se tomó la entrepierna y: “¡Tomen morados!”.

El video del recuerdo de ese baile se hizo viral recientemente gracias a que en el programa La platea, de TDMás y que conduce el experimentado periodista deportivo Cristian Sandoval, lo comentaron. De pronto las imágenes del pequeño fanático manudo se convirtieron en uno de esos videos que le sacan la risa a muchos.

¡Tomen morados! Lo celebró con todo el chamaco manudo

Posted by TD Más on Friday, October 2, 2020

Ese niño es mi hermano. Luis Javier Rojas. ¿Pero qué hacía ahí metido en pleno terreno de juego? ¿Cómo llegó ahí? ¿Qué pasó con él?

Les cuento. Javi, como en casa le decimos de cariño, tenía apenas 10 años cuando pasó esta situación. Siempre, desde chiquitillo, fue tremendo, independiente, un güila muy despabilado.

Mi mamá ha sido una mujer muy luchadora, somos tres hermanos y ella sola ha velado por nosotros, motivo por el cual nos cuidaba nuestra familia mientras ella trabajaba. Ese día del partido, Javi se había puesto de acuerdo con los amigos del barrio para escaparse al partido, porque tenían que aprovechar que era en La Sabana y les quedaba cerca (vivimos en Alajuelita).

A Javi lo cuidaba mi tía Lía (él le dice abuelita de cariño). Le dijo que iba para misa de 10 de la mañana con los amiguitos, fue al trabajo de mi mamá a pedirle plata para ir a misa, según él; lo que nadie sabía era que ya tenían todo un plan para escaparse a ver el clásico.

Cuenta Javi que se coló en el estadio ayudado por algún extraño que lo tomó de la mano y dijo que era hijo suyo. Entraron a la gradería donde estaba la barra morada, pero mi hermano que es más liguista que Alejandro Morera Soto no estaba a gusto entre tanto saprissista.

Se le escapó a los amigos y terminó del lado de la afición manuda, pero como era muy pequeño, no veía nada. En su astucia, porque siempre fue como adelantado para su edad –terrible, diría yo– se fue colando y colando hasta que le robó la espalda a los oficiales de seguridad y se metió a la cancha.

El resto es esta historia hermosa que revivimos gracias a TDMás 23 años después: entró como Pedro por su casa y se fue hasta el banquillo liguista, se sentó en la primera silla que vio desocupada y se tiró la mejenga en primera fila.

Nadie lo regañó. Ni los futbolistas que estaban en banca ni el propio Manuel Keosseian, técnico alajuelense del momento, intentaron sacarlo. Javi estaba ahí, como uno más del equipo, lo cual le facilitó la hilarante intervención en el festejo del segundo gol liguista.

“De la emoción del partido, yo me fui a celebrar. Los vi a ellos bailando, me contagié del sabor que tenían. Fue algo de la misma emoción, yo por detrás los vi bailando y pensé que estaban haciendo ese gesto y tome”, recordó Javi en el programa La platea, en el cual fue invitado para contar su parte de la anécdota.

Mi hermano creyó que la travesura había salido perfecta y que nadie se dio cuenta hasta que al día siguiente, en el periódico Al Día publicaron una foto donde salía en plena celebración. Yo llevé el periódico a la casa, como la gran gracia y pues, el resultado fue una buena fajeada y 15 días de castigo sin salir de la casa.

“Pero valió la pena todo”, recordó Javi.

¿Qué ha pasado con él?

Javi tiene 33 años, es barbero profesional y tiene su propia barbería, además es profesor de esta profesión en el Instituto IECSA.

Para llegar a este punto, Javi, quien como dije antes, siempre fue tremendo, superó muchos obstáculos, como lo hacen muchos costarricenses.

Este muchacho también se ha encargado de cumplir sus sueños y no solo porque sea mi hermano, pero me llena de orgullo.

Mi mamá siempre ha sido un ejemplo de lucha y de trabajo, en mi casa es ese el más grande ejemplo que hemos recibido de ella y creo que de los tres hijos, Javi es el que más lo aplica.

Recuerdo que chiquillo se escapaba para ir a “trabajar” a Palí cargando los carritos con las compras de la gente; también trabajó con mi padrino sacando restos humanos del cementerio, además fue panadero, también ferretero, DJ de reggae, bailarín, actuó en una obra de Mauricio Astorga y por fin fue aprendiendo del oficio de barbero cuando se metió a trabajar con un amigo barriendo el cabello del piso.

Javi ha sido todo un luchador y, por sobre todas las cosas, un liguista empedernido.

El lunes, cuando fue invitado al programa de TDMás, cumplió otro de sus sueños: conocer a Diach, a Rolando Fonseca, al Mambo Núñez, a Carlos Castro, todos ídolos manudos y también al exmorado Allan Alemán, a quien admira mucho.

De una travesura infantil salió una anécdota que refleja la pasión de los niños por el fútbol en nuestro país. Aunque el gesto tal vez no fue el más correcto, la adrenalina de mi hermanito en aquel partido quedará en la retina de muchos y en la memoria de nuestra familia.

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