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Milkshake: La fría cara del verano

Cuando la rayita roja del termómetro se va más arriba de 30 grados, la garganta comienza a secarse y la imaginación vuela en busca de una manera de saciar la sed.

¿Un vaso de agua? ¡Qué va, no sabe a nada! ¡Qué bueno un refresco! ¡No, mejor un helado! ¿Y si mezclamos los dos? Desde hace muchas décadas, el milkshake llegó para convertirse en la cara más dulce y fría del verano.

Lejos de hacerse viejos, los batidos han ganado adeptos, y a su tradicional receta de leche y helados se han ido agregando los más curiosos ingredientes, para mantenerse de moda en el paladar de grandes y chicos.

¿Medicina? El término milkshake apareció por primera vez en un impreso de 1885, aunque entonces no era tan dulce e inocente: se refería a una supuesta bebida medicinal hecha con leche, huevos y... ¡whisky!

Por esos días, tenía más cara de coctel que de postre, aunque unos años después, a inicios del siglo XX, el término cambió para referirse a una “saludable bebida hecha con siropes de chocolate, fresa o vainilla”.

La popularidad de la bebida creció a partir de 1922, cuando un empleado de la farmacia Walgreens de Chicago mezcló la medicinal bebida con dos bolas de helado, creando un batido que pronto encantó a los jóvenes de todos los rincones del país.

Desde entonces, el milkshake se popularizó en las llamadas fuentes de soda, que contaron con congeladores de freón para conservar los helados y con las primeras máquinas de batidos.

“La proliferación de los mezcladores de cocina del siglo 20 llevó al batido de estar indisolublemente asociado a los helados, aunque técnicamente, cualquier tipo de bebida a base de leche se convierte en un batido”, asegura un artículo del sitio mshake.com.

Para el nuevo siglo, surgieron los milkshakes bajos en azúcar, bajos en grasa e, incluso, llegaron a ser utilizados como parte de un tratamiento dental para reducir la ansiedad de los pacientes.

“Los seguidores de la vieja escuela, todavía le rezan a la trinidad santa del chocolate, vainilla y fresa, pero una generación más experimental ha probado con galletas Oreo, mantequilla de maní, banano o aguacates”, resalta la web.

Para todos. Costa Rica no ha estado muy lejana a esta historia. Cada verano, las heladerías nacionales se llenan con sedientos que buscan una manera dulce de refrescarse.

Para ellos, la oferta de milkshakes resulta casi ilimitada. Año tras año, nuevos sabores se unen a los más tradicionales, llegando incluso a sorprender a quienes decían haberlo probado todo.

En los locales de Dessert Factory –Paseo de las Flores y Curridabat– los batidos lideran el top ten de los más vendidos en la época seca. Por fuera, parecen batidos hechos con la sencilla receta de helado y leche, pero tienen su secreto.

“Son helados caseros, recetas propias que nos permiten una gran variedad de sabores. Tenemos batidos de chocolate belga, fresa, menta, chocomenta, vainilla y mantequilla de maní con trozos de galleta”, cuenta Dianella Sudasassi, propietaria y chef.

Pero la lista no termina ahí: están los de manzana verde, veteado, chocolate, limón, maracuyá y mora, o los helados de vainilla-fresa con galletas Oreo, chocobrownie, dulce de leche o frutas.

“Los servimos en un vaso alto, de 16 onzas, con crema chantillí y decoración de chocolate, a ¢2.000”, agrega Sudasassi.

La dulce oferta se amplía en las vitrinas de otras heladerías, como El Goloso, en Curridabat, donde el cliente puede mezclar a su antojo más de 24 sabores: tres leches, banana split, zuppa inglese, nuez, guanábana, pistacho, canela, yogur, etcétera, etcétera, etcétera.

“También tenemos más de 10 sabores de batidos para los diabéticos y hasta para los intolerantes a la lactosa”, explica la heladera Yessenia Padilla.

Limón, fresas, kiwi... ¿A que no se le antoja uno?

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