William Venegas. 29 diciembre, 2019
Una familia pobre logra insertarse en una mansión de ricos y tenemos una gran película. Fotografía: Reproducción.
Una familia pobre logra insertarse en una mansión de ricos y tenemos una gran película. Fotografía: Reproducción.

“Estoy a favor de la contradicción continua (…) y no pienso explicar por qué detesto el sentido común”, eso escribió Tristán Tzara en su manifiesto del movimiento dadaísta, por 1918, en su protesta contra la cultura y la política burguesas.

Hoy, una estupenda película surcoreana, de magistral puesta en imágenes, desde adentro de ella y desde adentro de mí como espectador, me hace sentir con renovado concepto artístico esas palabras de Tristán Tzara. La película en cuestión se titula Parásitos (2019), de Bong Joon-Ho.

Se trata de un filme revolucionario. Lo es con su propuesta escénica, porque cada imagen se convierte en expresiva mostración de una trama que nos lleva –sí que sí– a una vigorosa recreación de la lucha de clases: su historia arranca con incómodo buen humor para tornarse en aguda tragedia.

Lo que sucede va hilado de manera perfecta, sin saltos ni vacíos, de manera dialéctica, donde las contradicciones son el eje de la constancia narrativa, como reflejo de una sociedad que ha perdido el sentido de la naturaleza humana, porque las clases sociales harto poderosas insisten en no ver al necesitado como otro ser humano.

Los ricos viven en el delirio del consumismo, del desperdicio y con la manía del poder como conducta diaria. Los olvidados viven escarbando la pobreza para ver en qué momento les surge una oportunidad, por lo menos de comer decentemente. Ese momento aparece en la película, presentado de manera intensa y es su imaginario eje transversal.

Por eso hablo de un filme revolucionario en forma y contenido, en imágenes y en conceptos, entre el deslizamiento de lo visual y el sincero desarrollo de su argumento (coherente en sí mismo).

Todo ello lo logra el filme desde la mostración de lo negativo: ¿es que acaso ustedes tienen razones para ser optimistas ante el orden social? La crítica de esta excelente película tiene un papel activo, para aplicarle un concepto del que hablaba el dramaturgo Bertolt Brecht.

He ahí el sustento de “contradicción continua” que Bong Joon-ho ha logrado darle a Parásitos, con el mayor cuidado en todos sus aspectos: gran dirección de actores, estupenda dirección de arte, fotografía contundente y una banda sonora de verdad extraordinaria.

Dentro de su uniformidad, este director se las ingenia para pasar por los más distintos géneros del cine, sin darse todos a la vez, como el buen pintor que domina los colores con estilo creativo y de uno en uno.

El filme es coreano, pero el director Bong Joon-ho ha insistido en que su propuesta se vuelve universal porque “ahora todos vivimos en el mismo país y este país se llama capitalismo”; no se pierdan este filme, es para verlo varias veces.

Ficha técnica:

Título original: Gisaengchung.

País: Corea del Sur, 2019.

Género: Drama.

Dirección: Bong Joon-ho.

Elenco: Song Kang-ho, Lee Seon-gyun, Jang Hye-jin.

Duración: 132 minutos.

Cines: Cinemark, Cinépolis, Magaly.

Calificación: Cinco estrellas de cinco posibles.