William Venegas. 12 julio
Penélope Cruz y el niño Asier Flores en las mejores secuencias de 'Dolor y gloria'. ROMALY para LN.jpg
Penélope Cruz y el niño Asier Flores en las mejores secuencias de 'Dolor y gloria'. ROMALY para LN.jpg

Luego de ver Dolor y gloria (2019), filme español del admirado Pedro Almodóvar (capaz de resucitar butacas, haga lo que haga, y esta vez muy elogiado por dicho filme), me ha quedado la sensación de estar ante una película de esas de “ni quito ni pongo”.

Puedo decir pronto que no es de lo mejor de Almodóvar (pienso en La flor de mi secreto, de 1995, o Los abrazos rotos, del 2009), pero tampoco es de lo peor (ahora pienso en Kika, de 1993, y en Los amantes pasajeros, del 2013).

Lo cierto es que Dolor y gloria, con tanta fama encima, repito, me parece filme de esos que ni encantan ni espantan. Su trama es la de un director de cine agotado en su creatividad y quien no encuentra la fórmula para volver al éxito anterior, rescatado por una filmoteca.

Si algo salva a la película, en esta parte, es la sentida actuación de Antonio Banderas, quien nos convence de que estamos ante un sujeto en profunda depresión (con la serotonina al abandono) y, además, enfermo de esto y de lo otro.

A tantas medicinas, un día agrega la heroína y, más tarde, sale de ella como puede salir uno de misa bien confesado y comulgado. ¡Qué va! No es así, y es porque Dolor y gloria –si peca en algo– es en mostrarse afectada por su simpleza dramática, sin llegar a la estupidez.

Los diálogos están ahí, por estar, tan solo para jalonar el accionar dramático, sin ninguna profundidad, algo así como ponerle gasolina a un auto eléctrico. Entonces su trama comienza a girar sobre sí misma, como podría sentirse una cabeza cargada de heroína. Obvio que el argumento va hacia alguna parte, pero Almodóvar se toma más tiempo de la cuenta.

¿Qué es la salvada del filme en estos momentos? ¡Sus retrospecciones!, sí, cuando Dolor y gloria gusta de volver al pasado para mostrarnos la infancia del mentado director de cine heroinómano y, adulto, golpeado por la ruptura con su pareja homosexual.

La infancia de Salvador (así se llama el personaje) está presentada con sutileza, con buen pincel, a veces como si estuviésemos en otra película. Es la historia del niño que busca proyectarse más allá de la pobreza familiar, mientras vemos la calidez del personaje de la madre por “sacar adelante” a su hijo, gustosa actuación de parte de Penélope Cruz.

Lo melodramático es lo mejor, pero esto Almodóvar lo maneja siempre con paso eficaz y no con trote cansado en toda su filmografía. Como diría el teórico literario estadounidense, Kenneth Burke, lo que esta película no logra bien es afrontar “lo humano” desde la “dramaticidad” de la narrativa. ¡Ahí!

Finalmente, las similitudes con (1963), de Fellini, son inevitables; solo que Federico Fellini sí logró una obra maestra con la ayuda del recordado actor Marcello Mastroianni.

DOLOR Y GLORIA

Título original: Dolor y gloria

España, 2019

Género: Melodrama

Director: Pedro Almodóvar

Elenco: Antonio Banderas, Penélope Cruz

Duración: 108 minutos

Cines: Cinépolis, Magaly

Calificación: TRES estrellas ( * * * ) de cinco posibles