Otto Vargas M.. 4 agosto, 2010

Tras su regreso al país luego de ocupar un cargo en la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), la fiscala Gisele Rivera asegura que aquí la enviaron “al congelador”.

“Me siento terriblemente frustrada. Me asignaron revisar un expediente que lleva la Fiscalía Agraria Ambiental en el que los hechos están prescritos.

“No entiendo por qué me tienen así”, señaló la funcionaria. La portavoz de la Fiscalía, Carolina Rodríguez, rechazó –ante una consulta de La Nación – que la funcionaria esté relegada y dijo que prueba de ello es que tiene el cargo de fiscala adjunta.

Agregó que Rivera tiene a su cargo un importante caso.

Viaje a Guatemala. La fiscala dijo haber aceptado el puesto en Guatemala por dos razones: la recomendación de su superior, Francisco Dall’Anese, para que bajara el perfil luego del caso Parmenio Medina, y la eliminación de la protección policial que le asignaron a raíz de una serie de amenazas.

Recordó que a raíz de las intimidaciones, Dall’Anese le recomendó cambiar de residencia. “Tuve que seguir con los pagos de la casa y con el alquiler. Nadie me preguntó si necesitaba algo. Me sentí muy sola”, declaró.

La fiscala también se sacudió de la suspensión de su cargo por cinco días que ordenó el Consejo Superior del Poder Judicial –el 1.° de julio– por supuestos maltratos en perjuicio de personal que tuvo a su cargo en el 2003.

En concreto, la responsabilizan de proferir insultos a raíz de la desaparición de unos enyucados, irrumpir en la oficina de una fiscala y establecer roles de limpieza de los baños.

“Me robaron el almuerzo y dije una mala palabra. No era un ataque directo; fue una molestia. Dicen que puse a limpiar los baños (de la Fiscalía de Desamparados), pero lo que se dio fue una directriz para mantener el orden. No puedo entender cuál es la gana de sancionarme. Tengo carácter, pero no ando por ahí gritando. No tengo tiempo para eso”.