Hugo Solano C.. 17 mayo
La abuela del menor dice que se dio cuenta esa noche de la gran solidaridad de vecinos y rescatistas que salvaron a Gabriel. Foto: Rafael Pacheco
La abuela del menor dice que se dio cuenta esa noche de la gran solidaridad de vecinos y rescatistas que salvaron a Gabriel. Foto: Rafael Pacheco

Sentada en la sala de su casa, en Tibás, Mayela Araya Zamora, de 66 años, habla ahora tranquila para contar la desesperación que vivió con la desaparición de Gabriel, su nieto de tres años y medio, hecho que conmovió al país el miércoles 16 de mayo cuando se dio la alerta en medios de comunicación y redes sociales.

¿Qué fue lo que pasó?

"El portón de la cochera siempre lo mantenemos con candado. Ese fue el problema, no sé cómo alguien dejó el portón abierto y el chiquito lo forcejeó”, contó la señora que el miércoles a las 5:45 p. m. comenzó a vivir dos amargas horas.

En la casa estaban ella, su esposo y una niñera que se encarga de cuidar a sus dos nietos, Gabriel y la hermanita de él, de un año.

Todos estaban atentos porque ya casi la madre de los chiquitos –hija de doña Mayela– estaba por pasar a recogerlos. Gabriel salió a esperarla en el corredor y una cámara de seguridad de la casa lo captó cuando alzó su brazo hasta la manija del portón y, como estaba sin seguro, logró abrirlo y salió.

(Video) Abuela de Gabriel: 'Doblé rodillas y di gracias a Dios'

Cuando la abuela se asomó y vio la puerta abierta, alertó a su marido, Carlos Humberto Figueroa, y salieron a buscarlo. Aunque miraron para todo lado no lo vieron y ambos salieron en dirección oeste. Jamás se imaginaron que Gabriel se había por el lado contrario, donde solo hay un parquecito y luego una pendiente en medio de charrales por los cuales caminó el niño.

"Salimos como locos", contó don Humberto, quien dijo que a cuanto vecino se topaban le preguntaban por el niño pero ninguno sabía nada de él. En su casa, mientras tanto, había quedado la niñera con la otra chiquita.

De tanto caminar, la abuela llegó por el lado de atrás de la zona encharralada y creyó escuchar en dos ocasiones el llanto del menor; sin embargo, por donde ella estaba era inaccesible y regresó a avisar.

Ya había pasado una hora desde que Gabriel se había perdido. En eso comenzó a llover fuerte en la zona y la luz se fue atenuando.

Doña Mayela mostró el sitio por donde se presume que su nieto entró a una zona de charral y pendiente que al fondo llega al cañon del río Virilla. Foto: Rafael Pacheco
Doña Mayela mostró el sitio por donde se presume que su nieto entró a una zona de charral y pendiente que al fondo llega al cañon del río Virilla. Foto: Rafael Pacheco

El resto de la familia ya se había integrado a la búsqueda. Con una gran angustia, doña Mayela le había dicho a su hija que Gabriel se había perdido y ella, también con gran susto, lo primero que hizo, fue tomar de nuevo su carro para salir a preguntar por él a todo el barrio.

Para entonces, el vecindario y socorristas se habían sumado a la búsqueda por las calles y la orilla del lote en la ciudadela Jesús Jiménez.

Entre los que buscaban estaban los hermanos Ángel y Vianney Muñoz Alvarado. El primero fue quien lo halló a 20 metros del precipicio que colinda con el río Virilla.

Cuando ya la Cruz Roja estaba a punto de desistir de la búsqueda por la falta de luz, la lluvia y lo peligroso de la ladera, trascendió la noticia de que lo habían ubicado.

“Lo encontraron sin un rasguño. Ese chiquito es alérgico a las picadas y mis hijos que se metieron a buscarlo y otra gente salieron rayados y picados, pero el chiquito no tiene nada”, dijo la abuela.

Afirmó que la Tomografía Axial Computarizada (TAC) y los exámenes de rayos X que le practicaron en el Hospital de Niños no revelaron ningún daño y la misma noche le dieron de alta.

La abuela fue a verlo este jueves a su casa en barrio Los Ángeles de Santo Domingo, Heredia, donde reside el pequeño con sus padres. Su hija, la madre de Gabriel, le contó que durmió tranquilo, come bien y no tuvo ninguna secuela.

Doña Mayela hizo esa visita acompañada de Ángel Muñoz Alvarado, el joven de 17 años que encontró al niño y que este jueves en la mañana había llegado a preguntar por su estado de salud.

Este jueves los padres de Gabriel no lo llevaron al Colegio Saint Anthony, donde está en maternal, para compartir con él.

En ese centro educativo van a realizar una misa de acción de gracias porque Gabriel fue hallado sano y salvo.

Carlos Humberto Figueroa, abuelo de Gabriel, dice que ahora sabe lo desesperante que es ver que no aparezca un familiar. Foto: Rafael Pacheco
Carlos Humberto Figueroa, abuelo de Gabriel, dice que ahora sabe lo desesperante que es ver que no aparezca un familiar. Foto: Rafael Pacheco
A él le gusta el bosque

Doña Mayela afirmó que solía salir con su nieto al bosquecito que queda a escasos 20 metros de la casa, por eso se asomó ahí primero y no lo vio. Dijo que el niño corre mucho y por eso posiblemente entró rápido al pastizal, por detrás de las latas de zinc de la última propiedad.

Gabriel, agregó, no es de salir a la calle o de andar donde vecinos.

Por su mente pasó, en esas dos horas, el temor de que lo hubieran montado en un carro o de algún accidente, porque algunos en medio del drama de la búsqueda le decían que vieron un carro sospechoso. Al final, contó que se puso de rodillas y agradeció a Dios que hubiera aparecido. “Fue de paz porque Dios existe y se mueve en los corazones que le piden con fe”.

Gabriel tuvo su ángel

Ángel Muñoz Alvarado, el joven de 17 años que encontró al menor, dijo que fue una experiencia sorprendente.

Angel Muñoz, fue quien encontró al niño en una pequeña zanja, a 20 metros del precipicio. Afirma que para llegar ahí sufrió varias caídas en la oscuridad entre barro y pastizales. Foto: Rafael Pacheco
Angel Muñoz, fue quien encontró al niño en una pequeña zanja, a 20 metros del precipicio. Afirma que para llegar ahí sufrió varias caídas en la oscuridad entre barro y pastizales. Foto: Rafael Pacheco

Él venía saliendo de la casa de su hermano y oyó a un grupo de gente decir: “El niño está ahí abajo” y de inmediato se sumó a la búsqueda.

Muchos lo buscaron en las orillas y él optó por bajar entre el pastizal con un hermano y se fue uno por cada lado.

“Yo me caí varias veces. Yo decía: Dios ayúdame porque yo no me voy de aquí hasta encontrarlo”. Eso, porque era la zona donde la abuela lo había escuchado llorar.

En medio del aguacero y el barro, se le apagó el teléfono y la linterna del celular que estaba usando dejó de funcionarle.

Siguió a oscuras y luego vio en la oscuridad el foco de su hermano y entre los dos siguieron con esa luz hasta que vieron como un reflejo y eran las pupilas del niño.

Mi hermano se quitó la capa que andaba y yo me quité el suéter para abrigarlo. Él casi no respondía porque tenía mucho frío y entonces lo revisamos a ver si tenía heridas. Eran como las 7:30 p. m. y en ese comenzamos a pedir ayuda a gritos".

En ese momento el celular sonó y era una llamada de otra hermana que estaba arriba... le dieron la buena noticia y el operativo de los socorristas se redirigió hacia ese punto.

Ángel dice que no puede explicar cuánto caminó el chiquito, pero no se explica cómo llegó a una zona tan quebrada, tal vez porque cuando el niño se perdió todavía no llovía.

Los socorristas tardaron como 15 minutos desde el punto donde estaba Gabriel, hasta la ambulancia que lo llevó al centro médico.

Aunque la familia quería entrar a topar a los rescatistas, los socorristas no los dejaron porque nadie podía acercarse para evitar algún accidente.

Doña Mayela se fue luego con la familia al Hospital de Niños, donde les explicaron que estaba bien y avanzada la noche se los entregaron.