Perfiles

Marcela Porras, empresaria costarricense que promueve el encadenamiento de las mujeres cafetaleras

La costarricense se adentró en el mundo cafetero para crear una marca de café de especialidad con sello femenino y venderlo en todo el mundo

La Hilda, en Poás de Alajuela; Las Lajas, en Sabanilla de Alajuela; La Montaña, en San Marcos de Tarrazú; y Cirrí, en Naranjo de Alajuela: todas ellas son fincas cafetaleras gestionadas por mujeres y con granos de altísima calidad.

En cada una de estas fincas, Marcela Porras conoció historias de liderazgo femenino, superación y colaboración. Esto la impulsó a emprender un proyecto para ofrecer a los clientes finales un café de especialidad cosechado con excelencia por mujeres.

Así nace Roblesabana, un café tico que por sus características se puede comparar con la cultura del vino. Es una bebida perfecta para ser catada y desgranar todas sus propiedades, incluyendo las características de la tierra de dónde proviene.

Una mujer con visión

Marcela Porras es graduada de ciencias de la comunicación en la Universidad de Costa Rica. Ejerció como publicista y productora audiovisual por 10 años, luego trabajó en el área de promoción y mercadeo del Instituto Costarricense de Café (ICAFE) donde aprendió sobre tendencias, producción, exportación y consumo alrededor del mundo.

Pero además fue en ICAFE donde conoció historias de mujeres poderosas en la industria cafetera. Esto coincidió con dos inquietudes que tenía Marcela: dar el salto hacia la creación de su propio emprendimiento y visibilizar la tesonera labor femenina que muchas veces es desapercibida.

“Siempre he tenido una conciencia hacia los temas de género y una inquietud sobre cómo formar negocios a partir de una perspectiva más colaborativa”, detalla Marcela.

Fue así como Marcela se alió con su hermana Adriana Porras, una abogada especialista en propiedad intelectual que reside en Estados Unidos. Juntas han ido abriendo espacios para que el café de especialidad Roblesabana esté disponible para el público tico (en tiendas y supermercados gourmet), estadounidense e incluso mundial, desde la plataforma Amazon.

De esta manera, Marcela y Adriana continúan la tarea visibilizadora que su madre y padre les inculcaron, así como los principios de una gran moral, ética y servicio a los demás. “Nos enseñaron que hay un lugar para todos en el mundo laboral; que la vida personal o la maternidad no debe limitarnos”, recalca la empresaria.

Y es que su mamá, Luz Marina Elizondo, es un ejemplo de tenacidad. Siendo una joven liberiana decidió viajar sola hacia la capital josefina para estudiar. Se graduó como enfermera convirtiéndose en una de las primeras enfermeras y anestesistas del Hospital México. En San José se casó y tuvo a sus dos hijas, quienes hoy –siguiendo los pasos de doña Luz Marina– son madres, profesionales y emprendedoras.

Adriana, la mayor de las hermanas, inscribió a Roblesabana como marca comercial y se encarga de abrir espacios para comercializar este café en Estados Unidos.

Marcela, por su parte, está encargada de toda la parte operativa del negocio: control del tueste del grano, logística con las productoras, relación con los clientes, negociaciones, manejo de redes sociales, administración y contabilidad. Por supuesto, todo esto lo logra tras tomarse sus dos tazas de café matutinas.

Según Marcela, uno de los principales placeres de su trabajo es salir al campo, ir a conocer cafetales, conversar por las productoras y por supuesto, catar una deliciosa taza de café caliente, negro y sin azúcar –como suele tomarlo–.

Mujeres cafetaleras

Roblesabana forma parte de la Alianza Internacional del Café de la Mujer, una red mundial que agrupa a mujeres en toda la cadena productiva del café y genera espacios de diálogo para compartir conocimientos y mejorar las prácticas.

Esta marca de café costarricense trabaja con fincas gestionadas por mujeres, donde ellas son las jefas y se han tenido que ganar el respeto en un mundo predominantemente masculino.

“Históricamente la labor de las mujeres ha sido invisibilizada, ellas gestionan las fincas y, sin embargo, no aparecen en los registros, está pendiente hacer un censo de las mujeres en la industria del café”, detalla Marcela.

No obstante, esta empresaria es consciente de que ha habido un avance. “Por primera vez tenemos una mujer como directora ejecutiva del Instituto del Café de Costa Rica, la productora Xinia Chaves, y ella ha hecho un gran trabajo en temas de equidad”, señala.

Lo interesante de las mujeres en la industria cafetalera va mucho más allá de su género, sino que involucra una filosofía de trabajo más horizontal y colaborativo, donde entre todas se apoyan para que todas ganen.

“Establecemos una red de negocios que procura la sostenibilidad de la industria. Si yo pago un precio justo a la productora por el grano de café para yo tostarlo y comercializarlo, significa que estoy aportando a la conservabilidad de la finca y que, a largo plazo, podré seguir adquiriendo mi materia prima de alta calidad”, explica la propietaria de Roblesabana.

Además, asegura que también establecer negocios con personas o familias con una visión de responsabilidad ambiental y social.

“Es fundamental que exista un respeto por el medio ambiente, así la industria se autorregula y permite que el principio de la cadena, que es el productor o productora, se mantenga”, explica Marcela.

La cosecha y el tueste de café demanda un gran trabajo en el cuido del agua, su mínimo uso durante el proceso de beneficiado, un exhaustivo control de la huella de carbono; así como responsabilidad en aspectos sociales, tales como pagar el precio mínimo a los recolectores de café y pagar de manera justa por cada cajuela. Estos son aspectos en los cuales las mujeres tienen mucha claridad y han fungido como agentes de cambio.

Café de especialidad

Desde 1800, Costa Rica se ha caracterizado por exportar café en grano verde u oro, como se le llama al café crudo antes del tueste.

Marcela quiso aprovechar la reconocida calidad del café costarricense para exportarlo pero ya tostado, empacado y listo para ser comprado por el consumidor final. Y eso es Roblesabana, un café costarricense de especialidad creado por mujeres. Su nombre se debe a los árboles Roble Sabana que solían usarse como linderos en fincas cafetaleras.

El café de especialidad tiene que cumplir con características muy especiales y un proceso complejo. Además, debe obtener un puntaje superior a 80, en una escala de 0-100 puntos, según la Asociación de cafés de especialidad de Estados Unidos (Specialty Coffee Association of America).

Esta estricta escala es el resultado de un análisis sensorial del café en verde (oro), tostado, molido y preparado como bebida. Los cafés que alcanzan el título de “especialidad” no tienen defectos, o tiene muy pocos de ellos, son generalmente cultivados en regiones especiales y remotas, con climas ideales, y son procesados de manera única, incluso muchos de ellos de manera artesanal, y presentan cualidades de taza de alta calidad.

Además, un café de especialidad se caracteriza por contar la historia de quien está detrás de cada etapa del proceso: de qué variedad es, en qué finca se cosechó, a qué altura, bajo qué condiciones e incluso, por quién fue cosechado. A esto se le llama trazabilidad, pero demanda cuidados especiales.

El cuidado inicia desde que se escoge la semilla. Se debe tener su trazabilidad para saber qué sustratos utilizar, e incluso cuál será el tamaño de la bolsa para evitar desarrollos deficientes de la planta o problemas de raíz.

Adicionalmente el caficultor debe recrear las condiciones de sol y sombra más adecuadas, es por ello que algunos cafetales se plantan bajo la sombra de otras plantas o en su defecto requieren de mayor riego. Asimismo, la cantidad de plantas que se pueden plantar en un área dependerá del clima, las condiciones del suelo y la variedad de la planta.

Las caficultoras deben vigilar la nutrición de los suelos, la erradicación de malezas y estar muy pendientes de prevenir y detectar enfermedades y hongos en las plantas. También deben velar por rejuvenecer cada 5 o 6 años sus cafetales, ya que a partir de los 7 años la planta de café reduce notablemente su producción.

Adicionalmente, se cosecha a mano recolectando únicamente los granos maduros y se vuelven a seleccionar los granos tras el secado. Después debe vigilarse que los porcentajes de humedad sean adecuados y su correcto almacenamiento, con el fin de evitar que el café se fermente o pueda contaminarse con moho u olores no deseados.

En el beneficiado no se puede mezclar con granos de otras fincas, y el tueste debe ser muy controlado para obtener las mejores características posibles.

Todos estos procesos, Marcela Porras los explica con una pasión tal que es imposible no quedar con las ganas de tomarse una taza de café Roblesabana.

Mónica Morales

Mónica Morales

Graduada en Ciencias de la Comunicación Colectiva, con énfasis en periodismo, de la Universidad de Costa Rica y de la maestría de Administración de Medios de Comunicación de la UNED.