Carlos Soto Campos. 8 marzo

Al iniciar el mes de marzo, la Asamblea Legislativa discutió la posibilidad de darle alternancia a la elección de beneméritos de la Patria, a fin de que este honor fuera conferido, cada dos años, a una mujer.

Esta iniciativa se impulsó ante un dato que demuestra una inequidad histórica: 67 hombres han sido declarados beneméritos por los diputados desde que se instauró la práctica, a finales de la década de 1950, mientras que solo 4 mujeres han sido reconocidas con la misma distinción. Haga de cuentas que incluso hay más instituciones beneméritas (20, incluidas escuelas y hospitales) e incluso que en el 2017 se dio el visto bueno en la comisión encargada para que se le confiera el benemeritazgo, por primera vez, a un equipo de fútbol (la Liga Deportiva Alajuelense).

A la fecha solo son beneméritas Emilia Solórzano Alfaro (exprimera dama a quien se le atribuye influir en la abolición de la pena de muerte), Emma Gamboa Alvarado (educadora y viceministra de Educación), Ángela Acuña Braun (primera jurista centroamericana y sufragista) y Carmen Lyra (educadora, escritora y pensadora de izquierda). Los requisitos para aparecer al lado de ellas son haber tenido méritos honrosos durante su vida como ciudadana y haber fallecido hace al menos 7 años. Una comisión secreta evalúa los casos presentados de forma anónima.

El rechazo a la propuesta para elegir los benemeritazgos alternados llegó bajo el argumento, por parte de algunos legisladores, de que la elección de beneméritos o beneméritas debía ser “por méritos”, sin consideraciones de género.

Sin embargo, en casi 70 años de historia del máximo galardón que confiere nuestro país, solo se ha reconocido a cuatro mujeres. Las diferencias se replican en otros campos políticos: de 1950 y hasta 1997 solo se habían elegido 16 diputadas, situación que cambió hasta que se incluyeron las cuotas de género para la elección del Congreso.

Las razones para la inequidad pueden ser muchas, pero la falta de méritos no es una de ellas: Costa Rica tiene decenas de mujeres que han cambiado el curso de la historia con sus ideas.

En el marco del Día Internacional de la Mujer, le recordamos al Poder Legislativo a 10 figuras que podrían tener un retrato en el Salón de Beneméritos y Beneméritas de la Asamblea Legislativa.

Luisa González (1904 – 1999)

Luisa González Gutiérrez es recordada como educadora y escritora pero también como una líder política de la izquierda en Costa Rica. En su novela A ras del suelo (publicada en 1970) narró las adversidades que vivió su familia en la pobreza.

El acceso a la educación fue fundamental en su desarrollo y con un título de maestra, se dedicó a promover la educación para que muchas otras personas pudieran salir adelante.

Junto a su mentora y colega María Isabel Carvajal (la Benemérita Carmen Lyra) fundó la Escuela Montessoriana, en 1925, y la Escuela Omar Dengo, en 1933. Fue parte del Partido Comunista, de Vanguardia Popular y por sus posturas fue destituida como maestra por el gobierno de León Cortés. A partir de ese punto se involucró de lleno en la política, fundando la primera asociación de maestros, la Alianza de Mujeres Costarricenses y el Sindicato de Mujeres Trabajadoras.

Ana Rosa Chacón (1889 – 1985)

Esta educadora originaria de San José se integró a las luchas por la justicia social desde muy temprana edad. Con 20 años recogió leche y alimentos para niños de escasos recursos. En 1919, integró con varias maestras una huelga en contra de la dictadura de los Tinoco.

Ana Rosa Chacón González es parte de las sufragistas costarricenses, las mujeres que defendieron con manifestaciones y escritos que la mujer pudiera acceder al voto. Ocupó la secretaría de la Liga Feminista, una organización dedicada a la emancipación de la mujer.

Durante la revolución de 1948 se integró al grupo 15 de Mayo, con el que impulsó varias manifestaciones reclamando la participación de la mujer en la política. En 1953 fue parte de la papeleta de diputaciones del Partido Liberación Nacional y se convierte en una de las tres primeras diputadas del país.

Anna Gabriela Ross (1952 – 2003)

Médico cirujana de profesión y con una maestría en salud pública, el nombre de Anna Ross es repetido todos los años gracias a una carrera atlética que atraviesa la ciudad de San José. La concurrida actividad es organizada desde la Fundación Anna Ross, que realiza campañas de información en la lucha contra el cáncer.

En distintos puestos de función pública, Ross se encargó de promover la salud en todas sus formas y extender su cobertura a zonas de riesgo social. Promovió el mejoramiento de la salud en espacios privados públicos, incluyendo fiestas populares.

Impulsó la prohibición de la venta de pólvora a menores de edad y como jefa de la región central de salud, resolvió problemas de contaminación de aguas. Además fue la primera presidenta ejecutiva del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados.

María Teresa Obregón (1888 – 1956)

Educadora y activista, María Teresa Obregón Zamora centró sus esfuerzos en buscar participación femenina en la política.

Esta maestra, originaria de Alajuela, formó a cientos de costarricenses en primaria. En 1943 incursionó en la política, integrándose a manifestaciones que defendían la libertad y la transparencia del sufragio. Tras la Guerra Civil de 1948, forma parte de los miembros fundadores del Partido Liberación Nacional e integró el Comité Femenino de esa agrupación.

El 8 de mayo de 1953, en medio de nombres como Gonzalo, Joaquín y Uladislao resaltaron tres en particular: Ana Rosa Chacón González, Estela Quesada Hernández y María Teresa Obregón Zamora, las primeras diputadas electas de Costa Rica. De forma repentina, Obregón Zamora falleció mientras ejercía el cargo, el 29 de setiembre de 1956.

Emilia Prieto (1902 – 1986)

Uno de los premios nacionales de cultura lleva su nombre y no es en vano: Emilia Prieto Tugores aportó, apreció y documentó en múltiples disciplinas artísticas a Costa Rica. Pasó su infancia en Heredia y en esa ciudad se graduó de profesora. De inmediato, ingresó a la carrera de Bellas Artes.

Participó en las manifestaciones que llevaron a la aprobación de las garantías sociales en los años 40, pero luego de la guerra de 1948, al apoyar al bando “perdedor”, fue despedida de su cargo como directora, y encarcelada.

Las artes fueron su campo de estudio. Estudió con gran interés el arte decorativo de las carretas y organizó el primer desfile de carretas, en 1935. Investigó también sobre la música folclórica y distintas expresiones el arte popular.

Se dedicó también al grabado en madera y muchas de sus obras aparecieron en la revista Repertorio Americano, donde también publicó ensayos.

Maruja Chacón Pacheco (1939 – 2003)

Quiso ser jueza del juzgado civil pero los magistrados de aquel entonces decidieron que una mujer casada y con cuatro hijos no sería capaz de llegar el puesto. Sin embargo, esta abogada alajuelense no se dejó desanimar y continuó trabajando hasta que logró su cometido.

En 1988, durante la primera administración Arias Sánchez, Maruja Chacón fue viceministra de Justicia y eventualmente la cabeza de la cartera. Luego se convirtió en una de las primera magistradas del Tribunal Supremo de Elecciones.

Durante los años 90, cuando la participación electoral de las mujeres superó la de los hombres, impulsó reformas para que aumentara la representación política de las mujeres, sobre todo en la Asamblea Legislativa. Decía que no tenía sentido que si había más mujeres votando, la mayoría de las autoridades fueran hombres.

Lilia Ramos Valverde (1930 – 1988)

Ensayista, cuentista y promotora de las artes, no creía en especializarse en un solo campo de interés. Formó parte del Partido Comunista, por lo que se interesó en el desarrollo y el bienestar humano, además de la educación, la psicología y la psiquiatría. Dentro de su obra ensayística destaca ¿Qué hace usted con sus amarguras? (1949), que divulgaba usos aplicables del psicoanálisis para resolver tareas cotidianas.

Estudió en Estados Unidos técnicas para la enseñanza de personas con discapacidades visuales, pero su trabajo también se extendió a niños huérfanos, con trastornos de habla o en condiciones de riesgo social.

La difusión de la lectura y la cultura fue su meta. No solo organizó reuniones para leer, comentar y debatir, sino que se encargó de impulsar la carrera de jóvenes artistas. Entre los beneficiados estuvieron Daniel Gallegos, Julieta Pinto, Alfonso Chase y todas las personas que han disfrutado de sus obras.

Carmen Naranjo (1928 – 2012)

Cuando era niña, el negocio de sus padres en Cartago fracasó y la familia debió mudarse a San José, a tener una vida más modesta. La pequeña Carmen debió colaborar con el trabajo junto a sus hermanos, pero después de enfermarse de polio, empezó a ser educada en casa y así se enamoró de la lectura.

Quiso ser doctora, pero terminó graduándose de filología clásica y dedicó gran parte de su vida a la función pública. Desde trabajar en la Caja del Seguro Social, con la ONU en Venezuela y hasta ser embajadora de Costa Rica en Israel. Todas estas experiencias las aprovechó para escribir textos y su primer libro de poesía, Canción de la ternura, publicado en 1964, diez años después de haber sido escrito.

De regreso en Costa Rica siguió publicando poemas, ensayos y cuentos, fue una escritora empedernida. Además, en 1974, durante la administración Oduber Quirós, se desempeñó como ministra de Cultura, Juventud y Deportes, la primera mujer en el cargo.

Mercedes Chacón Porras (1896 – 1963)

Mercedes Chacón Porras fue la primera enfermera obstetra del país, en 1925. 100 años atrás, los partos ocurrían en casas o en condiciones poco favorables para las madres y los hijos; muchos partos culminaban con la muerte de las madres o sus infantes.

Sus esfuerzos –explica el documento de incorporación a la Galería de las Mujeres del INAMU– dieron un salto cualitativo y humano en los nacimientos de Costa Rica. Chacón Porras promovió el control prenatal y sistemas preventivos contra la muerte materna dentro y fuera del Valle Central.

Se le reconoce como una de las figuras que hizo que la enfermería se viera como una profesión, es decir, una especialización, y de esa forma logró abrir varias puertas para las mujeres en la medicina.

Victoria Garrón Orozco (1920 – 2005)

Como muchas mujeres intelectuales, optó por estudiar educación, sin embargo Victoria María Garrón Orozco pudo entrar de lleno en las arenas políticas del país y hacer historia en todo el continente como la primera vicepresidenta de Norte y Centroamérica.

Como escritora hizo poemas en español y francés y escribió biografías de figuras como Billo Zeledón, María Teresa Obregón Zamora y sobre su abuelo François Garrón. También trabajó junto a la Benemérita Emma Gamboa para desarrollar la pedagogía en el país.

En 1986 fue elegida segunda vicepresidenta en la primera administración Arias Sánchez, la primera mujer en el país y en la región en tener ese cargo. Ella fue presidenta interina del país en al menos catorce ocasiones, convirtiéndose así en la primera mujer costarricense en estar a la cabeza del Ejecutivo.

Pueden ser más de diez. Durante la investigación de este artículo surgieron los nombres de ciudadanas que podrían ser beneméritas. Entre ellas están Zamorine Lucas Reid, enfermera obstetra pionera originaria de Limón; Cora Ferro Calabrese, fundadora del Instituto de Estudios de la Mujer; las ensayistas y escritoras Eunice Odio y Yolanda Oreamuno; las educadoras y sufragistas Victoria y Vitalia Madrigal Araya, Esther de Mézerville Ossaye; Edith Chaverri Chaverri, primera ingeniera agrónoma del país; Graciela Moreno, quien fuera directora del Teatro Nacional por 29 años. Propusimos diez, pero podrían ser muchas, muchas más.