Revista Dominical

Personajes 2021: Carlos Alvarado, el presidente de la conciencia tranquila

El mandatario, quien en seis meses partirá de Zapote, dice que su Gobierno le deja sensaciones positivas y es consciente de que su deuda pendiente tiene que ver con el desempleo. Se ríe con sus amigos de los memes que hacen de él y su anhelo es volver a ser anónimo

Carlos Alvarado Quesada responde todas las preguntas menos una. El presidente de Costa Rica, el número 48 y el más joven de la historia desde la fundación de la Segunda República, quien siempre tiene respuestas rápidas y amplias, es escueto ante una consulta que si bien tiene que ver con su vida personal, también con su labor como mandatario.

“Todos esos temas son datos sensibles”, dice.

Mucho antes de esta consulta, don Carlos había hablado de algunas actividades de esparcimiento que realiza para distraerse y proteger su salud mental, esto en tiempos de un gobierno que ha enfrentado una pandemia… y desempleo, huelgas, un allanamiento a Casa Presidencial por el caso UPAD, el poco avance en la aprobación de proyectos en la Asamblea Legislativa que pone en riesgo el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y variadas críticas a su gestión.

El gobernante se ve fresco y con una apariencia tranquila. Él, periodista de profesión, comunica con sus palabras y también con sus gestos, con su voz tranquila y pose relajada en la silla en la sala de credenciales de Casa Presidencial, donde recibió a un equipo de La Nación para esta entrevista.

El presidente que ha lidiado con una pandemia durante la mitad de su mandato se muestra ecuánime. No deja de destacar los logros de su gestión, que asegura va tachando en su plan de gobierno. Resalta el ingreso de Costa Rica a la OCDE y también las reformas que se han instaurado en los últimos tres años y medio.

Vive en calma. Tanto el presidente como el ser humano se sienten con la conciencia tranquila. Duermen en paz, con la serenidad que dice da el haber hecho “todo lo humanamente posible para proteger este país” .

***

Esta es la segunda vez que veo personalmente y converso con Carlos Andrés Alvarado Quesada, presidente de Costa Rica para el periodo 2018-2022. La primera fue en noviembre del 2018, cuando impensablemente Roger Waters, ideólogo de la legendaria banda Pink Floyd, se presentó en Costa Rica. En el concierto, los gestos y palabras del gobernante estaban cargados de euforia. De emoción.

En esta segunda oportunidad su apariencia es distendida. Antes de verle, se podría pensar que sus expresiones serían otras, considerando el embate del coronavirus o las variables de desempleo, impopularidad, y que trascendieran tres enmarañados casos de presunta corrupción en diferentes ámbitos de la administración pública.

Al momento de esta conversación es 1.° de diciembre del 2021. Han pasado tres años desde aquella vez en la que eufórico coreaba todas las piezas de Pink Floyd en el Estadio Nacional. Su mandato está a seis meses de concluir. En esta fecha, en la que se conmemora la abolición del ejército, el presidente, de 41 años, cuenta que ha tenido muy presente a doña Berta Induni Arquín, su abuelita, una mujer que le inculcó el amor por Costa Rica y le enseñó una parábola que ha marcado su mandato.

— El fan de Roger Waters sigue estando ahí…

— Ha pasado mucho. Varias huelgas, una pandemia, varias reformas estructurales. Creo que hemos cambiado cosas que se verán con el tiempo. Eso es bueno.

Mientras responde se ve inmutable, pensativo. De este 2021 celebra que Costa Rica es miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). La integración es antecedida por la labor de los gobiernos de Laura Chinchilla Miranda y Luis Guillermo Solís Rivera.

“Ahora nos comparamos con los mejores y estamos obligados, creo yo, a ser los mejores”, dice el presidente, quien juguetea con los dedos de las manos mientras conversa.

En la familia de Carlos Alvarado le llaman denarios al dinero. Esto por la parábola que repetía doña Berta Induni Arquín, en la que se explica cómo hicieron tres personas con las monedas romanas que se les entregaron. Una las gastó, otra las enterró y no sacó mayor provecho y la última las multiplicó.

“Veo a Costa Rica un poco en ese sentido. A nosotros nos dieron grandes regalos: la abolición del ejército, las garantías sociales, esto pensando también en el Bicentenario. La pregunta es cómo multiplicamos nosotros eso. Creo que una forma de multiplicar eso es con la entrada a la OCDE. Nosotros estamos obligados a aspirar a más (...). Otra forma de ser mejores es ser líderes mundiales en materia de cambio climático (...).

”Otro tema controversial pero que a mí me satisface mucho es la decisión que tomó la Caja y que impulsamos para prolongar la sostenibilidad de las pensiones hasta el 2050 por cerrar los potrillos de la pensión anticipada. Eso es cerrar el círculo de decir muchas cosas que se están cambian

do ahora no necesariamente se van a ver ahora (...). Eso genera satisfacción y le da sentido a todo esto. Si no fuera por esas cosas y estar aquí y experimentar lo que a veces se experimenta, no tendría ningún sentido”.

— Como soy muy consciente del tiempo le doy mucho seguimiento y de lo que se logra a través del tiempo. Yo tengo mi plan de gobierno y sé las cosas que he prometido (...). Estoy consciente del tiempo y no quiero que pase en vano.

”Esa canción me marcó mucho y me sigue marcando (...). Y si hay una cosa a la que le tengo miedo es ver atrás y sentir que se perdió el tiempo y que la vida se fue y que uno la dejó irse sin abrazar algo que fuera significativo”.

— Dichosamente sí hemos sabido hacia dónde ir. En marzo del 2020 cuando cayó la pandemia y cuando interioricé lo que significaba una vez que los técnicos en salud tenían un mayor entendimiento y como los miembros del equipo económico vislumbraba el impacto; yo sabía que mi gobierno iba a ser otro. Tenía una idea de un gobierno que hacía muchas de las reformas de fondo para poder dar un golpe y despegar. La pandemia nos dio un golpe pero para abajo.

”Mi gobierno iba a ser otro. No iba a tener ese despegue de salida sino que iba a tener que concentrarse en salvar vidas de personas y la economía. Ahí hubo un cambio conceptual de lo que iba a ser la administración pero irónicamente no un cambio de rumbo. No por eso dejamos lo fundamental de ser responsables con nuestro Estado. Proteger la vida de la gente y de seguir haciendo las reformas. Que cayera la pandemia no nos detuvo en hacer reformas sustantivas. Este gobierno ha tenido la vocación de ser reformistas. Muchas de las reformas no se ven inmediatamente. Pero no renunciamos a nuestra vocación reformista”.

El cabello de Carlos Alvarado es negro y abundante, aunque ya aparecen algunas canas que muestra inclinando su cabeza.

— No. Yo he sido muy fiel al camino que trazamos en el 2018. Peleamos porque hubiera matrimonio igualitario y hoy lo hay. Peleamos para que hubiera anticoncepción de emergencia para las mujeres y hoy lo hay. Peleamos para que hubiera una norma técnica que garantizara la salud de las mujeres en caso de emergencia y lo hay. Dijimos que tenemos que entrar a la OCDE y aunque faltaban 14 leyes se lograron aprobar y somos miembros (...).

— No. Sí ha sido muy duro y ha habido mucho estrés y yo lo he sentido literalmente en el cuerpo y creo que también se me ve en el cuerpo el estrés asociado. Se me ve. Yo veo la diferencia de hace cuatro años a ahora.

— Bien. Me siento bien. Me siento satisfecho porque se han hecho muchas cosas. Sé que para muchos no soy un billete de ₡10.000 pero ese no era el objetivo de estar aquí. Yo me siento bien y a este punto en el que todavía hay cosas importantes que aún pueden pasar también me siento tranquilo porque sé que muchas ya no dependen de mí. Entonces mi conciencia está muy tranquila. Voy a empujar todo.

— Sí.

Carlos Alvarado mandó a ajustar sus trajes. Los sacos y pantalones que le acompañan a diario. Ha experimentado cambios físicos durante su gobierno y entre risas dice que son evidentes. No se culpa. Sus horarios son difíciles, dice. También ha habido estrés y ansiedad.

Para cuidar su salud mental y distraerse en tiempos en los que las personas en el mundo han sufrido incertidumbre y ansiedad, o incluso se han sentido quemadas (por el estrés laboral), él tiene cuatro actividades que le han hecho bien.

La primera es jugar videojuegos con su único hijo: Gabriel Alvarado Dobles, de ocho años. El niño, un usuario del Nintendo Switch, siempre aconseja a su papá sobre los jugadores que debe fichar.

Alvarado, también, tiene un entrenador personal, a quien ve como un amigo y con él conversa de temas que nada tienen que ver con su rutina presidencial.

”Tengo amistad con mi entrenador. Entonces es algo que me gusta. Ya no solo lo veo como hacer el ejercicio sino de compartir con alguien que no me habla de cosas que tienen que ver con mi día a día. Me trata no como el presidente sino como la persona que está entrenando para que salga adelante. Eso me hace bien”.

El presidente retomó la música. Últimamente toca junto a su cuñado y un amigo. Las series de las distintas plataformas le distraen. Recientemente vio El juego del calamar. Por último, don Carlos utiliza una aplicación en su celular en la que compone canciones. Está fascinado. Al finalizar la conversación se permitió un par de minutos para mostrar sus creaciones en el Garageband. El ministro de Comunicación, Agustín Castro, le decía que debían irse para continuar con la agenda del día.

Carlos Alvarado comenta que en lo público es presidente, pero que siempre tiene tiempo para ser esa persona que disfruta de compartir con sus amigos, de quienes se distanció en tiempos de pandemia. Para él lo mejor era hacer caso a las indicaciones de expertos como el ministro de Salud, Daniel Salas. Hubo ocasiones en las que nuevas olas de contagio le impidieron reunirse con las personas que tanto aprecia.

Muchas veces los memes que protagoniza el presidente le llegan por WhatsApp, los envían sus amigos y juntos se ríen. Alvarado no presta mucha atención a la crítica (a la que llama “insulsa y sin fundamento”). Le hace gracia.

Durante este encuentro usa un traje azul marino, medias a juego, una camisa celeste que dependiendo de su posición luce más ajustada. Sus zapatos negros no están demasiado lustrados. En todo momento el presidente se ve apacible.

En tiempos en los que se esperaría que nadie opine sobre el cuerpo de otra persona, a Carlos Alvarado le han atacado por su físico y en julio pasado en las redes sociales circuló un video en el que alguien lo grabó mientras comía en Nicoya. Parte de las críticas señalaban que “él comía mientras costarricenses pasan necesidades”.

”(...)Tampoco era que estaba en un lugar de lujo. Estaba en una soda. Un ceviche y una soda michelada me comí. Estaba con Claudia”.

— Eso ha pasado bastante. Eso es parte de esto.

— Creo que en lo humano a todos nos duele, pero en lo político no importa, en lo político son los hechos objetivos. A la persona obviamente eso no es algo que a nadie le guste. Cuando esas cosas pasan no pienso tanto en mí. Pienso más en la gente que me quiere, porque la gente que lo quiere a uno sufre cuando ve esas cosas. Pero es el costo de poder hacer lo otro.

”Para mí de los ejemplos más claros es de cuando uno está peleando para lograr solvencia del Estado que a la larga termina pagando muchas veces los salarios de la gente que está en contra de uno (risas). Esa es una de las grandes ironías de todo esto. Y no solo ahí. En varios campos”.

Para el presidente este 2021 ha sido un año bastante particular, empezando porque aún continuamos conviviendo con la covid-19. A inicios de noviembre participó con la realeza británica, importantes líderes mundiales e incluso figuras de Hollywood en la cumbre del clima COP26. Cuenta que todo estuvo muy bien. Medios costarricenses dieron cobertura a un tema que es de interés para el mundo y en el que Costa Rica tiene atestados favorecedores.

En redes sociales también se habló del tema, pero en varias ocasiones relacionado con algunas imágenes del presidente en las actividades. Volvió a ser meme.

“Mis amigos me los pasaron. Me hizo mucha gracia el de Camilla (Parker). Qué vergüenza”, confiesa. La imagen que menciona es una en la que él pasa cerca de Camilla Parker, duquesa de Cornwall y esposa del príncipe Carlos de Gales. Sobre esta foto y otras, usuarios de las redes sociales hacían mofa diciendo que el presidente costarricense “no hallaba qué hacer” en medio de figuras tan relevantes.

Sobre lo ocurrido, Alvarado no sabe de dónde saldrían las imágenes, pues fueron tomadas en una recepción privada en la que no había prensa. Menciona que sus interacciones fueron principalmente para honrar a Costa Rica. Reconoce que ver las fotos le hizo gracia.

”Solo entrabamos los jefes de Estado. Nos montaban en un bus, nos llevaban y luego nos traían. De hecho la única foto oficial es una donde nos ponían formados. No había fotografía oficial. Yo no soy tampoco de andar figurando, pero es curioso porque uno que es comunicador sabe que las cosas se ven desde el ángulo en el que uno las quiera editar. Y yo creo que… ve, eso sí es más duro: lo más duro es para mí es saber lo muy admirado que es Costa Rica fuera de Costa Rica por todo lo que hace y lo tan criticado que es Costa Rica dentro de Costa Rica”.

El presidente sabe que el reconocimiento no es para él, sino para el país que tan bien posicionado está en el mundo por la protección ambiental. A mediados de octubre, Costa Rica recibió el premio Earthshot, un galardón mundial que reconoce esfuerzos por la preservación del ambiente.

”En un momento estamos allá recibiendo premios de lo que hacemos como país. No quiero hablar ni de mí. Estamos empujando globalmente los acuerdos. Lo que dice Costa Rica no es (lo que dice) un paísito. Costa Rica tiene mucho peso relativo porque tiene una historia de consistencia. Hemos sido muy consistentes. Además que como Costa Rica ha logrado cosas que otros dicen que son imposibles nuestra voz tiene mucho peso. Y cuando ejercemos esa voz funciona.

”Y esa dualidad de que afuera sea tan reconocida y diay yo lo experimento. Guste o no, quiérase o no, yo soy el jefe de Estado. Cuando estoy afuera yo represento a Costa Rica y yo recibo ese cariño de los otros países, incluso esa admiración. No me confundo en pensar que es para Carlos Alvarado, sé que es para Costa Rica, pero la recibo. Y simultáneamente yo estoy allá viendo eso y estoy viendo lo que pasa acá y veo lo otro. Vieras que conciliar esa realidad sí es un poquito complejo”.

Este año, Alvarado Quesada oficializó la renuncia a su pensión como exmandatario. Insiste en que es la decisión que considera correcta.

”Además porque no quiero que durante 20 años me persigan estos necios diciendo que yo no necesito eso. Además que yo confío en mí. Como cualquier costarricense que confía en sí mismo para salir adelante desde los 40 hasta que se pensione”, afirma.

Carlos Alvarado no solamente responde sobre el año que termina, en el que nuevamente es parte del especial de Personajes Noticiosos de la Revista Dominical. También habla de la gestión de los últimos tres años y medio. En seis meses terminará su mandato.

Reconoce que el tema del desempleo es su deuda pendiente con Costa Rica.

”El tema del desempleo es un tema difícil para el país. Se ha visto agravado por la pandemia. Eso no se puede negar. Hemos hecho nuestro mejor esfuerzo. Dichosamente ha ido reduciéndose el desempleo a pesar de la pandemia (por segundo trimestre consecutivo el porcentaje se ha reducido, sin embargo, actualmente las cifras se mantienen en un 16,4%: 402.000 personas están desempleadas), creo que es algo que tenemos que seguir.

”Uno no escoge el tiempo que le toca gobernar pero le toca decidir lo que hace. En el mundo ideal yo hubiese procurado ser un presidente que exaltaba más las artes, me hubiera encantado hacer grandes ferias del libro, grandes conciertos…”.

— Por temas presupuestarios y de la pandemia. Entonces uno no decide esos contextos y sí decide que es lo mejor que puede hacer con el tiempo que le toca vivir. Y por eso estoy tranquilo. Yo duermo muy tranquilo porque estoy seguro de que se ha hecho todo lo humanamente posible para proteger este país. (...) Como que yo me vaya a acostar con algún remordimiento o con el sentimiento de crimen y castigo de Dostoyevski en la noche, no. Yo estoy muy tranquilo.

Carlos Alvarado gobierna en el periodo en el que Costa Rica celebró los 200 años de su independencia. Siempre habló del gobierno del Bicentenario, uno del que destaca todo lo logrado, en el que hizo frente a una pandemia y en el que Casa Presidencial fue allanada por primera vez.

“Una cosa es el tema de allanar. Yo en eso me siento muy tranquilo. Diay, vinieron, se llevaron mis teléfonos y qué. ¿Cuánta plata nos robamos?, nada. ¿Espiamos a costarricenses?, no. ¿Qué fue entonces ese gran espectáculo, cuál fue el gran daño, la gran lesión que le hicimos a Costa Rica o a los costarricenses?

”No les robamos plata, no robamos datos. ¿Qué fue entonces?. Aquí vinieron y se llevaron todo lo que quisieron. Cayeron los casos de Cochinilla, Diamante (...) y quién de la administración… en (cuál) escucha telefónica se dice que este ministro, el presidente o este asesor recibió una dádiva. ¿Alguien puede decir? O este jerarca del ejecutivo actuó coordinado con el narcotráfico o un lavador. Alguien ha podido decir algo de eso. Puede que eventualmente alguien diga y yo no descarto, no voy a meter la mano al fuego por todos, pero, ¿ alguien a esta fecha puede decirlo?

”O de Carlos Alvarado. No. Yo entiendo que a uno le digan corrupto y ladrón, porque a toda la clase política se le dice, pero yo con eso me siento muy tranquilo. (Risas). Fíjese que más bien a nosotros como familia nos ha costado más la presidencia. La primera dama no tiene salario. Antes ella trabajaba. Ahora Claudia trabaja, literalmente se parte el alma y no tiene ingresos”.

Sobre las sensaciones del Gobierno del Bicentenario, recalca que son positivas y que “lo bueno cuesta. Lo bueno no es regalado”.

(El 24 de noviembre Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) divulgó una encuesta que arrojó que 72 de cada 100 costarricenses califican como mala o muy mala la gestión de Alvarado).

No sé, debe ser porque no he necesitado de la popularidad para lo que me he trazado hacer. Yo no sé por qué la gente está tan afanada con esos temas de la popularidad. (...).

”Incluso cuando fue el momento más popular que fue en los puntos de la pandemia que superamos más del 60%, qué importa tampoco. Había que hacer el trabajo de cuidar a la gente. Eso que estábamos haciendo en ese momento que nos hizo tan populares, es lo que meses después, por la fatiga de la gente, nos hizo impopulares. ¿Igual lo dejamos de hacer? No”.

El presidente siempre se mantiene en su investidura y ante la pregunta de si le importa caerle bien a las personas, asegura que no. Pero afirma que a Carlos Alvarado, la persona, sí.

— Sí, todos tenemos nuestro corazoncito. Pero aquí no estoy como Carlos Andrés.

¿Qué ha sido lo mejor del Gobierno de Carlos Alvarado? Posiblemente al leer la respuesta, muchos y muchas costarricenses opinen distinto. Sin embargo, él sostiene que lo mejor ha sido “evitar la crisis” y darle proyección a futuro al Estado Social de Derecho.

“La crisis que no pasó nadie la experimentó. Estuvimos así (une el dedo índice con el pulgar) de que tuviéramos una crisis más severa que la de los 80 y no pasó”.

“Ah no. Comparado con eso, no. Jamás. (Puede haber) Devaluación, desempleo del más del 40%. Pobreza más del 40% (en octubre trascendió que el nivel de pobreza en Costa Rica llegó a un 23%, el equivalente 383.500 hogares en esta condición). A eso estábamos de cara. Pero no pasó. Estuvimos a punto.

”Lo otro es el tema del estado social de derecho porque logramos evitar eso sin desmantelar las instituciones fundamentales de nuestra sociedad. No vendimos nada ni privatizamos nada. Hemos luchado para hacerlo más eficiente. Hemos logrado cortar los aumentos abusivos por ejemplo de salarios. Hemos puesto a pagar impuestos al sector privado que en ciertas áreas no pagaba. Para defender una idea solidaria de estado. Y eso nos da presente y futuro. Eso es lo más importante”, recalca.

¿En lo político o en lo personal? Creo que en lo político sí vivimos un deterioro en la democracia y en sus instituciones. Creo que tal vez antes era más optimista. Ahora no lo soy tanto. Creo que tenemos un deterioro en nuestras instituciones. Hay un deterioro fuerte en los partidos políticos (...).

En lo personal es más el tema de que yo siempre he sido una persona muy anónima. No soy alguien que tenga una propensión a figurar. Estoy anhelando mucho más bien ser anónimo otra vez en alguna parte. Esa es tal vez la principal pérdida que he tenido.

—Por lo menos ahora que yo diga un fracaso… si no logramos avanzar con el tema de la alfabetización digital será un fracaso severo para el país. Y no un fracaso de cuatro años, sino de 12 años (...).

— No sé, visitar más a mis papás.

— Es difícil autoevaluarse a este punto. Tal vez después. Lo que sí sé es que tiene una curva de crecimiento muy rápida. Hoy, aunque fue hace poco, tengo mucha más experiencia. Más entendimiento del que tenía.

Carlos Alvarado no sabe a qué se dedicará cuando termine su mandato. Sobre si volvería a aspirar a la silla presidencial, es enfático en que no sabe qué será de él en ocho años. Acerca de los planes que tiene para cuando concluya su labor de gobernante, dice que no tiene nada en concreto.

“Creo que sería muy saludable hacer otra cosa alejada de esto. Por lo menos espero no estar en la esfera pública por una buena temporada”, afirma.

De este proceso, celebra que su hijo Gabriel no haya vivido una etapa dolorosa. En su niñez el pequeño tiene otros intereses y la hostilidad alrededor de la gestión de su padre no le ha alcanzado.

“De lo mejor que nos ha pasado es que para él este proceso no ha sido doloroso. Yo que he hablado con otros presidentes y primeras damas o expresidentes, cuando se tiene hijos adolescentes o jóvenes que entienden toda la dinámica se vuelve muy duro porque hay un gran maltrato. Obviamente, otra vez, la gente que lo quiere a uno sufre. La ventaja con Gabriel es que ha sido muy pequeñito. Ahora, hasta sus 8 años, dimensiona un poco qué significa. Dichosamente ya vamos a terminar”.

Alvarado, quien a lo largo de la conversación cita frases de deportistas y escritores, cuenta que durante su mandato pocas veces se ha dormido estresado.

“Como dos o tres veces me pasó. Pero no, no, no. Hay una frase del ajedrecista Savielly Tartakower que dice que ‘la táctica consiste en saber qué hacer cuando hay algo que hacer. La estrategia, en saber qué hacer cuando no hay nada que hacer’. Nosotros dichosamente sabíamos y sabemos que teníamos que hacer y fuimos claros en decirlo. Lo que nos tocó fue ejecutarlo. Pudimos llegar hasta cierto punto, muchas cosas hacerlas y otras no por las cosas normales de la administración. Eso me da mucha tranquilidad. No me pasó como en la canción de Pink Floyd que estaba uno (Waiting for someone or something) to show you to way. No”.

Fernanda Matarrita Chaves

Fernanda Matarrita Chaves

Periodista y Licenciada en Comunicación de Mercadeo de la Universidad Latina de Costa Rica. “Redactora del año” de La Nación en el 2021. Ganó el premio nacional al mejor contenido divulgado sobre Niñez y Adolescencia 2021, otorgado por el Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia y organizado por UNICEF, el PANI y Punto y Aparte

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