Revista Dominical

Los tres ticos de los 200 años, según el Presidente

En entrevista, Carlos Alvarado reflexionó sobre el Bicentenario, la fiesta patria que le correspondió conducir en el más inusitado contexto.

En el 2018, cuando asumió como el presidente 48° de Costa Rica, Carlos Alvarado Quesada sabía que por delante le esperaban meses complicados. Aún así, en sus planes estaba un setiembre del 2021 colmado de aires festivos, música de bandas y desfiles estudiantiles, todo en el marco de los 200 años de la Independencia.

Sin embargo, este mes dista, por mucho, de lo que el gobernante, y todos los demás ticos, imaginábamos.

El Bicentenario llega en tristes circunstancias, con un país maltratado tanto por una pandemia que no afloja así como por una compleja y desalentadora situación económica.

Los riesgos de contagio de covid-19 archivaron hace mucho cualquier plan festivo y el 15 de setiembre del 2021, que se suponía debía destacarse por encima de las tradicionales celebraciones patrias, al final no tendrá rasgos visibles que le diferencien de cualquier otro día.

Sin embargo, para el mandatario la conmemoración no puede ni debe pasar inadvertida.

Explica que aún en medio de la complicada situación causada por la pandemia no podemos permitirnos el obviar la importancia de alcanzar 200 años de existencia como país.

En una encapotada tarde de inicios de setiembre, Carlos Alvarado, con 41 años, nos atiende en Casa Presidencial.

A la vista de un cuadro del maestro Rafa Fernández, se muestra de buen ánimo, aún cuando cualquier podría entender si le faltaran las sonrisas: su Gobierno del Bicentenario será recordado no por la grandiosa fiesta patria que todos preveíamos, sino más bien por las constantes, extraordinarias y hasta inauditas crisis que debió sortear.

— Cuando usted asume en el 2018 y se empieza a hablar del Gobierno del Bicentenario, el concepto era muy distinto a lo que estamos viendo en el 2021. ¿Qué era lo que visionaba en aquel momento?

— Cuando llegamos al gobierno, en efecto sabíamos que nos correspondía ser el Gobierno del Bicentenario. Lo veíamos como parte de una celebración. En aquel momento veíamos al 2021 con festivales, desfiles, conciertos, con mucha actividad. No sabíamos lo que venía.

También proyectábamos llegar al 2021 resolviendo cosas complejas, con estabilidad en nuestro estado social de derecho, y creo que se cumplió en una parte, lo que no era previsible era la pandemia.

Pero, aún así, creo que más allá de lo que uno imagina, pues uno propone y Dios dispone, la validez de los 200 años de Costa Rica trasciende por mucho lo que nos haga vivir una pandemia.

Cuando nos detenemos a pensar los hitos de los 200 años de nuestro país nos da muchas satisfacciones, mucha reflexión de qué debemos hacer en lo que viene. Esa parte de fondo, no la festiva, se conserva y es la que debemos conmemorar.

¿Todavía se conserva algo del ser costarricense de 1821 en lo que somos hoy?

— Creo que sí conservamos elementos de hace 200 años. En la genealogía, muchos de los costarricenses estamos emparentados, no somos un país que se desarrollara bajo un sistema de castas o de grandes separaciones sociales por ser una provincia muy pobre de la colonia.

Por eso los costarricenses, mayoritariamente, compartimos antepasados que vienen desde personas indígenas, personas mulatas, españoles de la nobleza, pero muy baja.

Esas condiciones de hace 200 años que hacían del primer jefe de Estado, Juan Mora Fernández, un educador, un ciudadano más, son cosas que conservamos para bien.

La forma de ver las relaciones entre nosotros, desde la igualdad, los igualiticos y a veces los igualados viene desde esa época.

Y de esos rasgos de los ancestros de hace 200 años, ¿qué aspectos hemos superado?

— Hemos superado el analfabetismo, hemos superado muchas enfermedades. Hay que recordar que hace 80 años la esperanza de vida en Costa Rica no llegaba a los 50 años. Eso no es hace tanto.

Creo también que hemos construido muchas cosas, y no necesariamente materiales. El costarricense critica, tiene libertad de expresarse, pero también cree en las instituciones, eso es valioso. Costa Rica cree en la democracia, sabe que es imperfecta, pero cree en la democracia y la respalda.

La gente cree en la paz, tenemos problemas, tenemos violencia, pero la gente cree en la paz. Cree en la importancia del ambiente, la sostenibilidad. Son bienes intangibles, valores que ya están en nuestro ADN, como creer en la dignidad de las personas, en los derechos humanos, que cada persona vale y que no hay unos que valen más que otros.

Si hay algo que tiene Costa Rica es que independientemente de nuestra edad, si tenemos más o menos plata, si somos hombres o mujeres, si venimos de un rincón u otro, sabemos que todos valemos lo mismo y eso puede sonar muy básico, porque lo es, pero no necesariamente es así en otras partes. Y son cosas que hay que cuidar, pues pueden perderse.

En 1921, para la celebración del primer siglo de la Independencia, el país no vivía una situación feliz. Se estaba lidiando con una pandemia, saliendo de una dictadura terrible y el mundo estaba convulso, recuperándose de un conflicto planetario. Revisando la historia, ¿qué lecciones nos quedan del país que éramos?

― En efecto, Costa Rica estaba saliendo de la dictadura de los hermanos Tinoco, recibiendo los impactos de lo que se conoció como la fiebre española y el resabio de la Primera Guerra Mundial. La situación era complicada.

Ahora, si uno ve en retrospectiva toda esa época, fue un proceso de preparación, el cierre de la última etapa del estado liberal, previo al gran salto cualitativo de los años 40.

Yo creo que la enseñanza es que es posible estar mejor siempre, pero hay que tomar decisiones, ser valientes y eso perdura. Hoy nos beneficiamos de lo que se hizo en la década de 1940, pero no dudo que mucho de ese proceso se cimentó cuando éramos una nación de 100 años.

En estos dos siglos el país ha visto muchas figuras muy destacadas. Si le piden resaltar a tres costarricenses de estos 200 años, ¿quiénes serían?

Primero, sería al presidente Juanito Mora, pues lo que hizo fue excepcional. En el año 1856, cuando aquí ya se había abolido la esclavitud, pero esta aún existía en Estados Unidos, él vio el peligro de la invasión filibustera.

No sé si todos los costarricenses tenemos claro que ahí se peleó no solo por nuestra independencia, sino contra la esclavitud. El proyecto de Walker era anexionar Centroamérica como un estado más del sur de Estados Unidos, un estado esclavizado y Juanito Mora fue a pelear contra eso y llevó la lucha al norte, hasta Nicaragua.

Nosotros lo conocemos como historia pero si lo vemos con atención, fue increíble lo que se hizo ahí. Si bien tuvimos la independencia en 1821, ahí fue cuando la defendimos.

Lincoln después logró abolir la esclavitud en Estados Unidos, cambiando la historia del mundo, pero esa batalla se libró primero en suelo costarricense y centroamericano; eso me parece excepcional. Si esa expedición hubiese triunfado no estaríamos hablando así, o al menos no en español, o tal vez no libremente. Por eso Juanito Mora tiene un aporte sustantivo.

Siempre las listas son injustas, pero yo mencionaría a otros dos costarricenses que fueron centrales para lo que hoy somos, una dupla indisoluble, que es el doctor Rafael Ángel Calderón Guardia y José Figueres Ferrer.

Es la obra monumental, fue el último gran salto del desarrollo humano que hoy nos está llamando y retando.

Hoy gozamos de una alta expectativa de vida, educación superior, garantías laborales por lo que se hizo en ese momento y pensar que en medio de una guerra mundial, en Centroamérica un presidente lograra un acuerdo con el partido comunista y la Iglesia, que en el mundo eran actores que no tenían una forma de comulgar, pero que en Costa Rica se pusieran de acuerdo, es simplemente excepcional y lo seguimos disfrutando al día de hoy.

Y que luego de eso viniera un conflicto entre hermanos que trae al poder a José Figueres y que contra todo pronóstico de lo que hace la política normal, que es borrar la huella de los antagonistas, él conserva eso y lo hace más grande y va más allá y proclama la abolición del ejército, es un hecho excepcional.

Nosotros quizás no lo pensamos todos los días o lo vemos como algo anecdótico cuando un extranjero lo menciona, pero no tenemos fuerzas armadas y por eso no ha habido un poder que dé golpes de estado o que, como en otros países, sea el que tiene vínculos con el narcotráfico y similares.

Mucha gente dice que un país sin ejército no puede existir y aquí estamos.

Esos dos hombres hicieron cosas excepcionales y es irónico que hayan sido rivales, antagonistas, pero la Costa Rica de hoy no se entiende sin la obra de uno o el otro.

Y creo que tanto de Juanito Mora como de esa generación de los años 40, la pregunta a nosotros es: ¿cuál es el siguiente gran paso?

Costa Rica tiene que demostrarse eso, no tener miedo a tomar decisiones.

Estamos en un cierto punto medio de confort, en el que no estamos tan mal como otros, pero no estamos tan bien como podríamos estar. Entonces estamos en un área de confort intermedia que hay que romper, porque seguir allí nos tiende a empujar más hacia abajo que hacia arriba, y eso afecta el bienestar de la gente.

Dar el esfuerzo para mejorar la calidad de vida pasa por poner la casa en orden, por ser responsables, decir la verdad a la gente aunque sea dolorosa y eso nos ha costado como país, romper la zona de confort, pedir el máximo esfuerzo, pero yo sigo confiando, esperanzado en que esa ruta es posible y es la que llevamos.

En medio de las dificultades somos un país que ingresó a la OCDE, por mencionar un hito. Entonces ese es el reto que nos lanzan esas generaciones.

― ¿Cómo conciliar el merecido festejo de algo como el Bicentenario con un país que está con el ánimo caído, tanto por la pandemia como por la situación económica? ¿Tenemos derecho a celebrar en esas circunstancias?

— Sí, porque estamos celebrando no solo lo actual sino 200 años, y han pasado cosas muy buenas en estos 200 años.

También son un recuerdo de que nos hemos sobrepuesto y salido adelante en los momentos difíciles, es un reto porque no hay caminos fáciles.

Los países que admiro por sus grandes saltos en calidad de vida, desarrollo humano, cultura y arte son países que han atravesado en algún momento crisis muy fuertes: Alemania pasó dos guerras, estuvo partida a la mitad y hoy es la economía más fuerte de Europa, eso pasa con esfuerzo.

Hubo un tiempo en que Costa Rica era un país más rico y moderno que Corea, y Corea después de las dificultades y la guerra se ha convertido en uno de los países más innovadores del mundo.

Nosotros en algún punto estuvimos en el mismo lugar que ellos. No estoy diciendo que necesitamos una crisis, y ya tenemos muchos problemas, pero hay capacidad de salir adelante, pero requiere espíritu, coraje, fuerza, determinación, visión, tomar las decisiones difíciles.

Nadie ha tomado una decisión fácil para hacer que un pueblo progrese.

En Costa Rica nos la hemos dado de que somos muy ‘cargas’ pero, ¿nos la hemos creído en realidad o todavía hay algo que está haciendo falta?

— Yo creo que sí nos la creemos, pero nos hace falta trabajar más, entrenar más, ser más disciplinados, ser más honestos con nosotros mismos.

Yo siempre he visto a Costa Rica como este muchacho joven, talentoso, que sabe que es bueno, pero no todos los días necesariamente entrena, o aquel estudiante que sabe que no le cuesta, pero que se conforma con pasar con un 8. A veces nos pasa eso. Cuando ya llegamos al mínimo aceptable podemos decir ‘está bien’.

Yo creo que nos falta brincar un poco más a la excelencia, porque la excelencia no es vanidad, arrogancia o petulancia, la excelencia de un país es el desarrollo y bienestar de su gente.

Que el país sea exitoso no es un fin en sí mismo sino es para darle lo mejor a su gente, mejor educación, mejor salud, la oportunidad de que cada quien sea libre y prospere como mejor lo considere.

Pero esas condiciones las necesitamos crear, hemos creado muchas en los últimos 200 años, pero podemos ir más allá, nuestros antepasados lo demuestran.

Vuelvo a los tres ejemplos: imagínese usted que un señor en 1856, a sus treinta y tantos años, se pare en medio de San José a dar una proclama que diga ‘los alerto porque pueda que haya una guerra’ y luego diga ‘vámonos’.

Lo más fácil era decir eso no es con nosotros, si William Walker es presidente de Nicaragua no es nuestro problema. O decir ‘es que es muy caro y no hay otro país que tenga un sistema solidario de salud, es un quimera’, ‘¿por que para todos?’, y ojo que hay muchos países donde es así, pero hubo alguien que dijo, ‘no, se hace así’ y tuvo resistencia, o alguien que dijo ‘no necesitamos ejército’, muchos se deben haber reído, otros tuvieron miedo pero se hizo y hoy vivimos de esas decisiones. ‘¿Para qué va a hacer un parque nacional?. Eso es quitarle pasto al ganado’, ‘¿Para qué va a hacer represas para producir electricidad si podemos importar el carbón o el petróleo?’. Lo que decidimos hoy impacta al futuro.

Usted en noviembre en otra entrevista me decía que en el 2020, en medio de tantas dificultades, solo nos faltó que saliera Godzilla, pero en los meses siguientes han pasado otras situaciones nivel Godzilla. Siempre hay expectativa de que el presidente tenga buena cara ante las dificultades, que sea el primero en echar para adelante. ¿Es así de fácil?

— Siento una gran paz con lo que estamos haciendo. Cuando uno actúa pensando en el bienestar de la gente, aún cuando a muchos no les guste; cuando uno tiene la convicción de que es lo mejor, sea sobre vacunas, finanzas públicas... cuando uno se examina a uno mismo, es honesto con uno mismo, se dice que esto es lo mejor que puedo dar, eso produce mucha paz. Hemos actuado por convicción. Siento mucha tranquilidad.

Algo que me pasa a mí es que en el ciclo ante algo inesperado de negación-rechazo-aceptación-cambio, mi período de negación y rechazo es muy corto, no hay tiempo. Hay que aceptar las cosas como son, abordarlas de un modo realista.

Como decía mi abuelita, Dios sabe porqué hace las cosas, esto tiene algún propósito.

Sé que en estos años han pasado cosas extremas, extraordinarias, pero uno de mis objetivos se ha cumplido: yo veía a Costa Rica muy cerca del barranco y ya no la veo desbarrancarse, le hemos ganado margen en muchos campos. Con eso me siento satisfecho.

En años o décadas, cuando se hable del Gobierno del Bicentenario, ¿cómo espera que se recuerde este período?

— Creo que tendrá una asociación con la pandemia, aunque es difícil saberlo. Algunos dicen que vendrán otras pandemias, otros que tendremos que acostumbrarnos no a erradicar el covid-19 sino a vivir con él, aunque ojalá que sí desaparezca.

Costa Rica, gracias a los profesionales, a las instituciones que tiene, se ha cuidado muy bien en la pandemia. Lamentablemente hemos perdido gente, pero también hemos salvado muchas vidas.

Solo pensemos que ahora con la variante delta, si no hubiésemos tenido la cantidad de vacunas que tenemos probablemente hubiera muerto mucha más gente. Entonces creo que se verá en retrospectiva que esto se hizo bien.

Los gobiernos son como zanjas. Cuando pasa el tiempo uno ve el surco y qué salió de aquello. Habrá que ver qué sale de esto.

Víctor Fernández G.

Víctor Fernández G.

Jefe de información de Entretenimiento. Ingresó al Grupo Nación como periodista de espectáculos al diario Al Día en 1999 y luego pasó a La Nación y al periódico juvenil Vuelta en U, del cual fue su director. Graduado de la Universidad de Costa Rica.