Revista Dominical

Obituario 2020: Jorge Pacheco, el sacerdote que enseñaba y hacía reír al clero

Solo quería complacer a Dios y abrazarse un día con Santo Tomás de Aquino. Así era el padre tico que la covid-19 venció en agosto y quien dejó un envidiable legado intelectual, graciosas anécdotas y un vacío enorme entre sus más cercanos amigos.

Cuando el padre Jorge Pacheco partió de este mundo, una caricatura que circuló por Internet conmovió hasta las lágrimas a quienes lo conocieron.

La simpática imagen mostraba al padre Pacheco en su cielo anhelado, saludando confianzuda y relajadamente a un santo muy querido para él: Tomás de Aquino.

“-¿Y vos qué, Tomasito?”- le pregunta el padre al mentado santo, mientras los dos se abrazan entre delicadas y gloriosas nubes blancas.

Personalmente nunca conocí al padre Jorge, pero por el testimonio de sus amigos, compañeros sacerdotes y decenas de hijos espirituales, la caricatura es todo un ícono de su vida.

“El padre siempre decía que, si llegaba al cielo, lo primero que quería hacer era ir a saludar a Santo Tomás. Lo del -¿y vos qué?-, es simple, es que el padre siempre saludaba así, era su sello personal”, recordó entre risas el predicador Marlon Alvarado, uno de sus más entrañables amigos.

El deseo de compartir una plática con Santo Tomás de Aquino tiene una explicación lógica. El padre Jorge era discípulo de este Doctor de la Iglesia y había estudiado al dedillo su famosa Suma teológica.

La caricatura, por supuesto, no podía estar completa sin el libro de la Suma, que el padre Jorge de la caricatura carga con cariño entre sus regordetes brazos.

Lo lloran sus padres, lo llora la Iglesia

El padre Jorge Pacheco Romero nació el 24 de octubre de 1967, en Tres Ríos. Se ordenó como presbítero a los 24 años de edad, el 7 de diciembre de 1991 en la Arquidiócesis de San José.

Por su parte, la muerte lo encontró el 30 de agosto del 2020, a sus 52 años, en una cama de cuidados intensivos: luego de varios días de luchar por su vida, falleció víctima de complicaciones relacionadas con la covid-19.

A la misa de sus exequias acudieron sus padres, Jorge Antonio Pacheco y Juanita Romero, quienes lamentaron despedir para siempre al único hijo que les quedaba con vida. Años antes, el padre Jorge en persona había celebrado los funerales de sus otros dos hermanos.

“Es muy duro porque era el único que nos quedaba. Era muy fuerte mi hijo. Figúrese que cuando fallecieron sus hermanos, él ya era sacerdote y fue quien ofició sus misas. Yo le pregunté si podía y me decía que sí, ‘papi, yo puedo’. ¿Dígame si no era fuerte?”, relató el progenitor hace unas varias semanas a La Nación.

Les comparto estas fotografías y videos del Funeral del querido Padre Jorge Pacheco Romero hoy 31 de agosto de 2020 en la Parroquia de Tres Ríos.

Posted by Erick Fernando Quesada Delgado on Monday, August 31, 2020

Pero así como sus padres lloraron su partida, así también la lloró la Iglesia. El padre Jorge era uno de los sacerdotes más cultos de la arquidiócesis y sobresalía en el clero por su facilidad argumentativa.

Su fama de estudioso y lector empedernido se agigantó con los años. El padre sabía de todo y tenía explicaciones para todo. No era para menos: el presbítero se licenció en Teología Moral en Italia y se graduó con honores de la Universidad Gregoriana de Roma.

En vida fue conferencista y expositor en medios de prensa. Además, varias generaciones del Seminario Central y de la Escuela de Ciencias Teológicas de la Universidad Católica lo recuerdan como uno de sus formadores más queridos.

“Cuando el padre exponía todos callaban. Era como si todos le hicieran ronda, como chiquitos, todos se sentaban a escucharlo”, recordó Álvaro Fuentes, un feligrés quien lo conoció en la Trinidad de Moravia, cuando fue párroco en ese lugar.

Otras de sus facultades era su don de escucha. Cuando debatía de temas polémicos como el aborto, la eutanasia y el matrimonio de personas del mismo sexo, no solía entrar en discusiones agrias ni tampoco se exasperaba.

“Decía sus frases con firmeza, pero de una manera en la que no hería a nadie”, recordó Fuentes.

Incluso, dicen sus allegados, tenía muchísimos amigos no creyentes. Con ellos se sentaba horas a conversar, aún cuando sus pensamientos fueran dramáticamente distintos.

Al momento de su muerte, el sacerdote prestaba sus servicios apostólicos en la parroquia de San Juan de Tibás. Allí lo escuché una vez, predicando desde el púlpito.

Un verbo muy directo

Solo una vez vi al padre Pacheco, en una misa dominical de 4 p. m. No recuerdo ni el evangelio, ni las lecturas de ese domingo, solo su rostro firme, sus ademanes y el sentimiento que tuve de haber salido bien regañado de la misa.

“Ah, es que el padre era bien directo”, recordó su amigo Marlon y yo le creo. Ese domingo dolió el jalón de orejas, pero estaba bien merecido.

“Muchos decían que el padre era bravo, pero era porque no lo conocían de verdad. No era bravo. Que lo diga yo, que cuando lo conocí me cayó bien mal”, agregó Marlon.

Marlon recuerda que, siendo su alumno en la Universidad Católica, el padre le preguntó: -¿y vos que hacés?-.

-Soy predicador-, le contestó Marlon.

-¿Y bueno, y vos qué sabés?-, le espetó el presbítero.

-Diay no padre, yo predico anunciando a Cristo-, le respondió su alumno.

De inmediato vendría la frase fulminante: -¿Diay, pero si usted no sabe nada, qué dice?- concluyó el padre de un zarpazo.

“Vieras lo mal que me cayó (se ríe). Yo jamás me imaginé que el padre se terminaría convirtiendo en unas de las personas que más me marcó. Dios la utilizó para transformar mi vida”, finalizó Marlon.

En sus años de amistad, además, Marlon pudo conocer su fino sentido del humor, el cual hizo reír muchas veces a sus hermanos sacerdotes. El padre, de repente, soltaba una frase o hacía un chiste con cara de serio y procuraba no reírse. Entonces todos patinaban pensando: -¿está vacilando o lo está diciendo en serio?-.

Siempre solía salirse con la suya. Narró el sacerdote Erick Quesada, en su perfil de Facebook, que en una actividad de amigos el padre Jorge le pidió una ración extra de chicharrones.

“Pero padre, cuídese, usted ya está muy pesadito”, le advirtió el padre Erick.

Y el padre Jorge sin pensarlo contraatacó: “Traé, traé, no jodás, acaso vos tenés que andarme alzado”.

¡Hasta pronto querido amigo! Ya estás con el Señor a quien tanto servías y amabas. El Padre "Pacheco" fue un hombre muy...

Posted by Erick Fernando Quesada Delgado on Monday, August 31, 2020

Humildad interior

Para quienes fueron sus amigos, el padre Jorge pocas veces dejaba ver su verdadera esencia: "tenía un espíritu singularmente humilde”.

“Es extraño, pero muchos podrán no relacionar su fama de intelectual con esa palabra. Pero el padre era tremendamente humilde, muy cercano con la gente. Hacía cosas en silencio, obras de caridad que vos no te enterabas que él hacía. De hecho, de muchas de esas cosas, me estoy enterando hasta ahora”, reveló Alvarado.

“Su misma habitación era super humilde. Era más grande su biblioteca”, agregó.

Además, el padre solía decir que no le importaba el concepto que las personas tuvieran sobre él.

“Solo me preocupa lo que Dios piense de mí”, repetía con frecuencia, olvidándose de quienes lo admiraban, de quienes lo adversaban y de todo lo mucho que sabía.

El vacío

A mes y medio de su muerte, sus amigos no pueden creer que el padre Jorge ya no camine a su lado.

“Sé que Dios hace todo perfecto, pero humanamente uno piensa que su misión en la Tierra no había acabado”, concluyó Marlon Alvarado.

Quizá tenga algo de razón. Al momento de expirar, vencido por la covid-19, el padre Pacheco tenía en el tintero un libro sobre demonología (hasta de eso sabía). Una robusta obra intelectual que, lamentablemente, el mundo ya no podrá conocer.

Alexánder Sánchez

Alexánder Sánchez

Periodista del suplemento Viva de La Nación. Bachiller en Periodismo de la Universidad de Costa Rica. Su formación académica la complementó con trabajos estudiantiles en medios de comunicación universitarios.