Víctor Fernández G.. 19 junio
Clark Gable y Hattie McDaniel en una escena de 'Lo que el viento se llevó'. Los dos intérpretes mantuvieron una estrecha amistad, al punto que Gable amenazó con boicotear el estreno de la película cuando supo que McDaniel no fue invitada por motivos raciales. Foto: Selznick International Pictures Metro-Goldwyn-Mayer
Clark Gable y Hattie McDaniel en una escena de 'Lo que el viento se llevó'. Los dos intérpretes mantuvieron una estrecha amistad, al punto que Gable amenazó con boicotear el estreno de la película cuando supo que McDaniel no fue invitada por motivos raciales. Foto: Selznick International Pictures Metro-Goldwyn-Mayer

Quienes tratan de bajarle el tono al legado racista de Lo que el viento se llevó se apuran a señalar que fue gracias a esa película que por primera vez en la historia una persona afrodescendiente no solo fue postulada al Óscar, sino que también lo ganó: Hattie McDaniel, quien se alzó con el reconocimiento de la Academia a la mejor actriz de reparto. Sin embargo, un detalle que esos defensores del filme omiten es el trato que se le dio a McDaniel en la ceremonia de premiación.

Celebrados el 29 de febrero de 1940, en el Hotel Ambassador de Los Ángeles, los premios Óscar de ese año estuvieron a tono con las políticas discriminatorias contra la población negra que estaban vigentes en Estados Unidos.

El hotel sede del evento mantenía una estricta norma de no admitir personas de color, pero al resultar McDaniel nominada, se hizo la excepción de permitir su ingreso, aunque con condiciones: ella y su acompañante fueron sentados en una mesa para dos, segregada, al fondo del salón. Al final de la gala, el elenco de la película asistió a una fiesta, a la que Hattie no fue admitida por el color de su piel.

80 años han pasado desde aquella noche, y el legado de Lo que el viento se llevó es revisado con menos condescendencia. Estrenado en 1939, el filme se convirtió de inmediato en un éxito masivo de crítica y taquilla, y por décadas se sostuvo sin problema con un clásico querido y venerado, al que era común ver de regreso en las salas de cine y en canales de televisión aún hasta hace algunos años.

Basada en la novela homónima de Margaret Mitchell, la película es un drama romántico que se desarrolla en una plantación de la sureña y confederada Georgia, en tiempos de la Guerra Civil estadounidense (1861-1865). Ahí, Scarlett O’Hara (Vivien Leigh), la hija del hacendado, y su eventual esposo, Rhett Butler (Clark Gable), son protagonistas de una relación llena de desventuras, en medio de un entorno en el que la esclavitud no solo era legal, sino aceptada como algo “normal”.

Ganadora de ocho premios Óscar, incluido el de Mejor Película, y consagrada como la cinta más taquillera de todos los tiempos (ajustada a la inflación), Lo que el viento se llevó es parte de la realeza cinematográfica. Sin embargo, desde su estreno la película fue perseguida por las voces que criticaban su representación idílica de la vida en las plantaciones sureñas, donde los esclavos negros parecen no solo conformes, sino casi a gusto con su condición de propiedad de los dueños blancos.

El filme perpetúa estereotipos de las personas afroamericanas que al día de hoy aún siguen vigentes en los discursos cargados de ignorancia de los supremacistas.

Sin embargo, la adoración por la película pudo más y por décadas su estatus permaneció intacto, al punto que aún en el 2014 se le exhibió en muchos cines de Norteamérica, a propósito de los 75 años del filme. Pero tras la muerte, el mes pasado, de George Floyd, un hombre negro, a manos de un policía blanco, las cosas se miran desde otras perspectivas.

Hattie McDaniel, Olivia de Havilland y Vivien Leigh (izquierda a derecha) fueron postuladas al Óscar por su actuación en la película. McDaniel y Leigh ganaron sus respectivas categorías. Foto: Selznick International Pictures Metro-Goldwyn-Mayer
Hattie McDaniel, Olivia de Havilland y Vivien Leigh (izquierda a derecha) fueron postuladas al Óscar por su actuación en la película. McDaniel y Leigh ganaron sus respectivas categorías. Foto: Selznick International Pictures Metro-Goldwyn-Mayer

A medida que las protestas masivas contra el racismo y la violencia policial se apoderaban de Estados Unidos, muchos símbolos considerados “inofensivos” han sido revisados en el marco de movimientos civiles como el Black Lives Matter. Así, mientras monumentos del pasado colonial y segregacionista son derribados, otros debates relacionados con el arte también dividen criterios y pasiones. Y es en este contexto en el que finalmente uno de los filmes más populares de todos los tiempos parece perder su inmunidad.

El 9 de junio de este año, el diario Los Angeles Times publicó una carta del guionista negro John Ridley (ganador del Óscar por su adaptación de 12 Años de esclavitud), en la que le pedía a HBO el retiro de Lo que el viento se llevó del catálogo de su recién lanzado servicio de streaming HBO Max, dado su transfondo racista.

Ese mismo día, la película desapareció de la plataforma en línea, propiciando reclamos de quienes alegaban censura y exceso de “corrección política”. HBO explicó que el filme “es producto de su tiempo” y que incluye “prejuicios étnicos y raciales que estaban mal entonces y están mal hoy”. Aún así, la cadena anunció que la cinta volverá a su servicio pronto, aunque con advertencias de contexto.

Como era de esperar, todo lo anterior empujó a más personas a buscar la película de 1939, recordando que por lo general los pedidos de censura hacia un producto cultural terminan por hacerlo más apetecido por la audiencia: en los días posteriores al retiro de Lo que el viento se llevó de HBO Max, la cinta alcanzó el primer lugar entre las más vendidas en Amazon, e igualmente se disparó entre las películas más adquiridas en iTunes.

Historias de vergüenza

Si bien pareciera que Lo que el viento se llevó guarda aun suficiente pedigrí como para no desaparecer del ojo público, otros filmes contemporáneos suyos no han corrido con la misma suerte y conforme el tiempo fue dejándolos atrás, la vergüenza de sus implicaciones racistas los han condenado al exilio.

El caso más notorio es El nacimiento de una nación (1915), película de la era del cine mudo que sigue siendo considerada una de las más polémicas de todos los tiempos. Ambientada al igual que Lo que el viento se llevó en los años de la Guerra Civil, la obra del director D. W. Griffith muestra a los afrodescencientes como faltos de inteligencia y agresivos sexualmente, al mismo tiempo que exalta al movimiento racista Ku Klux Klan como una fuerza heróica y defensora de los “valores tradicionales”.

El nacimiento de una nación innovó en muchos aspectos técnicos para su época, fue la primera película en exhibirse en la Casa Blanca y resultó un éxito de taquilla. Sin embargo, pronto su fama fue de mal a peor y hoy es imposible verla en cualquier servicio de suscripción y ningún cine se atreve a exhibirla, con sobrada razón.

Una suerte similar ha corrido Canción del sur, filme musical infantil desarrollado por Walt Disney, de 1946, basado en los cuentos del Tío Remus, que era una colección de fábulas del folclore afroamericano del sur estadounidense, compiladas por el periodista blanco Joel Chandler Harris.

'Canción del sur' fue una producción impulsada por el propio Walt Disney. Sin embargo, hoy su compañía reniega del filme y admite su tono racista. Foto: Walt Disney Productions.
'Canción del sur' fue una producción impulsada por el propio Walt Disney. Sin embargo, hoy su compañía reniega del filme y admite su tono racista. Foto: Walt Disney Productions.

La historia se ubica en la Era de la Reconstrucción, que fue el convulso período que siguió a la Guerra Civil y en que los esclavos fueron liberados, aunque los estados sureños que perdieron el conflicto aún pujaban para negarle derechos ciudadanos a las personas negras y eran comunes los linchamientos y otros actos de violencia contra esa población.

La película, que mezcla actores reales con personajes animados, fue desde su estreno fuente de controversias, por su representación de estereotipos hacia los afrodescendientes y la idealización de la vida en las plantaciones que explotaban a los esclavos. El personaje del bonachón Tío Remus que cuenta historias a los niños blancos (interpretado por el actor James Baskett) fue tildado despectivamente de “Tío Tom” y múltiples organizaciones y líderes afroamericanos catalogaron la película de ofensiva y un riesgo de perpetuación de mitos racistas entre el público infantil.

Igual que las otras cintas aquí abordadas, Canción del sur fue un rotundo éxito de taquilla e incluso ganó un Óscar a la mejor canción original, gracias a la popular tonada Zip-a-Dee-Doo-Dah (así como un Óscar honorario para Baskett por su actuación).

Pese a las críticas, la película siguió vigente en los cines estadounidenses con continuas repeticiones, incluso hasta mediados de la década de 1980, cuando volvió a cobrar fuerza a propósito de la inauguración de la popular atracción Splash Mountain, en los parques de diversiones de Disney y que está basada en los personajes animados de la cinta. Igualmente, en televisión el Disney Channel la emitía aún en el 2001.

Y si bien hoy Splash Mountain sigue siendo uno de los rides más queridos y populares en los parques Disneyland y Magic Kingdom, la película que lo inspira desapareció del mapa. Disney siempre se resistió a lanzarla en formato casero para el mercado estadounidense en vista de su compleja reputación racista, aunque sí lo hizo en Europa y Asia, donde la cinta encontró menos resistencia (copias de esos tirajes hoy se cotizan como rarezas en mercados de coleccionistas).

Finalmente, en el 2019 la película “ganó” la penosa distinción de ser el único largometraje de Disney en no ser incluido en el servicio de streaming de la compañía, Disney+, e incluso el presidente de la empresa, Bob Iger, admitió que no se trataba de un filme apropiado “para el mundo de hoy”.

Lo que el viento calló...

Es casi seguro que Lo que el viento se llevó no acompañará a El nacimiento de una nación y Canción del sur en el infierno cinematográfico. Sin embargo, la épica producción sigue perdiendo medallas a medida que se revisa más y más su historia.

Si bien en la película sus personajes discuten con frecuencia, Vivien Leigh y Hattie McDaniel mantuvieron una relación cordial como colegas. La actriz inglesa fue de las primeras en acercarse a felicitar a McDaniel cuando recibió el Óscar. Foto: Selznick International Pictures Metro-Goldwyn-Mayer.
Si bien en la película sus personajes discuten con frecuencia, Vivien Leigh y Hattie McDaniel mantuvieron una relación cordial como colegas. La actriz inglesa fue de las primeras en acercarse a felicitar a McDaniel cuando recibió el Óscar. Foto: Selznick International Pictures Metro-Goldwyn-Mayer.

La novela de la que se nutre ya cargaba su propia polémica desde su publicación, en 1936. Si bien la historia de Mitchell no es sobre esclavitud, esta es incluida como parte de la “normalidad” de las plantaciones del Sur, y los esclavos, como Mammy, Pork, Prissy y Big Sam son representados como personas felices, leales y sumisas, quienes incluso prefieren seguir a las órdenes de sus antiguos amos aún después de ser emancipadas.

El libro fue un bestseller instantáneo y hoy se cuenta entre las obras literarias más vendidas en Estados Unidos. De ahí que su adaptación al cine fuese cuestión de poco tiempo, aún cuando los principales estudios no veían posible la película, no por consideraciones éticas o étnicas, sino más bien por los altísimos costos y complejidad de la producción. Finalmente, fue David O. Selznick el productor que se hizo con los derechos cinematográficos de la novela.

Hacer la película fue un proceso extenso, tortuoso y complejo. El director original, George Cukor, fue despedido después de tres semanas de rodaje y su reemplazo, Víctor Fleming, aún no había terminado de trabajar en El Mago de Oz cuando fue contratado de emergencia para completar la ambiciosa producción (un tercer director, Sam Wood, tomó las riendas durante dos semanas, pues Fleming debió retirarse momentáneamente dado el agotamiento acumulado). El elenco estaba plagado de egos, empezando por el temperamental Clarke Gable, quien se dice que tuvo peso en la salida de Cukor.

En el libro de Mitchell hay representaciones racistas que resultaron demasiado explícitas para los productores, quienes modificaron detalles de la historia que, de haberse conservado en el filme, hoy lo harían del todo impresentable. Por ejemplo, en la novela el Ku Klux Klan se incluye como un movimiento “justiciero” y casi necesario, y el segundo esposo de Scarlett, Frank Kennedy, es parte de dicha organización racista.

Selznick y el guionista Sidney Howard estuvieron de acuerdo en que en la escena del libro en que una partida de hombres blancos con capuchas del KKK se lanza a perseguir a un hombre negro que atacó a Scarlett no tenía que adaptarse al pie de la letra: en la película el atacante no es negro ni los vengadores usan signos del Klan. También se cuidaron de que ningún personaje utilice el epíteto racial “nigger” (sí incluido en el libro), esto tras las protestas de McDaniell, Butterfly McQueen y otros intérpretes afrodescendientes en el elenco.

La película -que terminó resultando una grandilocuencia de cuatro horas de duración- se estrenó el 15 de diciembre de 1939 en Atlanta. Más de 300.000 personas se congregaron en la ciudad para ver desfilar a las estrellas del filme, entre las que no estuvo McDaniel: ella ni ninguno de los intérpretes negros fueron invitados, dadas las políticas segregacionistas entonces vigentes en Georgia. Gable, quien era cercano amigo de la actriz, amenazó con boicotear el estreno si McDaniel no asistía, aunque al final fue ella quien lo convenció de desistir. Igualmente, ninguno de los actores afroamericanos fueron incluidos en el material que se usó para promocionar la cinta en los estados sureños.

Si bien Selznick mantuvo comunicación estrecha con organizaciones civiles afroamericanas durante la producción para evitar oposición al filme, muchos activistas señalaron desde el inicio las implicaciones raciales de la película. Aún así, tras anunciarse la postulación de McDaniel al Óscar, la mayoría de las voces contrarias a Lo que el viento se llevó se alinearon para impulsar la primera candidatura de una persona afrodescendiente a un premio de la Academia.

Casi todos los participantes principales del filme se bañaron en gloria en los Óscar del siguiente año: Selznick recogió la estatuilla de Mejor Película, y también fueron premiados Fleming, el guionista Howard, la actriz principal Vivien Leigh, y Hattie McDaniel, quien se impuso como mejor actriz secundaria a su compañera de elenco Olivia de Havilland (quien aún vive y goza de buena salud, a sus increíbles 103 años). Gable tambien fue postulado, como mejor actor principal, pero perdió en su categoría.

Hattie McDaniel fue vista desde entonces como la “criada negra” por excelencia en Hollywood y no logró escapar de esa imagen, por lo que se vio forzada a seguir encarnando personajes similares por buena parte de su carrera (coincidentemente también fue parte de Canción del sur).

Una versión ficcionalizada de la actriz aparece en la reciente miniserie de Netflix Hollywood; interpretada por Queen Latifah, McDaniel alienta en ese drama a una joven intérprete negra a escapar de los roles estereotipados que ella, a su pesar, había ayudado a perpetuar.

A su muerte, en 1952, el último deseo de McDaniel no se pudo cumplir, pues pese a que la actriz pidió que se le sepultara en el cementerio de Hollywood, la administración no lo permitió, en vista de que no aceptaba entierros de personas negras. Para colmo, la intérprete especificó que su premio Óscar fuese donado a la Universidad Howard, donde estuvo en exhibición en la escuela de artes dramáticas, hasta que a inicios de los años 90 se reveló que la estatuilla había sido extraviada por la casa de estudios y a la fecha no se tiene certeza de que pasó con el primer Óscar ganado por una persona negra.

Por mucho tiempo, Lo que el viento se llevó fue recordada por sus frases inmortales, como “Después de todo, mañana será otro día” o “Francamente, querida, no me importa un bledo”. Ahora, bajo la lupa, otros son los rasgos que se le resaltan... y no para bien.

Si su taquilla se ajusta a la inflación, 'Lo que el viento se llevó' sigue siendo el filme más recaudador de la historia, incluso por encima de 'Avatar', 'Titanic' y 'Avengers: Endgame'. Foto: Selznick International Pictures Metro-Goldwyn-Mayer.
Si su taquilla se ajusta a la inflación, 'Lo que el viento se llevó' sigue siendo el filme más recaudador de la historia, incluso por encima de 'Avatar', 'Titanic' y 'Avengers: Endgame'. Foto: Selznick International Pictures Metro-Goldwyn-Mayer.