Revista Dominical

Bijagua y la experiencia sublime de toparse con una danta y su bebé sandía

En setiembre las zonas de Río Celeste y Bijagua le esperan para que disfrute del Mes de la Danta. Con suerte verá a estos enormes mamíferos, además de preparar recetas típicas, caminar hacia cataratas y sumergirse en una poza caliente en medio del bosque

La danta y su bebé sandía. La madre usa un collar de monitoreo como parte del programa de conservación. Los  radiocollares satelitales GPS permiten monitorear sus movimientos en el llamado corredor biológico Tenorio Miravalles y entender en qué lugares prefieren estar y cuáles sitios es necesario reforestar. Aunque llevara el collar, no es tan fácil ubicarla y menos que mostrara a su bebé. Verlos fue una suerte. Foto: Diego Benitez.
La danta y su bebé sandía. La madre usa un collar de monitoreo como parte del programa de conservación. Los radiocollares satelitales GPS permiten monitorear sus movimientos en el llamado corredor biológico Tenorio Miravalles y entender en qué lugares prefieren estar y cuáles sitios es necesario reforestar. Aunque llevara el collar, no es tan fácil ubicarla y menos que mostrara a su bebé. Verlos fue una suerte. Foto: Diego Benitez.

Una mamá confiada disfrutaba de un manjar de guayabas mientras su bebé, de apenas seis días, no se le despegaba y seguía atento sus pasos. Se zigzagueaba entre las patas de su protectora ante el asombro de mamíferos, pero de otra especie, quienes intentaban procesar el momento. Por un instante las cámaras dejaron de tomar fotos y los videos se detuvieron. Había que contemplar lo que se vivía, un acontecimiento privilegiado. Un regalo de la naturaleza.

. Este es el bebé tapir que conocí en el Valle del Tapir, cuando él tenía solamente seis días de nacido. Esta cría se suma a las cerca de 1.500 dantas que hay en el país. Foto: Diego Benitez para LN.

¿Lágrimas, emoción, sorpresa, agradecimiento? Ver a una danta adulta ya es un suceso increíble, pero cómo se asimila observarla junto a su bebé sandía, como se le conoce a las crías del tapir que nacen con manchas que las hacen asemejarse a esas frutas. Usualmente las madres los ocultan para protegerlos de los depredadores del bosque, pero esta vez el destino estuvo de nuestro lado.

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