8 noviembre, 2006

Alajuela. Karen Cope tuvo el mejor cumpleaños de su vida antenoche, pues familiares y compañeras de Selección de voleibol se lo festejaron cuando el equipo regresó al país tras su aceptable papel en el Mundial de Japón.

La josefina no se cambiaba por nadie. Su mamá, Brenda Charles, y Flory Campos, la madre de su amiga y compañera en el equipo, Catalina Fernández, le llevaron un queque y un pequeño globo con el letrero de “feliz cumpleaños”.

“Cumplí 21 años. La mitad lo hice en Japón y la otra en Estados Unidos y Costa Rica. Un buen regalo. Me motiva muchísimo para viajar a Suecia a cumplir el sueño que esperaba por mucho tiempo: jugar en el extranjero”, expresó Karen.

Ella se desplazará este viernes a Europa. Su destino por siete meses será Estocolmo, la capital sueca. Allí se vinculará al EVS Engelholm Voleyball Sallskap, un club de primera en la ciudad de Angelholm.

“Todo empezó cuando Lorne Sawula (asesor canadiense de la Sele ) envió un vídeo de nosotras a uno de sus contactos en Suecia y desde setiembre me escogieron. Ahí estaré de noviembre a junio y si todo sale bien me quedaré más tiempo”, según explicó Cope ayer a La Nación .

La llegada de la Tricolor al aeropuerto Juan Santamaría, procedente de Tokio y escala en Houston, se dio a las 11:30 p. m. del lunes.

Entre llanto y gritos de alegría, los familiares de las jugadoras recibieron al equipo que se colocó en el puesto 20 del Mundial japonés.

Para Gerardo Chino Solano, directivo de la Fecovol, la actuación de las jóvenes es un logro importante para el país, por cuanto obtuvieron “una posición mucho mejor que la selección de futbol y con mucho menos presupuesto”, al ganarle un set a Polonia y vencer 3-2 a Kenia, campeona de África.

Una de las jugadoras, Catalina Fernández, manifestó estar orgullosa de seguir con una tradición deportiva de familia: asistir a una copa, al igual que lo consiguió su tía, Elsa Fernández, durante el Mundial Juvenil de Brasil 1977.

La noche recogió otro momento emotivo. El encuentro de la jugadora y madre, Ingrid Morales, con su esposo José Velluti. Un largo beso demostró la soledad que sintieron al estar separados.

Velluti lo resumió así: “Este sacrificio de mi hijo de siete años, Nicolás, y el mío, para que ella jugara en un Mundial, lo hicimos por amor”. Colaboró Rodrigo Calvo