Esteban Valverde. 14 febrero
Maximillien Peynado junto a sus hijas, en la actualidad. Fotografía: Cortesía
Maximillien Peynado junto a sus hijas, en la actualidad. Fotografía: Cortesía

Maximillien Peynado tiene 46 años, se retiró en 2002 a los 28; sin embargo, todos los días en la calle le recuerdan su legado: ser el Rey de la Barrida del fútbol costarricense. El exjugador que brilló en los 90′s habló con La Nación sobre su historia, esa que él mismo confiesa pocos conocen.

Peynado admite que su apodo está bien ganado, al punto que las personas apenas lo observan y se dan cuenta que es él, lo relacionan con el futbolista rudo que luchaba cada pelota a muerte, también ese que disfrutaba deslizarse por el césped levantando el verde como podadora.

Lo curioso es que acepta que no se sentía atraído por barrerse, al punto que en sus inicios prefería entrar a la pelota sin irse al suelo; no obstante, su primer timonel, Juan José Gámez, lo obligó a tirarse por la pelota.

“Es muy vacilón porque a mí no me gustaba barrerme, pero el entrenador de mis inicios, Juan José Gámez, decía que el papá de Saborío tenía como un físico parecido al mío y se barría, entonces que yo debía hacer lo mismo, pero a mí no me gustaba.. Yo lo comencé a hacer porque sino me quedaba fuera en el proceso de Selección Juvenil”, dijo entre risas.

De hecho, el exzaguero es enfático en que no barría como lo hacían todos los defensas. Maximillien creó su propio estilo.

“Como no me gustaba, inventé mi forma de barrerme y era siempre con mi pierna contraria por delante, ellos no podían adivinar, ellos veían que yo iba a tirarme siempre, pero no sabían dónde iba a llegar el pie. A mí no me importaba nada, si estaba en el área o no, yo solo me tiraba duro”, describió.

La forma ruda de jugar del oriundo de Limón empezó a llamar la atención de entrenadores propios y extraños, así un día el técnico checo de Alajuelense, Joseph Bouska, le pidió que no lo hiciera en el área porque podía ser muy riesgoso.

La insistencia del defensor fue tal que el propio Bouska se vio obligado a ceder en su posición, por lo que todos los integrantes de la defensiva, menos el Rey de la Barrida, tenían prohibido lanzarse por la pelota.

Maximillien Peynado (17) con una Selección Nacional integrada por futbolistas como Juan Cayasso (10), Javier Delgado (6), entre otros. Fotografía: Cortesía
Maximillien Peynado (17) con una Selección Nacional integrada por futbolistas como Juan Cayasso (10), Javier Delgado (6), entre otros. Fotografía: Cortesía

Pero, ¿por qué este fornido futbolista decidió colgar sus botines a tan temprana edad?

Peynado se sincera y responde con algo de nostalgia en su voz.

“Fueron tres cosas, una que recibí dos golpes muy fuertes, uno en el pómulo y otro en la cabeza que hasta me provocó convulsionar y una operación, eso hizo que quedara con demasiado miedo para jugar fútbol, eso más la difícil situación económica que vivía, me hizo hacerme a un lado y buscar otros horizontes”, sentenció.

“No me gustó que mi retiro fue antes de lo previsto. De forma temprana, pese que yo quería más, a los 28 años me fui”, añadió.

En la actualidad, este exdeportista no ve a un futbolista con sus características, al punto que define el fútbol nacional como de menos agallas y pundonor que antes.

“Yo en realidad, sin sentirme superior, no he visto a nadie similar, he visto a ciertos defensas que lo hacen pero desesperadamente, ellos no lo hacen de buena forma, sino para hacer la falta, a mí no me daba miedo hacerlo en el área o donde fuera, yo siempre ganaba la pelota”, expresó.

Después de su retiro, San Carlos, Cartaginés y Limón lo tentaron para regresar, empero el Rey de la Barrida no se sentía seguro en el campo de juego. Él prefiere que lo recuerden ‘tuanis’ que de mala forma.

“Me gusta que ahora me ven en la calle y la gente me dice: ‘¿Esas barridas qué?’ Y es gente joven, entonces es curioso, pero me acuerdan de buena forma”, finalizó.

Maximillien Peynado ahora es empresario de cacao y tiene un negocio propio en el que hace chocolates y productos afines para la venta.

Más historias: