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Un país que da la espalda a la cultura está destinado al fracaso

Los políticos todavía no comprenden que la cultura no es un gasto, sino una inversión

Mientras escuchaba las respuestas de los candidatos durante los debates, me preguntaba si habría espacio para conocer la visión de los partidos con respecto a la cultura.

No fue así, no oí ninguna pregunta sobre la materia y tampoco ninguno de los candidatos se refirió, por iniciativa propia, a un plan concreto para el sector cultural, lo cual me hizo reflexionar sobre la prioridad que tiene para los medios de comunicación y los candidatos, principalmente sabiendo que ha sido la actividad económica más golpeada durante la crisis sanitaria.

Lo único que escuché en los debates en relación con el sector cultural fue un comentario irrespetuoso de Rodrigo Chaves, dirigido a Fabricio Alvarado, de quien se refirió como simple actor o cantante, con el evidente objetivo de descalificarlo como candidato presidencial.

Indistintamente de lo que cada quien opine acerca de la idoneidad de ese aspirante, el comentario de Chaves fue desafortunado y ofensivo, no solo para él, sino también para el sector artístico.

Ronald Reagan fue un actor destacado y llegó a ser presidente de Estados Unidos, independientemente de la valoración política o ideológica de su gestión; Albert Einstein fue músico antes que físico, y combinaba su creación científica con la ejecución del violín.

Así, podría mencionar muchos ejemplos de personas relacionadas con el arte y la cultura, con papeles fundamentales en el liderazgo político y social de sus países, como Rubén Blades, ganador de múltiples premios Grammy, quien fue ministro de Cultura y excandidato presidencial de Panamá; Mario Vargas Llosa (Premio Nobel de Literatura 2010), excandidato presidencial de Perú; Sergio Ramírez, nicaragüense exiliado y Premio Cervantes, formó parte de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional de la que fue vicepresidente; o Arnold Schwarzenegger, reconocido actor que llegó a ser gobernador del estado de California.

Esta semana vi un video donde Pilar Cisneros aboga por la disminución del presupuesto para cultura, como una manera de aliviar la carga de gasto del país. Si bien es cierto que lo dijo en el 2020, cuando comenzó la pandemia, es reflejo de la visión de su partido con respecto al lugar que ocupa la cultura en su proyecto político.

El presupuesto de cultura no solo se utiliza para conciertos o actividades relacionadas con las artes escénicas, también para sostener programas tan fundamentales como el Centro Nacional de la Música (Orquesta Sinfónica Nacional), la Dirección de Bandas de Costa Rica, el Sinem, el Centro de Cine, los museos, la Biblioteca Nacional, los teatros, etc., entre muchos otros que requieren apoyo gubernamental.

El país invierte menos del 1% del PIB en cultura, y en los últimos gobiernos ha recortado la asignación al grado de dejar al Ministerio de Cultura casi inoperante. El presupuesto de cultura en el 2021 se redujo al 0,42%, lo que significó una disminución de ¢3.230 millones, o sea, un 6,4% menos que en el 2020.

Aun así, el campo cultural produce en nuestro país entre el 2,2% y el 3,3% del PIB, y unos 42.000 empleos. Esto significa que, en términos reales, sobrepasa holgadamente a otras actividades económicas consideradas esenciales.

La cultura es mucho más amplia y compleja de lo que muchos creen. Algunos no tienen idea del enorme ecosistema del que participa la economía creativa y cultural, así como la importancia económica y social que tienen para Costa Rica los sectores audiovisual (cine, video, animación digital, videojuegos, multimedia, radio, televisión, televisión por suscripción, etc.), de las artes visuales (fotografía, pintura, escultura, grabado, dibujo), de las artes escénicas (teatro, danza, circo, cuentacuentos), del diseño (arquitectónico, interiores, joyas, modas, gráfico, industrial o de producto y textil), editorial (libros, periódicos, revistas), musical (producción discográfica y videográfica, de conciertos y presentaciones en directo, venta de música, etc.), publicitario (servicios, creación, diseño, colocación, alquiler y venta de anuncios de publicidad, campañas de comercialización, diseño publicitario, etc.).

¿Qué significa invertir en la cultura? Un día que visité a Armando Manzanero, en las oficinas de la Sociedad de Autores y Compositores de México, de la cual él era su presidente, le comenté sobre la falta de visión de nuestro país por carecer de una política cultural exitosa que potencie el desarrollo social mediante programas artísticos dirigidos a niños y jóvenes, para ayudarles a tener fuentes de inspiración que los aleje de las calles y las drogas; y, a la vez, los motive a tener aspiraciones artísticas y profesionales que les facilite estudiar y prepararse para salir de la pobreza.

Al final de la plática llegamos a la siguiente conclusión: “Un país que da la espalda a la cultura, a sus creadores e inspiradores, es un país que está destinado al fracaso”.

Como productor y artista, interesado en la cultura de Costa Rica, me siento indignado cuando veo cómo los políticos, a lo largo de tantos años, han visto al sector con menosprecio. Después se preguntan por qué Costa Rica no exporta talento artístico. Puedo asegurarles que el talento artístico que hemos exportado no ha sido por intervención estatal, por el contrario, se le debe al enorme esfuerzo que hacemos los artistas con nuestro trabajo, a pesar del ambiente hostil proveniente de la visión tan pobre de quienes nos han gobernado.

¿Qué ha pasado durante los últimos gobiernos en lo cultural? La gestión ha sido deficitaria, sin rumbo, sin una ruta clara y, lo que es peor, sin capacidad gerencial para poner a funcionar canales de comunicación y planes de acción de la mano del sector, que propicien resultados tangibles y de impacto para la población costarricense.

Aunado a lo anterior, los políticos están en deuda con el campo cultural. Aún no comprenden que la cultura no es un gasto, sino una inversión para el desarrollo social de los pueblos, y en nuestro país han ido disminuyendo los recursos destinados a la cultura conforme pasan los años, lo que limita la capacidad de acción y ejecución de proyectos sociales, económicos y culturales.

Nuestro campo no debe estar de último en la agenda de los gobernantes. Durante la actual administración, eso fue lo que sucedió. El sector fue el más afectado por la crisis sanitaria y los trabajadores del arte y la cultura, en general, quedaron completamente abandonados, a la deriva, sin alternativas por parte del Estado para tantos artistas y productores sin posibilidad de llevar el sustento a sus hogares.

Son muchos los desafíos del próximo gobierno: resolver el problema laboral de músicos y artistas contratados por el Estado para que tengan un régimen laboral de acuerdo con sus funciones y no según la legislación; buscar la manera de crear infraestructura cultural fuera de la Gran Área Metropolitana para que las comunidades tengan más acceso a la cultura; desentrabar la burocracia para agilizar los programas y proyectos; apoyar y potenciar a los emprendedores creativos; pero, sobre todo, se necesita un gobierno con sensibilidad para apoyar a una parte de la población que produce desarrollo, bienestar, inspiración y calidad de vida para los costarricenses mediante el arte y la cultura.

El autor es administrador de negocios, empresario y artista.

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