Elías Soley Gutiérrez. 2 mayo

De las varias reacciones posteriores a la inauguración del último período legislativo 2018-2022, debemos prestar especial atención al llamado a las fracciones en el Congreso a «no desconfiar» de las iniciativas del Poder Ejecutivo y a tratar de caminar juntos en la búsqueda de soluciones, hecho por la ministra de la Presidencia, Geannina Dinarte.

¿Qué dejamos de lado como sociedad para que exista desconfianza entre sectores? ¿En qué estado emocional e intelectual están los políticos? En esa trinchera, ¿hay una agenda propositiva, entusiasta, que vuelva a unir a la sociedad, que sirva de remedio contra el recelo galopante que impide que las buenas ideas tomen forma y deriven en la dinámica necesaria para llevar al país hacia un futuro más próspero?

No hay duda de que la sociedad dejó de hacer muchas cosas, como la participación directa de los ciudadanos en la promoción de ideas y proyectos de impacto en lo político y social, que conduzca a la evolución de Costa Rica, a dar paso a las grandes oportunidades posibles en el mundo contemporáneo, como la digitalización de los servicios gubernamentales, sanitarios, agroindustriales y educativos.

Atrás quedo el pensar cómo reinventar el Estado, por lo cual nos vemos obligados a enfrascarnos en una estéril discusión para reformar el régimen de empleo público, cuando lo que debió haberse hecho hace mucho tiempo era evaluar las instituciones públicas, una introspección y revisar si verdaderamente cumplían su objetivo de interés público y, a aquellas que no, diseñarles una migración hacia otras funciones acordes con las necesidades del país.

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Protección del statu quo. Por el contrario, algunos grupos optaron por proteger sus «burbujas», sus negocios o empresas, sus convenciones colectivas, sus intereses políticos, etc. En lugar de ver el bosque, se enfocaron en sus arbolitos, y ahora la vida nos recuerda que somos parte de un ecosistema y dependemos unos de otros.

Es difícil que alguien discrepe de la falta de claridad acerca del modelo de Estado y del que nos proponen para el futuro.

El llamamiento de la ministra de la Presidencia no tendrá eco, porque no es posible pedir confianza cuando no hay un mensaje franco, cuando la gestión del gobierno está colmada de mensajes contradictorios que originan la terrible sensación que provoca la improvisación en una actividad estatal que parece no ir hacia ningún lado, sino que es como un bote impulsado por la corriente cuyos ocupantes olvidaron remar.

Nuestra sociedad dejó de pensar en esos asuntos hace mucho tiempo; dejó que instituciones estratégicas en una coyuntura específica siguieran operando a pesar de que en la actualidad no agregan mayor valor a la sociedad, porque están llenas de funcionarios que no tienen noción del aporte o alcance de su servicio público y gozan de grandes beneficios económicos, producto de nocivos liderazgos que, en contubernio con los políticos de turno, se llenaron de gollerías y prebendas.

Exigencia para los candidatos a la presidencia. Es impostergable exigir a los futuros candidatos a la presidencia una definición diáfana, congruente y concreta del tipo de Estado que proponen.

Al menos yo, anhelo un planteamiento serio y contundente, una ruta de acción, el dibujo en el horizonte de un modelo de Estado que contribuya al desarrollo de las ideas de nuestra sociedad, que sea facilitador del desarrollo de actividades productivas, que abandone el complejo de policía y el matonismo institucional contra las pequeñas y medianas empresas, que promueva un sistema educativo de donde emerja el talento humano requerido para las actividades productivas, que tenga un presupuesto austero y cuyo tamaño agilice encontrar las respuestas que demanda la sociedad.

Quisiera un Estado solidario con los que menos tienen, promotor y fortalecedor de programas mediante los cuales afloren la mayor cantidad de oportunidades para los menos favorecidos. El verdadero éxito de tales programas se alcanzará cuando se aplane la curva de personas necesitadas de ellos.

El autor es abogado.