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Promover la lectura es un acto político

Leer es una experiencia estética que contribuye a desarrollar posturas humanistas, solidarias o tolerantes

Los partidos políticos deben ofrecer propuestas concretas para atender las deficiencias señaladas en el último Informe del estado de la educación. Entre los problemas que afrontan la niñez y la juventud se encuentran los relacionadas con la lectura.

Una persona que no lee es fácilmente manipulable y cuenta con escasas herramientas para argumentar, escribir, crear o tomar acciones que fortalezcan su desarrollo individual y social. Es necesario comprender que el aprendizaje y el fortalecimiento de los hábitos de lectura forman parte de una agenda política.

No se trata únicamente de mirar los libros de manera utilitaria y creer que, si se lee más, se aprende más. Leer es una experiencia estética que contribuye a desarrollar posturas humanistas, solidarias o tolerantes.

Jacinto Benavente, escritor español, señalaba en su obra El príncipe que todo lo aprendió en los libros: “Aprendí que es preciso soñar cosas bellas para realizar cosas buenas”, y se aspira así a un ideal de ser humano dador de dignidad, con amplias posibilidades de forjar condiciones de criticidad y creatividad. ¿Para qué conocimientos si se carece de ética?

Se evidencia en el Estado de la educación que, en el año 2019, tan solo 593 de las 3.723 escuelas públicas contaban con el servicio de biblioteca; eso significa que apenas el 16% de los centros educativos de primaria poseían un sitio reservado a la lectura. Sin embargo, el problema no se resuelve únicamente con abrir más bibliotecas o llenar de volúmenes las ya existentes. Resulta vano colocar libros en los estantes si nadie los lee, es una pérdida de recursos y un culto al esnobismo.

La apertura de bibliotecas debe ir acompañada de sólidos planes de formación docente, pues únicamente las personas que practican de manera constante e independiente la lectura pueden formar estudiantes que también amen la lectura.

Son múltiples los ejemplos que nos hacen ver que no es la cantidad de libros lo que conduce a un ser humano a asumirse como lector. Valga decir que el escritor danés Hans Christian Andersen contó con pocos textos en la infancia como Las mil y una noches, la Biblia y las obras teatrales de Holberg; sin embargo, su padre, un zapatero, le leyó cuentos y lo inició en ese gusto imperecedero por leer.

O bien, la poeta Gabriela Mistral, quien de niña fue a una escuela rural del valle de Elqui, en su natal Chile, e hizo de la Biblia su libro de cabecera; esa mujer se convirtió en la primera latinoamericana que obtuvo el Premio Nobel de Literatura. El autor ruso Máximo Gorki recordó siempre los cuentos de hadas que le relataron en la infancia.

Es prioritario que el gobierno entrante establezca diálogos y planes integrados con el Ministerio de Educación y el Ministerio de Cultura y Juventud para que atiendan el asunto con urgencia. Asimismo, las facultades de Educación de las universidades públicas y privadas tienen el compromiso de formar profesionales que lean de manera ávida y autónoma.

Es fundamental que el entrante jerarca de Educación propicie la formación de hábitos de lectura en el personal. En lugar de tanta estéril reunión administrativa, deben realizar encuentros para hablar sobre libros, intercambiar experiencias exitosas de animación lectora y convertir, así, cada aula en un sitio dinámico para leer.

Es perentorio que el magisterio lea junto con el estudiantado, no como una imposición, sino como acto nacido de la conciencia, y que represente el disfrute y el gusto por buscar nuevos textos.

Maestros y bibliotecólogos son los llamados a desarrollar criterios de calidad para seleccionar, junto con los niños y jóvenes, los mejores títulos, los que de verdad produzcan el entusiasmo por leer. Ese hecho será posible si el futuro gobierno comprende que leer es un acto político y es también un requisito ineludible para defender y proteger nuestra condición democrática.

autorcarlosrubio@yahoo.com

El autor es profesor en la Universidad de Costa Rica y miembro de la Academia Costarricense de la Lengua.

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