19 abril, 2008

Desde hace muchos años, las compañías procesadoras de tarjetas de crédito de Costa Rica han inducido a miles de clientes, especialmente a turistas extranjeros, a pagar más de la cuenta incluyendo en sus colillas de pago un espacio en blanco con el encabezado “propina”, posterior al total que cobran los restaurantes. Quien no sabía o, por la alegría natural después de una buena comida, olvidó que la propina de ley del 10% ya estaba incluida en la factura, terminó pagando excesivamente por el servicio.

Recientemente existe una nueva artimaña para “ordeñar” a los clientes de restaurantes. Bueno, no sé qué tan reciente es la práctica, ya que las facturas y colillas de tarjeta de crédito que entregan en estos establecimientos son siempre difíciles de leer, por la combinación de la falta de luz y el uso de impresoras sin tinta.

Me refiero a la “guía de propina” que aparece en los “váucheres” de algunas compañías de tarjeta de crédito: estas han osado sugerirle al cliente propinas de 10, 20, y hasta 30%, ¡calculadas sobre el monto final de la factura! De esta manera, por ejemplo, un cliente que pagó ¢10.000 por sus alimentos recibe una factura del restaurante por ¢12.300, que incluye ¢1.000 de propina de ley y ¢1.300 de impuesto de ventas. La guía de propina que viene en el voucher que se le entrega posteriormente para firmar le indica que, si quiere dar una propina del 10%, debería anotar ¢1.230, induciéndolo erróneamente a pagar ¢2.230 de propina, es decir, un 22.3% sobre su consumo. Aunque el principal beneficiario del error es el dueño del restaurante (o quizás su mesero), la tarjeta de crédito se gana su proporción. Esto es un abuso que las mismas compañías de crédito involucradas, por decencia, deberían corregir, ya que no pareciera haber un sistema de protección activa para el consumidor que así se los exija.

De paso, yo acostumbro darle propina en efectivo directamente al mesero o la mesera, cuando se lo merece, desde que escuché la queja hace diez años de alguien que decía que es difícil que las propinas que uno carga a la tarjeta lleguen a quien sirvió la mesa. De esa forma, me aseguro de que mi propina premie a quien le toca, no al dueño del establecimiento ni a las tarjetas de crédito.