Héctor Arce Cavallini. 7 marzo

La historia portuaria de Costa Rica empieza a escribir un nuevo capítulo con el inicio de operaciones de la primera fase de la nueva terminal de contenedores de Moín (TCM).

Parecen ya lejanas las primeras pinceladas del proyecto en la administración Arias; luego impulsado por Francisco Jiménez, primer ministro de Obras públicas y Transportes de la administración Chinchilla. Pocos creyeron y algunos lo combatieron. Al final, se impuso la razón de quienes vieron hacia el futuro.

El país dispondrá de uno de los grandes puertos del Caribe para competir, con dignidad y eficiencia, en el manejo de contenedores. Nuestro sistema portuario nacional se engrandece y le mostrará al mundo una mejor cara que, aunado al de Caldera, nos coloca en posición de avanzada.

La terminal operará en una isla artificial de 40 hectáreas, bajo la figura de concesión de obra pública por 30 años. Una asociación público-privada que debe arrojar grandes réditos al país. Como dice la empresa en su sitio web:

1. Tendrá capacidad para recibir barcos portacontenedores hasta de 8.500 TEU (sigla en inglés de twenty-foot equivalent unit), 24 horas al día y 365 días al año, con seis grúas pórtico y grúas de 29 yardas.

2. Contará con un muelle de 650 metros de largo y un patio para albergar 26.000 TEU, con capacidad de conexión eléctrica para 3.800 contenedores refrigerados.

3. Operará, inicialmente, con 650 empleados.

4. En las seis grúas pórtico y las grúas de 29 yardas, invirtieron unos $110 millones. El equipo permitirá un promedio de 180 movimientos por hora para la carga y descarga, y reducirá los tiempos de servicio del barco de 40 horas (tiempo promedio en otros muelles) a solo 15.

5. Hará una contribución del 7,5 % de los ingresos netos a la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva); unos $20 millones anuales.

Nueva provincia. Limón deberá reinventarse, en particular, crear y generar un nuevo impulso urbanístico y de negocios, propio de una ciudad inmersa en modernas circunstancias. El sistema portuario de Moín no será solo la terminal de APM porque la zona dispone de polos de atracción turística periféricos para adaptarlos a esta oportunidad.

Hacer de la terminal un centro generador de un nuevo contexto económico y social, especialmente, del cantón central de Limón, va a depender de las iniciativas políticas y sociales de su población e instituciones, pues Japdeva contará con recursos para ello.

Deben aflorar voluntades de superación, capacidad para tomar decisiones con miras al futuro y creatividad para reconvertir la provincia caribeña en una verdadera ciudad puerto. Soñar no cuesta nada. Aunque fuera complicado, no tiene por qué ser imposible.

El autor es exdirector general marítimo-portuario.