Jessica Sheffield. 24 septiembre, 2018

Según una investigación publicada en el 2017 por el periódico La Voz de Guanacaste, más de 122.000 guanacastecos no reciben el servicio de recolección de basura, a pesar de la obligación municipal estipulada en la Ley 8839.

Factores como la distancia, la dificultad de acceso a ciertos poblados, ineficacia en el cobro de impuestos y el manejo del presupuesto municipal, así como la poca voluntad política, tienen a nuestra provincia ahogándose en sus propios desechos.

El cambio de cultura en el manejo de los residuos sólidos debe empezar en nuestro sistema educativo

Al no existir alternativas, miles de familias se ven forzadas a quemar la basura enfrente de sus hogares, arrojarla a los ríos o deshacerse de ella en pequeños botaderos clandestinos, prácticas cuyas consecuencias son el daño a la salud pública y ambiental.

Nosara, Guanacaste, aparte de ser una de las comunidades donde la Municipalidad no recoge los residuos, su población crece exponencialmente. Ahí se presenta otro problema: un botadero a cielo abierto compuesto por miles de toneladas de residuos sólidos que le roban terreno al bosque seco tropical, un ecosistema en gran riesgo de desaparecer del planeta.

El botadero está contaminando, también, las aguas superficiales y subterráneas de Nosara, y pone en riesgo el Refugio de Vida Silvestre Ostional, lugar donde ocurre uno de los fenómenos naturales más increíbles del orbe: el arribo de tortugas lora (Lepidochelys olivacea).

Punto peligroso. A pesar de los esfuerzos de Nosara Recicla, ONG de la que formo parte, para educar a la población en reducir, reusar, reciclar sus residuos y luchar por la recolección de basura municipal, durante los últimos 10 años, la situación es crítica. ¿Cómo llegamos hasta aquí?

Logramos posicionar a Costa Rica como un país “verde” para el mundo gracias a nuestro extenso sistema de áreas protegidas y la energía renovable, pero por décadas hemos barrido y colocado debajo de la alfombra un asunto menos “atractivo” para nuestros políticos, pero crucial para la economía, la salud y el ambiente: cómo deshacernos de nuestros residuos sólidos.

Una opción para la provincia es el proyecto propuesto por Coopeguanacaste, que consiste en generar electricidad a partir de los residuos no valorizables (aquellos que no pueden ser reciclados) mediante el método de gasificación. El plan ha generado debate y se encuentra varado en la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (Setena).

A los detractores, con gran razón, les preocupa que los residuos reciclables puedan terminar en un horno.

En la otra cara de la moneda está el beneficio para las municipalidades que firmaron un convenio con la cooperativa, pues no tendrían que pagar por tonelada de residuos recibidos, como sucede en rellenos sanitarios, y se ahorrarían cientos de millones de colones. Al analizar las ventajas y desventajas del proyecto, me pregunto: ¿No es más viable para el gobierno y los ciudadanos asegurarnos de que la operación de una sola planta se apegue a la legislación y a estándares internacionales, que el panorama actual de los residuos siendo vertidos y quemados sin ningún tipo de control por miles de familias? ¿Podrían las municipalidades invertir el dinero que no debe pagarse por tonelada de residuos en ampliar la cobertura actual del servicio de recolección, crear estaciones de transferencia o fortalecer la recolección selectiva, y con ello aumentar el porcentaje de recuperación de residuos valorizables que, al día de hoy, están lejos de alcanzar el nivel exigido en la Estrategia Nacional de Residuos 2016-2021?

Ejemplos de éxito. ¿Por qué no soñar y proponernos metas mucho más ambiciosas? La ciudad de Calgary, en Canadá, convierte sus residuos orgánicos en abono a gran escala utilizando energía solar. En Kenia producir, vender o utilizar bolsas plásticas es ilegal y los infractores pagan penas altas por ello. Países como Finlandia y Francia están dando los primeros pasos hacia la economía circular, basada en la regeneración y la restauración y no en la extracción, el consumo y el descarte.

El cambio de cultura en el manejo de los residuos sólidos debe empezar en nuestro sistema educativo. En materias relacionadas con la educación ambiental, son los niños quienes están enseñando a los adultos. Esos dolores de cabeza del mal manejo de los residuos en muchas comunidades del país pasarían a ser cosas del pasado si todos nuestros niños crecieran identificados y empoderados como guardianes de nuestros recursos naturales.

La autora es bióloga marina.