Fernando Gutiérrez Coto. 9 octubre

Cuando Rodolfo Martín, compañero en La Nación durante muchos años, me contó de su gestión para que el Colegio de Periodistas (Colper) nos hiciera un reconocimiento a Carlos Hernández y a mí, por la trayectoria como corresponsales periodísticos, no lo rechacé para no parecer malagradecido.

Sí le dije que la prioridad era Carlos. No iba a referirme a este asunto, que ha estado circulando en las redes sociales, pero la carta aparecida el 8 de octubre en estas páginas, firmada por Ramón Alfonso Soto Sanabria, quien por cierto se inició en estas lides en el periódico Evolución, que yo dirigía en Paraíso de Cartago, me hacen salir a la palestra.

Nunca he sido gremialista y, aunque en diferentes oportunidades a finales de los años sesenta y principios de los setenta, amigos periodistas me instaron a procurar la afiliación, nunca lo hice.

Hasta hace pocos años, debido a la insistencia del también amigo comunicador Enrique Salas, me afilié por poco tiempo al Círculo de Periodistas y Locutores Deportivos, organización 15 años más antigua que el Colegio de Periodistas.

En resumen, para desempeñarme en este oficio en La Nación, a lo largo de 48 años y 3 meses, no necesité del Colegio, me bastaron la vocación, los talleres de aprendizaje en el periódico y cursos patrocinados por el Instituto Tecnológico de Costa Rica cuando coordiné su Oficina de Prensa.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos derogó la obligatoriedad en 1985 y la Sala Constitucional, después, lo reiteró en un fallo sobre el ejercicio del periodismo y la libertad de expresión.

El autor es periodista.