Orlando Morales M.. 17 noviembre, 2020

La aprobación del proyecto que se discute en el Congreso sobre el cannabis medicinal y, en menor grado, el cannabis industrial (o cáñamo) sería una mala decisión.

Cualquier texto sobre química medicinal indica la gran cantidad de productos biológicos extraídos del cannabis que se han probado en busca de un efecto terapéutico.

Algunos de ellos fueron aprobados por un ente serio, como la FDA, por lo cual no parece un argumento válido decir que enfermos terminales o con diversos padecimientos no tienen derivados de tetrahidrocannabinol (THC) o bien los cannabidioles (CBD) para atenuar sus dolencias.

Autorizar la siembra de una planta de conocidos efectos psicotrópicos deja de lado la vigilancia casi imposible de los sembradíos.

El país ya tiene suficientes problemas de narcotráfico y drogadicción como para entrar en un asunto peligroso que perjudicará, previsiblemente, a los estratos más bajos de la población.

Se dice que se materializará la deseada reactivación económica, pero países como la India, con 1.350 millones de habitantes, lo explotan comercialmente y junto con otros grandes países tendríamos competidores ya experimentados en la industria farmacéutica.

Como el sabio consejo de las abuelitas: ante la duda, abstente, y es peligroso vender la estabilidad social del país por unos dólares más.

Lo más llamativo es que el Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA), organismo técnico conocedor de la materia, no haya participado en forma decisiva y convincente en este asunto que le atañe directamente.

En cuanto al Ministerio de Seguridad Pública y sus agencias de control de drogas, aunque deben de estar asustados, pues el narcotráfico es incontrolable, no expresan su preocupación, así como tampoco la Caja Costarricense de Seguro Social, la cual diseñó los centros de cesación del fumado y en el futuro tendría que contar con centros de desmariguanización.

Efectos corporales. El otro problema es el mecanismo de acción de los cannabinoides. En las sinapsis actúa como un neurotransmisor retrógrado inhibitorio en el sistema nervioso.

Por este mecanismo pueden bloquear la liberación de neutrotransmisores naturalmente inhibitorios (y por tanto, excitar) y si al mismo tiempo bloquean la transmisión de neutrotrasmisores facilitadores se produciría un efecto inhibitorio de funciones neuronales.

En otras palabras, el THC y sus derivados tienen un efecto muy particular, por cuanto deprimen algunas vías neurales (dolor) al tiempo que activan otras (apetito).

El problema serio es la drogadicción. No es recomendable jugar con nuestras funciones cerebrales. Bien haría el gobierno en oponerse y espero el veto presidencial en caso de que el Congreso lo apruebe, por los efectos secundarios, pero no por ello menos reales en la población, principalmente en los jóvenes.

Siembra sin éxito. Voy ahora con el cannabis industrial, o sea el cultivo del cáñamo. Es volver otra vez a la agricultura de un producto sin conocer los resultados, porque, si bien se siembra, no ha sido a gran escala.

Todos conocen que hay que desarrollar un paquete tecnólogico que dé soporte a la eficiencia y rentabilidad de un nuevo cultivo. Sobre esto hay experiencias fallidas, como el palmito y la macadamia, y las neobananeras, que no tuvieron el éxito esperado.

Tómese nota de que nuestro país ni siquiera es autosuficiente para proveer el gallopinto: arroz, frijoles y el maíz de las tortillas o el maíz amarillo para concentrados animales son importados, y así nada nos asegura eficiencia agroindustrial en lo referente al cáñamo.

Dicho de otra manera, es una dudosa alternativa para la revitalización de la economía.

Por lo visto, el presidente está obnubilado, pues anunció la producción de cannabis medicinal en el informe de mayo de este año y lo ratificó varias veces.

Me pregunto si la frontera agrícola no ha llegado a su límite y si nuestra rica biodiversidad no se vería afectada también por la ampliación de nuevos cultivos (extensivos territorialmente e intensivos en mano de obra barata), en vez de propiciar la regeneración natural de los espacios silvestres de tierras en desuso que no son mecanizables.

Sobre este punto desafortunadamente los ecologista no se han manifestado, en un asunto de su interés. En todo caso, el mundo está en la cuarta revolución industrial y no preconiza una vuelta a la tierra.

Pareciera que la visión del gobierno es conducir el carro del progreso en marcha atrás.

El autor es catedrático jubilado de la Escuela de Medicina de la UCR y profesor de Fisiología Humana en la UACA.