Orlando Morales Matamoros. 23 diciembre, 2019

Me apropio parcialmente del sugestivo título del artículo del médico Alberto Morales Bejarano, publicado en estas páginas el 19 de diciembre.

En primer lugar, debemos reconocer el esfuerzo continuo, en beneficio de la niñez y los adolescentes, pues tal como ha escrito y documentado, esta población “frecuentemente afronta condiciones de vida adversas”, sobre todo quienes “residen en zonas rurales, costeras o marginales”.

En el artículo, el Dr. Morales menciona cinco instituciones que no funcionan debidamente, pero también adiciona un sexto punto referente a los maestros y profesores que han descuidado el compromiso de apoyo a este sector etario, vulnerable y siempre en riesgo.

Sin embargo, y aquí viene lo medular de mi comentario, la primera línea de defensa para el bienestar de los niños y adolescentes son sus progenitores. No hay duda de la responsabilidad de las instituciones sociales en protegerlos, pero son acciones supletorias de asistencia en aspectos biológico, social y psicológico, en ausencia de una familia que los acoja.

Familias monoparentales. Recuerdo que una estudiante de la carrera de Periodismo me visitó, décadas atrás, en la Escuela de Medicina, para manifestarme su interés en un trabajo comunal universitario. Su proyecto de estudio estaba relacionado con la madre soltera y las que eran cabeza de familia, que en aquel tiempo ya representaban un 30 % de los hogares, pero hoy, amenazadoramente, se acercan al 50 %.

He aquí el problema, la familia con padre ausente y sin apoyo de ningún tipo a menudo está formada por la madre y varios hijos desamparados en riesgo social, que rompen la armonía del tejido social.

La asistencia de las instituciones del Estado es necesaria, pero la función de madre incubadora a repetición es un peligro social en ciernes, cuando el producto de la fecundación no lleva aparejado un mínimo de condiciones para el desarrollo biopsicosocial, ambiental y ético.

Es responsabilidad de la pareja, y en sencillo, es relativamente fácil la ejecución del acto sexual humano, pero es tremendamente difícil dotar a niños y adolescentes de las condiciones apropiadas de crianza para su éxito como personas y, naturalmente, de provecho para la sociedad.

Reproducción responsable. En resumen, las instituciones que velan por la niñez y la adolescencia deben funcionar adecuadamente, como el Dr. Morales Bejarano ha denunciado, pero si bien es cierto que hay que atacar los efectos o consecuencias, la mayor eficacia estaría en erradicar las prácticas reproductivas irresponsables, cuando las condiciones no aseguren un mínimo para el bienestar futuro de niños y adolescentes.

En fin, hay que volver a la tetralogía del viejo modelo: promoción, prevención, tratamiento y rehabilitación, mutatis mutandis, orientada a la salud reproductiva.

Sería un gran paso para la felicidad de la familia, el éxito futuro de los niños y adolescentes, y una sólida contribución a la armonía de la vida en sociedad.

Pero la visión integral de la situación social del país no es nada halagüeña, pues los datos de Conapam sobre el adulto mayor son preocupantes, y es bien sabido que el desempleo no baja del 13 % y quienes tienen trabajo viven endeudados y recurren a acciones de salvamento por parte del Estado.

En otras palabra, si la pirámide poblacional no se apuntala prontamente desde la base hasta la cúspide, corre el riesgo de derrumbarse, con funestas consecuencias sociales en un futuro cercano.

El autor es médico.