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Foro: La antropofagia de ayer y de hoy

Un vistazo a los hallazgos en la sierra de Atapuerca, en España, devela una realidad del linaje humano desde tiempos ancestrales.

La sierra de Atapuerca en Burgos, España, es una de las regiones paleoarqueológicas más ricas del mundo. En la sierra se han encontrado más de 7.000 fósiles humanos, un gran número de huesos de animales y utensilios que tienen entre 1,2 millones y 100.000 años de antigüedad.

En el sitio, hay varias cavernas y yacimientos develados por accidente, cuando un pedazo de la sierra fue abierto para trazar la línea del tren.

Los fósiles humanos más antiguos de Atapuerca son los de la Gran Dolina, que datan de 900.000 a 700.000 años antes del presente. Debido a las características de los fósiles y a las herramientas halladas en el sitio, existe un debate sobre el linaje de este humano dentro del género Homo.

Algunos antropólogos consideran que los humanos de la Gran Dolina fueron el vínculo evolutivo con los Homo heidelbergensis y los preneandertales. Incluso, es probable que los humanos de la Gran Dolina fueran contemporáneos del Homo erectus en Europa, pues cerca de ahí, en la llamada Sima del Elefante, se han encontrado restos humanos de hace 1,2 millones de años.

Aunque las personas de la Gran Dolina eran altas y fuertes, con una anatomía del cráneo más moderna, tenían el arco óseo, en donde van las cejas, muy pronunciado y un cerebro más pequeño que el de los humanos actuales, con apenas mil centímetros cúbicos y menos circunvoluciones.

En el sitio se han encontrado también herramientas de piedra que se empleaban para descuartizar a la carroña o a los animales que cazaban. Los humanos de la Gran Dolina trabajaron la piedra, los huesos y la madera, pero no llegaron a usar el fuego.

Mordiscos. La evidencia más antigua de canibalismo descrita está en la Gran Dolina. De todos los restos humanos descubiertos, cerca del 45 % exhibe algún tipo de modificación antropogénica, como marcas de corte, rotura de huesos por percusión y descamación, y señas de dientes humanos. En la Gran Dolina, los cuerpos fueron desollados, eviscerados y desarticulados, y los cráneos, rotos para consumir el cerebro.

Los huesos largos se fracturaron intencionalmente para extraer la médula ósea, rica en nutrientes. El patrón de matanza muestra el consumo total del cuerpo, incluidos los órganos, grasa y tejidos ricos en energía.

Existen varias teorías para explicar el canibalismo en la Gran Dolina. Por un lado, está el canibalismo de emergencia, comportamiento excepcional necesario para compensar la inanición, como el practicado por los sobrevivientes del equipo de rugby uruguayo, cuando este quedó varado en los Andes, tras estrellarse el avión en el que viajaban, en 1972.

Otra es el canibalismo ritual, como el practicado por algunos guaraníes americanos, quienes creían que era la forma de adquirir las aptitudes de la víctima.

Una reconstrucción de la dinámica trófica del entorno de Atapuerca durante el Pleistoceno medio y tardío refuta la idea de que el canibalismo en la Gran Dolina fuera de emergencia porque en la región había variedad de animales como jabalíes, ciervos, mamuts, osos, hipopótamos, aves migratorias y otros recursos. Además, la disposición desordenada de los huesos no es compatible con prácticas rituales.

Todo apunta a que la antropofagia practicada en la Gran Dolina fue un canibalismo nutricional; es decir, el consumo frecuente de otros humanos mediante la cacería, como si se tratara de animales de presa de alto valor nutritivo.

Con garrote. Este no es un caso único, también se ha documentado canibalismo entre los neandertales hallados en Croacia y Bélgica. Asimismo, en Atapuerca, en un sitio llamado Sima de los Huesos, se descubrió un cráneo de 430.000 años de antigüedad con señales ineludibles de que fue asesinado mediante un garrotazo.

El mito “del buen salvaje” promovido a partir del siglo XVII por los europeos aún es parte del imaginario que pondera como “noble” la manera de ser de los pueblos “primitivos” e indígenas. La realidad es muy diferente. El asesinato y la antropofagia de emergencia, religiosa, nutricional o político-social ha sido una realidad del linaje humano desde tiempos ancestrales. La diferencia es que, en la antropofagia contemporánea del mercado, a los humanos se los “comen” vivos.

emoreno@racsa.co.cr

El autor es inmunólogo, miembro de la Academia Nacional de Ciencias.