Carlos Manuel Echeverría. 4 febrero

Sorpresivamente, es en Guatemala, país sede, donde se cuestiona al Parlamento Centroamericano (Parlacen), al cual no pertenecen ni Costa Rica ni Belice.

Parece que la gota que rebosó el vaso fue la rápida juramentación del presidente saliente, Jimmy Morales, para formar parte de este instrumento internacional con el fin de obtener inmunidad.

Al Parlamento le salieron enemigos por todo lado: unos dicen que es muy caro, lo cual es posible, pues absorbe, o lo hacía hasta hace poco, más de la mitad del costo operativo del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), si excluimos su banco, el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).

Los centroamericanos debemos aprovechar el momento y ser creativos para dar nueva vida a una idea válida, pero, según la opinión cada vez más generalizada, ejecutada incorrectamente.

Otros dicen que es poco útil porque no legisla. Difícilmente, ciudadanos de los países miembros estén preparados para que diputados ajenos a sus naciones les impongan leyes.

Además, como Centroamérica no es un bloque federado, como en el siglo antepasado, tendría posiblemente roce constitucional en los países del SICA.

Algunos van más allá y argumentan que, lamentablemente, el Parlacen como foro de debate deja mucho que desear, pues los candidatos para las 20 diputaciones por país son personas no tomadas en cuenta para el Congreso nacional u otros cargos. Dicho de otro modo: no lo integran, ni por asomo, las mejores cabezas para sostener debates cuyos frutos se vean en la práctica.

Intercambio de pareceres. La idea de un parlamento centroamericano es útil, aunque no legisle, como centro de discusión y fomento de pensamiento ilustrado sobre el desarrollo del proceso de integración y para el análisis sobre cómo nos afectan situaciones mundiales o regionales.

Es un sistema que bien puede coadyuvar al desarrollo de un pensamiento centroamericanista, ausente hoy, excepto en círculos muy exclusivos.

Asimismo, si los 120 diputados que lo integran lograran exponer criterio independiente al de los gobiernos de sus respectivos países, el Parlacen se convertiría en un instrumento que, en épocas difíciles para la integración, como la actual, mantenga en alto el espíritu integracionista.

Costa Rica no se ha opuesto al concepto del Parlacen, pues al suscribir y ratificar el Protocolo de Tegucigalpa a la Carta de la Organización de Estados Centroamericanos lo está aceptando.

Pero, por otro lado, no ha firmado el Tratado Constitutivo del Parlamento Centroamericano, que data del 20 de agosto de 1994, por las razones expuestas en los párrafos anteriores.

Propuesta costarricense. Durante la administración de Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002), Costa Rica hizo una propuesta bastante razonable: que el Parlacen tenga una secretaría técnica y administrativa fuerte y solicite a los Congresos de los países miembros el envío de diputados de las comisiones nacionales legislativas según el temario.

El grupo se reuniría como Parlacen para debatir y plasmar las propuestas de homologación de leyes con visión regional, que sean aprobadas por los respectivos congresos nacionales.

Los sueldos de los diputados que vayan al Parlamento serían cubiertos por cada Estado y el órgano regional pagaría los gastos de transporte y viáticos.

De ser necesario, las sesiones se llevarían a cabo mediante teleconferencia. El Foro de Presidentes Legislativos (Foprel) ha promovido una dinámica como la mencionada, pero no es lo mismo.

Los centroamericanos debemos aprovechar el momento y ser creativos para dar nueva vida a una idea válida, pero, según la opinión cada vez más generalizada, ejecutada incorrectamente.

cmecheverría@yahoo.com

El autor es ex director general de política exterior y exembajador de Costa Rica en El Salvador.