Mauricio Ventura. 18 marzo

El turismo es una industria dinamizadora, motor de progreso social y generadora de empleo e inversión. Contabiliza aproximadamente $4.000 millones, alrededor del 8 % del producto interno bruto (PIB), y 600.000 empleos entre directos e indirectos, lo cual representa cerca del 30 % de la fuerza laboral.

Cuando la ola del coronavirus amenaza con arrasar todo a su paso, parece insólito que el gobierno no se percate del panorama tan oscuro que tenemos delante.

La situación no se normalizará al abrir las fronteras nuevamente. Sería utópico pensar en una crisis de tres semanas. El problema comenzó antes y no se sabe cuándo terminará.

Aunque el cierre de fronteras fue oportuno, para el sector turístico se traduce en cero ingresos. Si el efecto acumulado en el turismo durante el 2020 representara una reducción del 25 % en la cantidad de visitantes y de la actividad turística, es decir, 800.000 turistas menos, el resultado sería una disminución de $1.000 millones y alrededor de 150.000 personas sin trabajo.

El porcentaje de desempleo llegaría al 20 %; es decir, alrededor de 450.000 personas, con una concentración principalmente en las zonas costeras, las más deprimidas en la actualidad.

La situación no se normalizará al abrir las fronteras nuevamente. Sería utópico pensar en una crisis de tres semanas. El problema comenzó antes y no se sabe cuándo terminará.

Los aviones no volarán como es usual el día siguiente de levantado el cierre de fronteras porque no habrá costarricenses saliendo del país ni extranjeros entrando.

Negocio perdido. El año anterior más de un millón de costarricenses viajaron al extranjero; alrededor de 875.000 lo hicieron por vía aérea: cerca del 30 % de la ocupación de los aviones, los cuales no vendrían a Costa Rica si no existiera esa dinámica, ya que el 70 % de ocupación restante no es un negocio rentable.

Sin los viajes de los costarricenses, los turistas internacionales tendrían serias limitaciones para visitar Costa Rica debido a la pérdida de rentabilidad para las aerolíneas.

Aunque parezca difícil de imaginar, los aviones buscarán parqueo en sitios desérticos a causa de la reducción drástica de operaciones y la incapacidad de los aeropuertos para tenerlos estacionados a todos.

Los datos de las líneas aéreas son alarmantes, las pérdidas se calculan en ¢113.000 millones, por lo que se prevé una lenta recuperación. Aunado a esto, debe tomarse en cuenta la desconfianza de ir a otras naciones.

Más allá de Costa Rica, la situación es dramática en nuestros principales mercados proveedores de turistas (España, Italia, Alemania y Estados Unidos). Como secuela, la recesión en el sector podría durar hasta finales de diciembre.

Rescate. El costo social y económico para el país será altísimo si no se actúa de forma decidida y rápidamente. La crisis para las empresas turísticas y sus empleados ya empezó y las soluciones urgen para evitar despidos masivos, aliviar la falta de flujo de caja y evitar el cierre de las empresas.

Es necesario flexibilizar los contratos laborales, con la clara intención de retener al personal, aunque conlleve una modificación salarial. También urge suspender el pago de las cargas sociales y de la energía eléctrica por un periodo de seis a nueve meses, así como liberar el flujo de caja al no abonar a los préstamos durante un año.

Sumado a lo anterior, es necesario un replanteamiento del superávit del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), el cual ronda los ¢25.000 millones. Debe interrumpirse de inmediato la intención de uso por parte del Ministerio de Hacienda y dirigir la mitad de los recursos a un subsidio estatal durante seis o nueve meses, junto con otros recursos del Estado, para ayudar a las empresas a retener su personal.

El ICT debe destinar la otra mitad del superávit a la promoción del país después de la crisis y a recuperar el turismo perdido, pues caerán los ingresos de la institución provenientes del impuesto de $15 por el ingreso a Costa Rica por vía aérea.

La reducción estimada del 25 % de los visitantes representaría aproximadamente 800.000 llegadas internacionales menos, lo cual habría generado alrededor de ¢12.000 millones en impuestos para al ICT.

Son necesarias soluciones nuevas para sostenerse en un escenario sin precedentes. El gobierno debe ser consciente de que el turismo es el motor de la economía nacional, llega hasta donde ninguna otra industria y genera encadenamientos de gran valor.

El autor es exministro de Turismo.