Alberto Morales Bejarano. Hace 4 días

Cuando lo urgente se impone a lo verdaderamente importante, se soslayan aspectos que al final son los que hacen la diferencia. Un ejemplo es el abandono de la satisfacción de las necesidades de la población adolescente y joven, lo cual ha llevado a su actual precaria situación.

Un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas, publicado en junio, titulado 165 millones de razones: un llamado a la acción para la inversión en adolescencia y juventud en América Latina y el Caribe, revela la situación de la población entre los 10 y los 25 años, y la necesidad de actuar, pues como sociedad la hemos desatendido.

¿Será un futuro de sociedades prósperas? ¿O un futuro de menos oportunidades y desesperanza? Las decisiones que tomemos hoy harán la diferencia.

El próximo año el 40 % de las personas de la región tendrán menos de 24 años, lo cual las convertirá en la generación de jóvenes más grande de la historia. El cumplimiento de sus aspiraciones futuras de crecimiento y desarrollo dependerán en buena medida de acelerar las inversiones en ellos.

Dentro de una década, una tercera parte de los países de la región llegará al final de la ventana del dividendo demográfico, resultante del simple hecho de contar con una gran proporción de personas en edad de trabajar.

Los jóvenes de hoy serán testigos de una transición demográfica a medida que vayan avanzando en edad. En el 2061, el número de mayores de 65 años excederá al de menos de 20.

Baja cantidad de trabajadores. Las capacidades que las generaciones de jóvenes desarrollen hoy determinarán las posibilidades de la sociedad para adaptarse a una fuerza laboral que habrá de reducirse de manera significativa. Frente a esta realidad se necesitan, de acuerdo con el informe, 10 acciones prioritarias:

1. No dejar a ninguna persona adolescente o joven atrás (igualdad de oportunidades).

2. Garantizar a todas las personas la conclusión de la educación secundaria.

3. Apoyar el empleo juvenil.

4. Crear más espacios para el involucramiento y la participación social de adolescentes y jóvenes.

5. Garantizarles el acceso universal a servicios de salud integrados y de alta calidad.

6. Reducir los embarazos no deseados en adolescentes.

7. Brindar educación integral para la sexualidad apropiada a las diferentes edades.

8. Combatir la violencia por razón de género contra las mujeres y las niñas.

9. Poner fin a las uniones y matrimonios tempranos o forzados antes de los 18 años.

10. Garantizar la paz y la seguridad a adolescentes y jóvenes

Futuro en sus manos. No existe duda de que en América Latina y el Caribe los jóvenes tendrán una enorme influencia en la definición de nuestro futuro compartido.

Las preguntas son: ¿Será un futuro de sociedades prósperas? ¿O un futuro de menos oportunidades y desesperanza? Las decisiones que tomemos hoy harán la diferencia. Aquello que hagamos con y por los adolescentes y jóvenes definirá nuestras familias, comunidades, sociedades y sistemas políticos y económicos.

A escala global, el mundo es el hogar de 1.800 millones de adolescentes y jóvenes (de 10 a 24 años) y en América Latina y el Caribe viven 165 millones de ellos, es decir, una de cada cuatro personas es joven. En Costa Rica, es el 25 % de la población.

De manera general, los adolescentes y jóvenes de hoy tienen un mejor nivel educativo, son más abiertos a cambiar de lugar, conocen la tecnología y están conscientes de sus derechos, lo que representa atributos que dan esperanzas. No obstante, todavía queda mucho por hacer para apoyarlos de modo que ejerzan sus derechos plenamente. Muchas de sus realidades y necesidades, que son únicas, continúan siendo ignoradas.

En nuestro país, la alta expulsión en secundaria, asociada a su debilidad para constituirse en un sistema que contenga y retenga a los adolescentes, un débil sistema de protección, la desatención de la salud diferenciada e integral (incluidas la mental, sexual y reproductiva), la resistencia a los programas de educación sexual, al enorme desempleo juvenil y el espejismo de ser emprendedor juvenil, entre otros, se constituyen en una problemática que demanda acciones urgentes y de amplios efectos.

Como dice el informe, “si no se hace frente a esos cuellos de botella, por ejemplo, a través de las inversiones adecuadas, la región habrá de enfrentar pérdidas inaceptables en términos de capital humano; una situación que habrá de traducirse en enormes costos sociales y económicos, además de menoscabar los derechos humanos”.

El autor es médico pediatra.