11 febrero, 2011

En el New York Times, Stanley Fish, profesor de Derecho de la Universidad Internacional de la Florida, refutó los argumentos de Anthony Kronman, profesor de la Universidad de Yale, quien sostenía que el estudio de las humanidades y la discusión sobre el propósito de la existencia humana, deberían ocupar un lugar privilegiado en la educación superior.

Decía Fish: “Suena bien, pero tengo mis dudas. ¿Realmente funciona de esa manera? ¿Ennoblecen las humanidades? Y en ese caso, el salvarnos ¿es asunto de las humanidades, o de cualquier otra área de estudio académico? La respuesta en ambos casos, pienso yo, es no'Los profesores de literatura y filosofía son competentes en un temática, no en un ministerio. No es asunto de las humanidades salvarnos'.¿Qué es entonces lo que hacen? No hacen nada, si por “hacer” se entiende tener algún efecto sobre el mundo. Y si no tienen ningún efecto sobre el mundo, no pueden justificarse salvo en relación al placer que le dan a aquellos que las disfrutan”.

¿Por qué se enseñan las humanidades y otros cursos de Estudios Generales en las carreras de grado? En realidad, ¿promueven las facultades morales e intelectuales de los estudiantes? ¿Cómo sabemos con certeza si, según Fish, no podemos ver los “efectos en el mundo”? Aún más, ¿por qué se requieren cursos sin pertinencia temática o utilidad vocacional si los estudiantes se matriculan en las universidades para mejorar sus oportunidades de empleo, no para tomar conciencia de los logros pasados de la humanidad ni de sus responsabilidades cívicas? Esto hace que la educación superior sea innecesariamente costosa, amplía la duración de los programas, y ocupan espacio que podrían ocupar otros cursos importantes de la especialidad. La educación general, dicen los detractores, debería dejarse en su lugar: en las escuelas secundarias.

Estudios necesarios. Mi respuesta a todos aquellos como Stanley Fish es que los Estudios Generales deben incorporarse en todas las carreras de grado de las universidades en Costa Rica y el mundo. La educación interdisciplinaria que conllevan los Estudios Generales ofrece a los individuos múltiples lentes desde los cuales pueden analizar problemas complejos y un repertorio más extenso de herramientas cognitivas para llegar a mejores soluciones. También les brinda la oportunidad para correlacionar, compartir y reconstruir el conocimiento, conforme las fronteras entre disciplinas se borran y una comprensión más holística de la experiencia humana comienza a surgir.

Y mientras los “efectos en el mundo” de enseñar a otros a actuar como solucionadores de problemas informados, flexibles y éticos no son siempre aparentes en el corto plazo, bastaría con estudiar las razones por las cuales los ciudadanos de las naciones educadas con programas de Estudios Generales rigurosos cuentan con mayores facultades intelectuales, palpables en el liderazgo de sus universidades, sus descubrimientos científicos, sus innovaciones creativas, su espíritu emprendedor, la prosperidad económica, y la producción y el consumo de productos culturales, tales como libros, museos, teatros y demás.

Aun así, y en reconocimiento al argumento de Stanley Fish, todavía queda mucho por hacer para infundir facultades morales, y ciertamente, el cuerpo docente en los departamentos de Filosofía, Psicología, Literatura y Teología son algunos de los especialistas mejor equipados para ayudar a las universidades a alcanzar este cometido.

Los alumnos pueden beneficiarse de una educación interdisciplinaria ahora más que nunca, no solo para alfabetizarse culturalmente o para asumir sus responsabilidades cívicas, sino para atender su preocupación más inmediata: la de vivir prósperamente. Adquirir conocimientos y destrezas en una sola disciplina, son importantes resultados de aprendizaje de la educación superior, pero no garantizan el éxito en los ambientes laborales del siglo XXI.

Excesiva especialización. Tradicionalmente, la especialización se ha valorado entre los académicos universitarios alrededor del mundo como un resultado de las influencias poscoloniales. Los programas universitarios han sido altamente especializados, y hasta los sistemas de educación secundaria han encaminado a los estudiantes hacia campos académicos o técnicos. La expectativa es que cuanto más educadas sean las personas, más especializadas serán.

Sin embargo, la globalización reta el concepto de especialización. Las personas deben ser versátiles y poseer destrezas avanzadas de pensamiento, comunicación y aprendizaje a lo largo de la vida. Necesitan participar en programas de especialización a corto plazo, según las necesidades y demandas cambiantes de una compañía.

Existe una demanda por realizar tareas especializadas, no por personas especializadas. Los individuos necesitan trabajar en equipos interdisciplinarios y a través de las disciplinas.

Se espera de ellos puedan cambiar de empleo y profesión en múltiples ocasiones a lo largo del tiempo, por lo que preparar a los estudiantes para una ocupación específica, con la excepción de ciertas carreras tales como la Medicina, podría no ser muy útil en el corto plazo. ¿Qué implicaciones tienen estos cambios en los contextos laborales sobre la educación superior?

Las carreras de grado deben fortalecer el componente de Estudios Generales para fortalecer las habilidades de los alumnos para pensar de manera crítica y creativa; para comunicarse de forma oral, visual y por escrito, en dos o más idiomas; para utilizar adecuadamente la información y la tecnología; para actuar éticamente; y autorregularse.

Los Estudios Generales no necesitan aumentar el costo de la educación, ampliando la duración de los programas u ocupar el lugar de cursos de especialidad. Los cursos más especializados deberían ofrecerse en niveles educativos consiguientes y los cursos de educación general impartidos a nivel de bachillerato universitario. Los costos de no ofrecer una educación general en la formación universitaria es, sin duda, un mayor precio que pagar.

Enseñar solamente conocimientos y destrezas de una sola disciplina no asegura la realización humana y ciertamente no prepara a los estudiantes para tratar con los diversos problemas que amenazan la coexistencia humana pacífica, tales como las disparidades sociales y económicas, el conflicto armado, el tráfico de drogas, el terrorismo, la degradación ambiental, y los desórdenes sociales, tales como el consumismo, la violencia doméstica y la anomia: la pérdida de valores y el sentido de propósito.

No podemos esperar que las escuelas secundarias asuman la carga completa de preparar a ciudadanos éticos, involucrados y con consciencia global.