Por: Guillermo E. Zúñiga.   13 marzo

Con respecto a lo publicado en el artículo “Poncio Pilatos, Guillermo Zúñiga y el déficit fiscal”, del economista Eli Feinzaig, publicado el 8 de marzo anterior, aclaro lo siguiente:

El presupuesto es una autorización de gasto. Esto quiere decir que no todo lo que se presupuesta tiene que gastarse en el año. Cuando la Asamblea aprueba el presupuesto que se va a ejecutar el año siguiente, ahí queda una estimación de los ingresos esperados, los gastos proyectados y, por tanto, un déficit estimado. Se le conoce también como déficit implícito. Al final del año, cuando ese presupuesto se ejecutó, después de 12 meses de administrarlo con presupuestos extraordinarios incluidos, se obtiene el déficit real o déficit ejecutado. Son dos conceptos distintos.

Los resultados fiscales del 2006. Al iniciar nuestra administración (Arias Sánchez) el 8 de mayo del 2006, me encontré un déficit estimado (el esperado) de -2,9 % del PIB. Ese era el monto que tenía el presupuesto que la Asamblea había aprobado. Sin embargo, ese año 2006, gracias a la gestión de Hacienda (que gastó menos de lo autorizado y recaudó más de lo previsto) cerramos en -1,1 % del PIB.

Durante ese año, únicamente envié a la Asamblea un pequeño presupuesto extraordinario al final. El buen cobro de impuestos y la marcha de la economía permitieron que recaudáramos mucho más que lo que originalmente se había estimado. La Contraloría me insistió en que presupuestara ese nuevo monto. En la tercera carta que me envió, indicaba que le había mandado copia a los diputados de la Comisión de Ingreso y Gasto Público.

Imagínense ustedes, los diputados llegaron a saber que había más plata. ¡Qué tentación! Pero no autoricé ningún gasto adicional con esos ingresos de más. Por el contrario, se usaron para bajar la deuda. Esas decisiones, que se tomaron en mi periodo, fueron las que permitieron que de un déficit estimado de -2,9 % del PIB, cerrara al final del año en -1,1 % del PIB.

Los resultados fiscales del 2010. Cuando se aprobó el presupuesto para ese año, el déficit estimado que llevaba era -5,0 % del PIB. Ese presupuesto se preparó mientras era ministro. No es que borramos con el codo lo que habíamos hecho. ¡Es la crisis! Y en condiciones extraordinarias se aplican medidas extraordinarias. Porque efectivamente el mundo vivió una Gran Recesión de efectos devastadores. Muchas veces este hecho, maliciosamente, también se omite.

La ejecución real de ese año llevó a un déficit de -5,1 % del PIB. Esto puede llevar a pensar que la ejecución fue tan precisa que se llegó justo a la cifra original. Pero no fue así.

Paso a explicar. En el último trimestre del 2010, bajo la responsabilidad de la nueva administración, el Ministerio de Hacienda autorizó gastos adicionales por un monto cercano al 1 % del PIB, y eso fue directamente a ensanchar el déficit, que les cerró en -5,1 % del PIB. Se registró como gasto y quedó en cuentas de Caja Única. Desde luego, no lo podían gastar en tres meses; quedó “parqueado” en la Caja Única para usarse después. Pero sí cuenta como déficit de ese año.

De la Memoria Anual de la Contraloría del 2010 cito: “Se observa un crecimiento muy pronunciado en el saldo de la caja única en colones al 31 de diciembre del 2010 (93,3 % mayor que en el 2009) el cual contrasta con el modesto crecimiento experimentado en el 2009 (8,2 % respecto al 2008). Al respecto, explica la Tesorería Nacional que una buena parte de este crecimiento obedece a la gran cantidad de recursos de transferencias incluidos en el último presupuesto extraordinario, que se ejecutaron y se acreditaron en la caja única al final del periodo presupuestario”. La explicación de la Tesorería confirma lo que estoy explicando.

Si no hacen ese gasto extra, habrían terminado el 2010 con un déficit del -4 % del PIB, en línea con lo que habíamos negociado con el FMI. ¿Por qué se cerró en -5,1 %? Porque al final del 2010 se gastó de más. Así de sencillo. ¿Quién autorizó ese gasto? La nueva administración.

Conclusión. Llegamos al resultado del 2010 por decisiones de la nueva administración, de la misma manera que llegamos al resultado del 2006 por decisiones mías. Ese es el punto que siempre he defendido. Porque en los ocho meses del año de la transición, las nuevas autoridades pueden y deben tomar muchas decisiones. Así de claro.

El autor es exministro de Hacienda.