28 octubre

Terminaba de jugar baloncesto con mi hijo el lunes cuando, al final de la tarde, recibí una llamada del periodista de La Nación Aarón Sequeira. De inmediato me dije qué bien, después de más de dos años, desde la segunda ronda electoral, coincidentemente de haber desaparecido del radar de ese medio como fuente de información, tengo la fortuna de pegarme, en una semana por segunda vez, la lotería y me van a retomar en esa función.

Creí que me abordarían sobre las distintas propuestas que he hecho para colaborar con el gobierno sobre el fondo nacional de avales, el fondo nacional de vivienda, War Economic Room (sic), reactivación económica, generación de empleo o acerca de cómo reducir el déficit primario o sobre amortizaciones de la deuda.

No fue así, Aarón cuando empezó a abordarme sobre la notificación de la Tributación y sus insinuaciones, como que yo había desvirtuado la información para realizar un show, me decepcioné, pero, pensando en la objetividad del periodista, le dediqué mi tiempo para atender todas sus dudas e inquietudes al respecto.

Le describí literalmente cómo pasaron las cosas. Le dije que no era cierto que la Tributación hubiese planeado entregarme la notificación de una fiscalización tributaria en el Estadio Nacional, en la mesa de diálogo convocada por el presidente, sino que, en palabras de la auditora fiscal, dada la urgencia y porque tenía que ser ese día, le manifesté que si querían vinieran a ese lugar a hacerme entrega de la notificación, cosa que gentilmente hicieron.

Sobre cómo se enteró Aarón de que a las dos personas a las que yo llamé, no como fuentes, sino como conocidos y amigos que son ambos, fueron Elian Villegas y Carlos Vargas, no lo sé y me deja muy inquieto sobre sus fuentes de información, para usar sus mismos términos.

Jamás, como puede insinuarse, pretendí influir en la decisión de la notificación, simplemente quise validar que no se tratara de una estafa o una llamada falsa, cosa que después ambos gentilmente me informaron, que era información cierta, pero no revelaron ningún otro detalle, tal como debe ser.

Le insistí a Aarón varias veces que creo en la objetividad y la transparencia de los funcionarios de Tributación y no tengo por qué, como él lo menciona en su nota, conocer sus procedimientos ni ser experto tributario, pero sí no deja de extrañarme cómo, entre cientos de costarricenses haya tenido la suerte de pegarme la rifa, si en mis 30 años de vida profesional y laboral es la primera vez que recibo una fiscalización tributaria personal.

Todos los habitantes del país estamos sujetos a las revisiones de la Tributación y con gusto rendiré la información que me han solicitado, y espero que las reglas que me apliquen sean las mismas para todos.

Sin embargo, sí me llama la atención el porqué Aarón tenga necesidad de poner a Adrián Torrealba, a quien aprecio y estimo, a tratar de contradecir mi posición. No se trata de dinero que venga de herencias (Dios los oiga), donaciones, premios de lotería, pensiones o ingresos extraterritoriales.

Es tan sencillo, y en plena cuarta revolución industrial, habiendo tantas tecnologías disruptivas como big data, inteligencia artificial y otras, que ayudarían a cotejar la información que la Tributación tiene de mi persona, pues reporto todos mis ingresos por servicios profesionales, intereses, ganancias de capital e impuesto solidario.

Asimismo recaudo y transfiero el IVA por mis servicios, impuestos territoriales y sobre sociedades, cargas sociales, etc., tal que, muy fácilmente, podrían concluir que no se trata de un incremento de patrimonio injustificado, sino que más que justificado está que se debe a 30 años de labor y esfuerzo profesional y, con ello, ambos nos ahorramos un montón de tiempo y se liberan recursos para enfocarse en los grandes verdaderos evasores del país. Pero no importa, de nuevo, el que nada debe, nada teme, y de una vez los autorizo a que hagan público los hallazgos cuando termine la fiscalización.

De verdad, haberme levantado el martes y ver una cobertura con un titular y dos páginas completas no deja más que dejarme estupefacto y dudar de la objetividad de la noticia.

Como hay algunas cosas que no fueron precisas, hoy mismo (martes) le escribí a Aarón para que me diera derecho de respuesta y me indicó que esos mecanismos existen, pero ellos como redactores no los manejan.

Entonces me di a la tarea de averiguar quién con autoridad en La Nación podía darme derecho de respuesta, y un amigo me dio el dato de una persona con ese rango.

Llamé y lo que me dice ese ejecutivo es que debo leer la ley, que ahí está todo lo que tengo que saber sobre derecho de respuesta.

Como estoy estudiando Derecho, no me pareció mal el consejo, entonces le contesté, si después de instruirme leyendo la ley con quién podía contactar en La Nación para coordinar el derecho de respuesta. Me contestó: "En la misma ley está”. Hasta ahí llegó la llamada.

Después de escribir estas líneas como derecho de respuesta, espero que mañana miércoles me las publiquen y tal vez soñaré con un titular en página principal que diga: “Gerardo Corrales gana nueva rifa, economista recibe llamada de La Nación después de más de dos años” y, luego, una página interna que diga: “Gerardo Corrales, después de leer la ley, solicita su derecho de respuesta”.

Con esto cierro este capítulo, y ahora sigo concentrado en seguir dando ideas o propuestas de solución a nuestros problemas económicos, que es lo que realmente interesa y que con gusto estaría dispuesto a detallar a La Nación si alguno de sus periodistas se interesa en ellas.

Firma responsable: Gerardo Corrales Brenes, cédula 302640780.