Ronald Matute. 17 enero

La inseguridad es un problema inquietante en el país. El temor a carterazos, balazos, bajonazos, vivazos y a otros “azos” se cuela dentro de las pláticas en la verdulería, en el minisúper del chino y en el chat de los vecinos.

Los relatos sobre “bichos raros” deambulando por el barrio o de autos recorriendo las calles a baja velocidad con vidrios polarizados ya son best sellers.

El riesgo de que ocurran linchamientos de delincuentes o de personas inocentes, así como de enfrentamientos con bandas armadas, propiciaría un nuevo tipo de violencia

Los comentarios van y vienen y se atizan, aún más, cuando las noticias dan cuenta sobre algún hecho delictivo notorio o un incidente ocurrido cerca del hogar.

No es de extrañar las rejas, el alambre navaja, las alarmas, las cámaras, los candados dobles y el infaltable “guachimán” en nuestras casas.

Sin embargo, cuando se llega al punto de organizar una patrulla de vecinos para efectuar labores de vigilancia, es un indicador de desesperación. Así ocurrió en Sahíno de Pital de San Carlos, donde al menos 70 personas formaron un grupo conocido ya como “los garroteros”.

La organización surgió para frenar robos y venta de drogas que les quitaba la paz a los pobladores. Los vigilantes afirman no portar más armas que unos bastones y unos focos que les regalaron algunos comerciantes agradecidos con sus servicios.

En sus patrullajes nocturnos, según cuentan ellos, ya hicieron varios “arrestos civiles”. Residentes afirman sentirse aliviados y seguros, sin sospechar el peligro que representa el surgimiento de este tipo de grupos.

Imaginemos lo que podría ocurrir si las patrullas de vecinos comienzan a reproducirse en el país, a la libre y sin ningún control de las autoridades. El riesgo de que ocurran linchamientos de delincuentes o de personas inocentes, así como de enfrentamientos con bandas armadas, propiciaría un nuevo tipo de violencia.

Tal vez por eso, la Fuerza Pública tuvo que intervenir, hacer un mea culpa y prometer más vigilancia, charlas, comunicación y reabrir la delegación local.

Está claro que “los garroteros” no habrían aparecido si la comunidad no se sintiera sola y olvidada en la lucha contra la delincuencia. Por ello, el Ministerio de Seguridad Pública también debe tomar este caso como una oportunidad para acercarse a las comunidades.

Ronald Matute es jefe de Información de La Nación.