Editorial

Editorial: La última máscara de Ortega

El FSLN aprobó una reforma legal e integró un Consejo Supremo Electoral que le garantizan total control.

Crédito: tomada del sitio oficial https://www.cse.gob.ni/
Crédito: tomada del sitio oficial https://www.cse.gob.ni/

En el juego de máscaras electorales que ha venido desarrollando durante años, Daniel Ortega se quitó la última el jueves 6 de mayo, y trajo a plena luz lo que ya parecía inexorable. Ese día la aplanadora sandinista en la Asamblea Nacional de Nicaragua, junto con sus partidos aliados o «zancudos», aprobó una reforma legal e integró un Consejo Supremo Electoral (CSE) a su medida. De este modo, borró la posibilidad de una verdadera competencia en los comicios generales que tendrán lugar el 7 de noviembre y garantizó que, ante cualquier reclamo de la oposición, los magistrados que decidirán al respecto tendrán como guía los intereses de la familia y partido gobernantes, no los de la democracia.

Al entregar el control total del CSE a sus cómplices y aumentar la discrecionalidad de los magistrados que lo integran, todos los poderes del Estado han quedado concentrados en la reducida cúpula sandinista. Además, la reforma otorga a la policía nacional —también controlada por Ortega— la potestad de autorizar reuniones políticas, prohíbe la participación a las personas que su hubieran unido a las protestas populares del 2018 y limita las posibilidades de financiamiento a la oposición.

La imposición de este «paquetazo» demuestra que las elecciones serán un simple trámite. Su contenido contradice por completo los reclamos formulados por los dirigentes opositores y organizaciones independientes de la sociedad civil; también, los pedidos de la comunidad internacional, en particular la Organización de Estados Americanos (OEA), la ONU, Estados Unidos y la Unión Europea (UE).

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