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Votar es la llave

Para de verdad aprovechar las elecciones, los distintos actores involucrados deben comportarse a la altura de una democracia como la nuestra, admirada en todo el mundo

El pasado miércoles 6 de octubre el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) volvió a convocar a los costarricenses a las urnas. No es simplemente un rito. No es solamente una tradición. Las elecciones son la llave democrática de los costarricenses, que, más allá de nuestras diferencias, estamos unidos en el anhelo por un mañana mejor; la llave para abrir nuevas oportunidades.

Poner esa llave en las manos de nuestro pueblo, que es el Soberano, es el trabajo que el Tribunal Supremo de Elecciones tiene por delante. Pueden contar con ello. Nuestra experiencia acreditada, tras más de 70 años, nos permite garantizárselo.

Pero ustedes lo saben: una elección impecablemente organizada, como las que estamos acostumbrados a disfrutar en Costa Rica, no asegura que, como sociedad, aprovechemos la oportunidad que nos abre.

La oportunidad para hablarnos y sincerarnos entre nosotros. La oportunidad para asumir la situación en la que nos encontramos, con sus luces y sus sombras, y ser conscientes de los desafíos que enfrenta el país. Y la oportunidad para escoger juntos a las mejores personas y las mejores ideas para salir adelante como pueblo.

Para de verdad aprovechar las elecciones, los distintos actores involucrados deben comportarse a la altura. A la altura de una democracia como la nuestra, admirada en el mundo entero. A la altura de nuestra historia, de lo que hemos sido y de lo que merece este empeño colectivo de 200 años que llamamos Costa Rica.

Hablo de la responsabilidad de los partidos y sus candidaturas, de mantener un estándar ético de respeto a la verdad, seriedad de las propuestas y lealtad hacia nuestra democracia.

Esto significa no socavar la credibilidad en el proceso electoral y su árbitro, así como comprometerse a respetar sus reglas. Un estándar, por cierto, para el cual no se requiere la firma de pactos ni nada por el estilo, porque es una exigencia elemental para cualquiera que compita en unas elecciones democráticas.

Hablo de la responsabilidad de los medios de comunicación de ofrecer periodismo de calidad. Una cobertura del proceso electoral que provea a sus audiencias de información contrastada y análisis rigurosos, útiles para que el elector se forme su decisión electoral.

Y hablo de la responsabilidad de los electores. De asumir la dignidad de su condición de ciudadanos. Como mínimo, votando de manera informada y respetando las diferentes formas de pensar, sentir y ver las cosas de sus compatriotas, única actitud coherente con la realidad de una sociedad plural y de una democracia madura.

Costarricenses, hay quienes quieren verlos convertidos en una masa hastiada y apática. Hay quienes quieren que crean que dando la espalda al proceso electoral están siendo muy críticos y que con ello castigan a los políticos. ¡Es una mentira! Quieren hacerles creer eso para que se queden en sus casas, para que no les estorben, para que los dejen hacer y deshacer a su gusto con lo que es de todos. Voten ustedes o no, habrá nuevo gobierno en mayo próximo.

Lo único que está por verse es si usted influirá en cómo será ese gobierno. Solo con su voto usted puede marcar una diferencia. La indiferencia no hace la diferencia. La indiferencia no cambia nada.

Costarricenses, en sus manos está el poder de elegir, y en cada elección hay una oportunidad. Llegó la hora de decidir. Ni uno solo de los 60 cargos superiores del país está definido. Cada curul de la Asamblea Legislativa, la presidencia y las vicepresidencias, las elegiremos a todas.

Qué cambiar, qué mantener, qué quitar y qué poner es la decisión que está en sus manos. Y lo haremos como sabemos hacerlo: votando. Porque, no obstante nuestros desacuerdos, ese es nuestro gran acuerdo: ser libres para elegir.

Seguramente discrepemos en las líneas políticas que el país debe seguir, pero no en nuestra libertad para escogerlas en las urnas, en paz. En eso estamos de acuerdo.

La democracia es nuestro acuerdo en medio de nuestros desacuerdos. La democracia es eso que no puede cambiar para que podamos seguir cambiando lo que queramos cambiar.

El voto es la democracia en nuestras manos. El voto es nuestra fuerza, es nuestra voz, es la llave del poder para abrir oportunidades. Y el 6 de febrero este Tribunal la pondrá en sus manos.

El autor es presidente del Tribunal Supremo de Elecciones.