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¿Pueden las sanciones contra Rusia funcionar sin China?

No solo debe considerarse el balance económico de las exportaciones e importaciones entre ambos países para dar una respuesta, otros factores tienen peso

Ahora que las potencias occidentales han impuesto sanciones económicas y financieras abrumadoras a Rusia luego de su invasión a Ucrania, muchos se preguntan si la no participación de China minará su eficacia.

También deberíamos preguntarnos si los países ricos pueden hacer más por la gente pobre en muchos países en desarrollo que son el daño colateral de la guerra y las sanciones.

Con base en datos del 2019 (el último año completo antes de la pandemia), China es el socio comercial más grande de Rusia y representa alrededor del 14% de las exportaciones de Rusia y el 19% de sus importaciones. Esto parece sugerir que el hecho de que China participe en las sanciones podría marcar una gran diferencia. Pero dos consideraciones adicionales restringen esta conclusión significativamente.

Primero, más del 60% de las exportaciones rusas a China son petróleo crudo y petróleo refinado que —al menos por ahora— están exentos de las sanciones de la Unión Europea. De manera que, una decisión de China de sumarse al régimen de sanciones bloquearía menos del 40% de las exportaciones de Rusia al país, o menos del 6% de las exportaciones totales rusas.

Segundo, el comercio de Rusia con Europa en su totalidad es muchas veces superior que su comercio con China. Por ejemplo, las exportaciones combinadas (presanciones) de Rusia solamente a Holanda y Alemania superaban sus exportaciones a China. Eso también sugiere que no deberíamos sobrestimar el potencial aporte de China a la eficacia general del régimen de sanciones.

Rusia no puede derivar fácilmente sus exportaciones europeas a China. Sus principales exportaciones, petróleo y gas, enfrentarían restricciones tanto en términos de capacidad de oleoductos y gasoductos como capacidad de refinamiento chinas.

La marcada depreciación del rublo podría ayudar a promover las exportaciones no energéticas rusas a China, pero la base industrial mucho más fuerte de China limita su necesidad de este tipo de importaciones.

Los defensores de sanciones aún más estrictas también tienen que considerar las posibles consecuencias económicas secundarias. Si Occidente decidiera apuntar al sector energético de Rusia, y China reemplazara sus importaciones de energía de Rusia por importaciones de Oriente Próximo u otras regiones, los precios del gas y la electricidad en Estados Unidos, Europa y otras partes probablemente se dispararían aún más.

Si bien China bien puede negarse a participar en las sanciones occidentales contra Rusia por razones geopolíticas, las consideraciones económicas también pueden desempeñar un papel importante.

Como su comercio prepandemia con Rusia era tres veces mayor que el comercio entre Estados Unidos y Rusia y casi siete veces mayor que entre el Reino Unido y Rusia, los costos económicos de sanciones integrales, inclusive a la energía, serían sustancialmente más altos para China (y Alemania) que para Estados Unidos o el Reino Unido.

Estos costos adicionales podrían poner en peligro la meta de crecimiento del PIB del gobierno chino (aproximadamente el 5,5% en el 2022) en un momento en el que las fuerzas demográficas domésticas, las regulaciones más estrictas y las tensiones geopolíticas con Occidente ya están ejerciendo una tremenda presión a la baja sobre el crecimiento.

Una manera de alentar a China a participar en las sanciones (y persuadir a otros países como Alemania de dejar de importar energía rusa) es si Estados Unidos ofreciera una compensación financiera parcial a los países que soportarían una porción desproporcionada de la carga económica resultante. Pero eso no parece políticamente factible en Estados Unidos.

Otro posible empujoncito para China sería una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas exigiendo explícitamente sanciones económicas totales contra Rusia.

La Asamblea General ha adoptado este tipo de resoluciones en el pasado, y los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (incluidas Rusia y China) no pueden vetarlas.

En este sentido, la resolución de la Asamblea General redactada por Estados Unidos condenando la invasión rusa dejó pasar una oportunidad al no incluir una recomendación de que los países miembro impongan sanciones económicas a Rusia. Eso habría colocado las sanciones occidentales actuales bajo un paraguas de las Naciones Unidas.

Es verdad, los países grandes pueden ignorar las resoluciones de las Naciones Unidas. Por ejemplo, todos los años, la Asamblea General vota, muchas veces de manera abrumadora, a favor de exigirle a Estados Unidos que ponga fin a su embargo económico contra Cuba. Estados Unidos ignora estos votos y nadie más puede hacer nada para cambiar la situación.

Quizás esas resoluciones de las Naciones Unidas son lo que llevó a Estados Unidos a no hacer referencia a las sanciones económicas en su resolución respecto de la invasión a Ucrania por parte de Rusia. Pero otros países como Canadá y Australia podrían hacerlo.

Dada la insistencia de China de que respalda un orden mundial centrado en las Naciones Unidas, y no un orden mundial centrado en Estados Unidos, esto podría influir de alguna manera en los chinos comunes y corrientes.

Las consecuencias distributivas de sanciones totales también podrían ser significativas. Un bloqueo económico de máxima presión que lleve a un cambio de régimen en Rusia o que frene la guerra en Ucrania es una cosa.

Las sanciones que no logran estos objetivos y al mismo tiempo destruyen las subsistencias de los rusos de a pie, muchos de los cuales se oponen a la guerra, es otra cosa completamente diferente.

Los rusos de bajos ingresos probablemente tengan menos posibilidades de sobrellevar la carga de las sanciones que los oligarcas. Al hacer subir los costos del gas y de los servicios, y los precios de otras materias primas, las sanciones también impondrían penurias a la gente en muchos otros países en desarrollo que todavía no se han recuperado plenamente de las pérdidas de ingresos generadas por la pandemia.

Mientras siguen desarrollándose las escenas desgarradoras en Ucrania, los crecientes llamados a endurecer el bloqueo económico contra Rusia son entendibles. A fin de cuentas, la no participación de China no marcará una enorme diferencia.

Pero las consecuencias distributivas adversas tanto de la guerra como de las sanciones para los pobres en los países en desarrollo son reales.

Los países ricos deberían considerar ofrecer ayuda financiera a aquellas personas en los países en desarrollo que tienen menos medios para hacer frente a las penurias adicionales.

Shang-Jin Wei, ex economista jefe del Banco Asiático de Desarrollo, es profesor de Finanzas y Economía en la Escuela de Negocios de Columbia y en la Escuela de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Columbia.

© Project Syndicate 1995–2022

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