Columnistas

Página quince: Todos somos Hong Kong

Los líderes de China temen justamente las cosas que le prometieron a Hong Kong en la Declaración Conjunta, concretamente, el Estado de derecho y las libertades que este protege.

Chris Patten
Chris Patten

LONDRES– En mi discurso final como gobernador de Hong Kong, el 30 de junio de 1997, pocas horas antes de abandonar la ciudad, dije: “Ahora, el pueblo de Hong Kong tiene que gobernar Hong Kong. Esta es la promesa. Y este es el destino irreversible”.

Esa promesa figuraba en la Declaración Conjunta de 1984, un tratado firmado por China y el Reino Unido ante las Naciones Unidas.

El acuerdo era claro y la garantía para los ciudadanos de Hong Kong era absoluta: el retorno de la ciudad de una soberanía británica a una soberanía china estaría gobernado por el principio de un país, dos sistemas.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌