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Los grandes retos de la nueva defensora

El éxito de la nueva defensora de los habitantes, Angie Cruickshank, será de todos

Al fin, tras pujas múltiples, nombres diversos y riesgo patentes, tenemos defensora de los habitantes. Y —complemento indispensable— existen fuertes indicios de que cumplirá a cabalidad con su misión.

No se trata de algo menor. Con problemas crónicos en varias instituciones, que erosionan los servicios, y un Ejecutivo que, por impericia y designio, desafía con frecuencia la integridad del Estado de derecho, la Defensoría de los Habitantes se enfrenta a tareas esenciales. Adscrita al Poder Legislativo, pero con total independencia, debe, dice su ley, “proteger los derechos y los intereses de los habitantes” y velar por que “el funcionamiento del sector público se ajuste a la moral, la justicia, la Constitución Política, las leyes, los convenios, los tratados, los pactos suscritos por el gobierno y los principios generales del derecho”.

Lo hace mediante una “magistratura de influencia”, la cual, a su vez, depende casi totalmente de su legitimidad. Esta se ha visto seriamente vulnerada durante los últimos años. De ahí la importancia de que la defensora la restaure. Todo indica que Angie Cruickshank, la seleccionada, posee las condiciones para hacerlo. Destaco cuatro:

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