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La verdad está afuera

Habiendo crecido con ‘Los expedientes X’, no me avergüenza confesar que yo también prefiero creer

A mí, como a Pascal, también me aterra el silencio de los espacios infinitos. ¿Por qué no nos hablan?, se preguntó Enrico Fermi, físico italiano que construyó la bomba atómica. De alguna manera, esa macabra labor lo hizo reflexionar sobre la existencia de otras civilizaciones en las inmensidades inagotables del espacio hipergaláctico.

Su reflexión es la paradoja de Fermi: el contraste inexplicable entre la sobrecogedora pero grandiosa posibilidad de vida extraterrestre y el hecho, igualmente abrumador, de su perenne ausencia de comunicación con nosotros. Fermi, que ya era premio nobel antes de construir el primer reactor nuclear, era muy inteligente para no intentar una respuesta.

Su hipótesis es aterradora. Su contribución al desarrollo de un arma de destrucción masiva lo llevó a la conclusión de que con mayor avance tecnológico las civilizaciones alcanzan capacidad de aniquilarse. Así, compaginaba Fermi la ausencia de contacto alienígena con lo bien fundado de la ecuación de Drake, que determina matemáticamente que no estamos solos. Según Fermi, el silencio de civilizaciones extraterrestres más avanzadas se debe a que ya se autodestruyeron.

Habiendo crecido con Los expedientes X, no me avergüenza confesar que yo también prefiero creer. Mi madre, doctora en Física por la Universidad de Pisa, la misma de Fermi, era del criterio de que lo que es física y matemáticamente posible también es real. Ese punto de esperanza en la sensatez extraterrestre comienza a tener asidero. Ya es imposible negar tantos encuentros furtivos del tercer tipo. El Pentágono siempre los ha negado. Ya no.

En el 2017 salió a la luz una investigación ordenada por el Congreso y, en un artículo impactante del New York Times, del 2020, se expusieron con detalle fotos, videos y audios de encuentros de aviadores, no con uno, sino con escuadrones enteros de lo que rebautizaron Fenómenos Aéreos no Identificados.

El viernes se presentó un reporte que asegura lo bien fundado de los avistamientos. ¿Qué son? No se atreven a decirlo. Según la teoría conocida como la navaja de Okcham, en condiciones idénticas, la explicación más simple suele ser la más probable. En este caso, eso nos sugiere dos posibles hipótesis: no estamos solos y autodestruirnos no es un destino inevitable.

vgovaere@gmail.com

La autora es catedrática de la UNED.

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