Columnistas

La normalidad del matrimonio igualitario

¿Qué ha pasado en el  año que tiene de  haber entrado en vigor? Mucho y poco.

El 9 de enero del 2018, en respuesta a una solicitud de Costa Rica, la Corte Interamericana de Derechos Humanos divulgó una de las opiniones consultivas más consecuentes de su historia. Dispuso que «el Estado debe reconocer y garantizar todos los derechos que se derivan de un vínculo familiar entre personas del mismo sexo (...) incluyendo el derecho al matrimonio»; también, el de cambiar la anotación de nombre y sexo en los registros y documentos de identidad. Su impacto alteró la recta final de la campaña política. En una encuesta de la Universidad de Costa Rica, dos tercios de la muestra consultada dijo entonces adversar la disposición; sin embargo, el candidato que la apoyaba —Carlos Alvarado— ganó en segunda vuelta.

El 8 de agosto del mismo año la Sala Constitucional dio 18 meses a la Asamblea Legislativa para adecuar «el marco jurídico nacional» a la interpretación de la Corte-IDH. El plazo comenzó a correr el 26 de noviembre, al publicarse la resolución en La Gaceta. Como al 26 de mayo del 2020 los diputados no habían actuado, el matrimonio igualitario se hizo realidad.

¿Qué ha pasado en su primer año de vigencia? Mucho y poco. Mucho, en lo esencial: equiparar derechos individuales, cuyo ejercicio no perjudica a otros y sí beneficia a quienes los reclaman; reconocer que la diversidad de orientaciones sexuales —o identidad de género— es legítima, y debe ser reconocida y protegida oficialmente; mejorar, a partir de lo anterior, los encuadres para una convivencia social más armónica, respetuosa, igualitaria y estable.

Y no ironizo al decir que ha dado nuevo aire al matrimonio, institución muy importante, pero chamuscada. En su primer año de vigencia, 943 parejas del mismo sexo inscribieron sus casamientos. En cambio, el total de matrimonios pasó de 20.996 en el 2019 a 12.795 el año pasado, con apenas poco más de un tercio religiosos. La primera cifra está influida por la «presa» de aspiraciones existente; la segunda, por la pandemia, pero aun así son reveladoras.

Lo poco que ha pasado es que no nos hicimos más disolutos, exhibicionistas, irrespetuosos, desaforados o infieles. La moral no se vio alterada. En cambio, es probable que sí nos hayamos hecho más tolerantes, menos hipócritas y más humanos. Vale la pena otra encuesta tras un año de normalidad.

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