Enrique Obregón Valverde. 9 diciembre, 2017

¿Habrá una persona en el mundo que pueda ser considerada como feliz? La felicidad es un estado de bienestar general, consecuencia de una buena forma de vivir. Una categoría, condición social. No existe la felicidad individual, particular, aun cuando un anacoreta, en su soledad y aislamiento, pueda creerlo. La felicidad, o es de grupo o no es. De grupo, de sociedad, de nación y, finalmente, universal.

He dicho en una ocasión lejana: “Todos los demócratas sabemos que el fin último que persigue la democracia es la felicidad, pero también entendemos que la felicidad jamás la podemos lograr. La pasión nos dirige hacia ese inalcanzable fin de acción política, pensando, creyendo que, en un momento lejano de nuestra historia futura, habrá un clima propicio para un ambiente general de felicidad. Recordemos que los ideales son como las estrellas, no se pueden alcanzar, pero es posible orientarse por ellas”.

Y digo esto porque en otro momento escribí que la felicidad era ausencia de necesidades, frase que aparece en un libro que publiqué hace muchos años y que he regalado recientemente un ejemplar a un profesor de una universidad italiana que visita frecuentemente nuestro país y a quien he conocido por su relación de amistad con mi hijo Manuel. Este profesor está escribiendo un libro sobre la felicidad y de allí su inquietud al manifestar que la frase indicada podría requerir alguna explicación.

Sentido político. La frase es parte de una charla que di sobre la democracia y, por lo tanto, no tiene sentido filosófico, sino político. Así, necesidad es carencia de cosas que tienen las personas que viven en la sociedad política, por ejemplo, en la democracia moderna, y en el capitalismo, como su gran circunstancia que la caracteriza.

El capitalismo, para poder sobrevivir y aumentar cada día más su riqueza, necesita inventar más necesidades. La tecnología, la ciencia y la propaganda comercial son sus grandes colaboradoras. No en vano, un especialista norteamericano en propaganda comercial inventó con mucho éxito el siguiente eslogan que podría servir de fundamento al capitalismo: “Civilizar es crear necesidades”.

Hace cien años, todavía en Costa Rica las necesidades eran las propias de una sociedad de costumbres sencillas, cuando las horas de labor y descanso – en ausencia de relojes– las marcaban el canto del gallo. La palabra estresado era totalmente desconocida. Esta forma de vivir no daba origen a situaciones agobiantes como las apreciamos en la actualidad.

Desde luego, es imposible regresar a esa sociedad, pero sí es probable que una democracia bien orientada pueda evitar el aumento de necesidades y reducir las creadas. Mientras tanto, el resultado que apreciamos es de pueblos que viven bajo una presión constante –hombres, mujeres y niños– obligados a comprar todo lo que produce la industria moderna.

Son necesidades creadas artificialmente y que en términos de teoría política se llama explotación. Una masa de ciudadanos abrumada, atosigada, oprimida, cansada de tanta necesidad sin satisfacer. Es el nuevo sistema esclavizante de nuestro tiempo que produce grados alarmantes de gente infeliz.

El autor es abogado.