Columnistas

La audacia y la risa invencibles de Dora María Téllez

La huelga de hambre de Dora María colocó otra vez en la agenda internacional la emergencia que atraviesan los reos de conciencia en Nicaragua

OP_CARLOSFERNANDOCHAMORRO
OP_CARLOSFERNANDOCHAMORRO

La celda de Dora María Téllez, presa política en la cárcel El Chipote, en Managua, siempre se encuentra en penumbra. No hay suficiente luz, ni siquiera para distinguir la pasta dentífrica en el cepillo de dientes. La ex comandante guerrillera, historiadora, intelectual y luchadora social, galardonada con un doctorado honoris causa por la Universidad Sorbona Nueva de París, tampoco puede leer ni escribir en su celda, porque ese derecho humano elemental le fue prohibido a ella y a todos los presos políticos por la dictadura familiar de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Dora María Téllez y otras tres compañeras de lucha —Ana Margarita Vijil, Suyén Barahona y Tamara Dávila— cumplen 533 días de resistencia en celdas de confinamiento solitario. Dora María, además, está doblemente aislada, porque la mantienen recluida en el pabellón de los hombres, donde ni siquiera tiene contacto visual con sus compañeras. Mientras, otros 40 presos políticos padecen también un régimen de aislamiento en la cárcel.

Dora María comienza su rutina diaria de tres horas de ejercicio físico en una celda de cemento de 6 x 4 metros cuadrados. En la soledad de su celda se esfuerza por dejar ir el torrente de pensamientos que no puede controlar en su mente, pero al final del día dedicará algún momento para pensar e imaginar las acciones políticas que emprenderá en el futuro, cuando Nicaragua se libere de la dictadura, para impulsar la transición democrática.

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