Jaime Daremblum. Hace 2 días
US President Donald Trump steps off Marine One to board Air Force One before departing Harlingen, Texas on January 12, 2021. (Photo by MANDEL NGAN / AFP)
US President Donald Trump steps off Marine One to board Air Force One before departing Harlingen, Texas on January 12, 2021. (Photo by MANDEL NGAN / AFP)

El imponente perfil del Congreso y el Senado estadounidenses, sobre la colina del Capitolio, es reconocido mundialmente como centro vital para la democracia e inspiración en derechos cívicos.

El miércoles 6 de enero el Congreso debía ratificar el resultado electoral que arrojaba la victoria de Joseph Biden. Trump, el domingo 3, intentó persuadir al secretario de estado de Georgia (un republicano) para que encontrara 11.779 votos para ganar él en los comicios de desempate senatorial. La tentativa de Trump fue rechazada por el funcionario puesto que se trataba de un acto ilegal.

Dada esa nueva pared, Trump decidió que el milagro de cambiar el resultado electoral se lo obraría su vicepresidente, Mike Pence, quien dirigía la sesión conjunta del Congreso y el Senado donde se ratificarían los resultados electorales nacionales.

Paralelamente, contactó con los cabecillas de su «ejército privado», gente de la mafia, para que ingresaran las turbas al Capitolio e impidieran que se llevara a cabo el voto final.

Así, el miércoles 6, como demagogo que es, incitó a las turbas de white supremacists, populacho guiado por ideas racistas y nazófilas, para que invadieran el recinto senatorial y frustraran la declaratoria de Biden como ganador de la contienda electoral.

El ataque invasivo fue su coup. Las turbas rompieron ventanas, quebraron puertas y llegaron al anfiteatro de sesiones conjuntas del Senado y la Cámara de Representantes y tornaron imposible la sesión.

Los legisladores fueron llevados a un refugio subterráneo y los oficiales menores debieron protegerse debajo de mesas y dentro de clósets de la turba que andaba armada. Los pandilleros también buscaron al vicepresidente Pence para guindarlo de un árbol en las cercanías. Así, consta de las comunicaciones entre rebeldes.

Los legisladores volvieron al recinto a las 8 p. m. y estuvieron reunidos hasta las 4 de la madrugada para finalmente ratificar a Biden.

Por su incitación a la insurrección, Trump se encuentra en una tesitura: renuncia o sería sujeto a lo que ordena la enmienda 25, la cual faculta al vicepresidente y al gabinete a cancelar la presidencia.

Ya que ninguna de estas posibilidades es factible, el Senado votará hoy, miércoles, si enjuicia a Trump por segunda vez, mancha insólita en Estados Unidos.