Columnistas

Entre la esperanza y el desaliento

La esperanza que renació en Guatemala con el triunfo de Bernardo Arévalo es prematura y de pronóstico reservado

Con el triunfo de Bernardo Arévalo en las urnas, el 20 de agosto, la esperanza renació en Guatemala. Es, sin embargo, un renacimiento prematuro y de pronóstico reservado. Pero los pueblos prefieren creer que temer y el espíritu dominante es el entusiasmo que despierta una presidencia conducida por la honestidad.

Es todo un hito del triunfo de la esperanza sobre la experiencia histórica. Si hay un pueblo que conoce de amargos despertares, ese es Guatemala. Todavía están abiertas las cicatrices de sus desencantos. No han sido pocos.

En 1996, llegó la paz con promesas democráticas, después de tres décadas de dictaduras, guerras civiles y genocidios sin nombre. Pero poco tardaron las sombras en adueñarse del paisaje. Las ilusiones despertadas por una nueva institucionalidad se estrellaron contra el asalto sistemático de la corrupción y la criminalidad sobre todos los poderes del Estado.

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