Jorge Vargas Cullell. 6 febrero

Maduro, el dictador venezolano, obviamente necesita convertir la crisis de su régimen político en un conflicto antiimperialista. Lo ideal para él sería que Estados Unidos enviara tropas al terreno o que Brasil hiciera otro tanto para así matar tres pájaros de un solo tiro: convertirse en el héroe de la resistencia nacional contra la invasión e internacionalizar el conflicto; decapitar a Guaidó y a la oposición por traidores a la patria y, en un contexto de guerra, desaparecerlos por medios sumarísimos; y, finalmente, dividir el bloque de más de 30 países que lo ha desconocido, pues Europa y la mayoría de América Latina no están de acuerdo con una invasión.

En el mundo ideal, el tirano y su círculo de poder económico y político deberían pagar por sus crímenes y sus fortunas mal habidas, devueltas al erario

Aun ese escenario sería, sin embargo, un espejismo para el régimen. El colapso económico, la tragedia humanitaria y el desgarro político que el chavismo infligió a la sociedad venezolana hacen irrisoria su capacidad de resistencia. No obstante, habría logrado elevar exponencialmente el costo político de su salida aplicando una táctica de tierra arrasada que heredaría un infierno a quienes siguen. El símil que se me ocurre sería la Alemania de 1945, aunque peor: destruida, pero sin líderes democráticos, sin Plan Marshall para la reconstrucción y exánime luego de una cruenta (aunque corta) guerra civil.

Maduro está frito; es cuestión de tiempo, pero la manera como caiga impactará profundamente en el futuro de su país. La mejor opción es una negociación política que lo remueva del poder a él y a su cúpula, ponga en su lugar a un gobierno interino, establezca un cronograma de transición a la democracia, con un grupo de países garantes, y defina un paquete de ayuda económica para la reconstrucción nacional, con controles para evitar su uso indebido.

En el mundo ideal, el tirano y su círculo de poder económico y político deberían pagar por sus crímenes y sus fortunas mal habidas, devueltas al erario. Nada me haría más feliz. En la práctica, ninguna transición a la democracia ha funcionado así, incluso después de invasiones o derrotas militares. Por lo general, hay figuras claves del régimen que “caen paradas”, ha debido tolerarse un nivel de impunidad, por medio de amnistías y una justicia transicional de alcance limitado, al menos en el plazo inmediato.

Hoy por hoy, el único sostén de Maduro son las fuerzas armadas. No lo entregarán sin garantizarse que pagarán el mínimo castigo posible.

El autor es sociólogo.