Jorge Vargas Cullell. 12 agosto

El martes pasado leí en este diario un escrito que me impactó mucho. Su autor es Marco Vargas, director del hospital especializado en la atención de pacientes de covid-19. Un testimonio elocuente del drama humano que se vive debido a la pandemia (11/8/2020).

Mi primera reacción fue de angustia; luego, dio paso a un profundo agradecimiento al personal de Salud que trabaja salvando vidas a costa de enormes sacrificios.

Sus descripciones acerca de las “caras marcadas” por las mascarillas y otros dispositivos de seguridad, las jornadas de treinta y más horas de trabajo, y el peso psicológico de lidiar diariamente con la muerte, se anudaron en mi corazón.

Tenía ya un texto para hoy, pero lo sustituí por este. Raramente, en los ya casi quince años de escribir en esta página, recomiendo una lectura. Hoy hago una excepción: quienes no vieron el artículo, léanlo; quienes lo leyeron, repásenlo. Es lectura necesaria, ahora que muchos ven la pandemia como una estadística.

El artículo hace dos poderosas interpelaciones. La primera, a nosotros, las personas de a pie, quienes tenemos la responsabilidad de cuidar y cuidarnos. Cito: “¿Por qué reta al sistema de salud? ¿A quién va a reclamar usted cuando las muertes pasen de 300 o más, o cuando los casos sean más de 50.000? ¿A los que abrieron, a los que no abrieron, a los que fueron a la playa, al gobierno, a los diputados? ¿A quién?”.

La segunda interpelación es un gancho al hígado para tantos que andan por ahí diciendo lo que hay que hacer, proponiendo soluciones mágicas. Cito otra vez: “Es fácil criticar y decir la forma correcta de hacer las cosas. Por favor, ¡hágalo! Es más sencillo hacerlo con pantuflas y un trago de vino…”.

Acumulamos riesgos de vivir una crisis de proporciones históricas si, como sociedad, no entendemos la gravedad de estos tiempos extraordinarios y si los que insisten en el ácido y menos en qué rayos hacemos para evitar lo peor (subrayo aquí el plural) dominan el discurso público. Recordemos: el 2020 ha sido malo, pero el 2021 podría ser peor.

Concluyo: es cierto que en esta emergencia no hay cheques en blanco para nadie. Cierto, también, que el escrutinio ciudadano es indispensable para evitar que los vivazos o los negligentes se nos escurran por ahí. Pero a todo eso hay que sumar, a toda hora, un gran agradecimiento a quienes lidian en hospitales con la enfermedad del coronavirus.

El autor es sociólogo.