Columnistas

Elijamos gente noble

Con frecuencia se olvida que son las personas las que causan enormes perjuicios a una buena institución

Isabel Gamboa

He visto publicidad en las redes de candidatos municipales bailando, cantando, gritando y amenazando. Nos miran, sonríen, se mueven y hablan. Sin embargo, no veo qué hay ahí. Es que la propaganda política parece tener como objetivo engañar y, sobre todo, quienes presumen de ser honestos no parecen muy confiables.

Me pregunto qué dice de esa gente que se postula su dificultad para hablar con honestidad, pero también qué de la ciudadanía que con poco se conforma.

Nunca hemos sido un país del cual se pudiera presumir de su franqueza en el habla, sino, más bien, de la truculencia miedosa y calculada en el decir. Pero ahora, con la calidad de la educación tristemente a la baja, la cultura de lo políticamente correcto callando las bocas y el oportunismo al que dan cabida, existen menos con la capacidad de decir, clara y directamente, lo que piensan.

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