Columnistas

Diez claves sobre la desinformación

Si la entendemos y desentrañamos, podremos ayudar a neutralizarla

A menudo caemos en las redes de la desinformación inconscientemente. (Shutterstock)

Vivimos inmersos en una sobreabundancia de buena y mala información. El volumen de ambas, pero sobre todo de la segunda, genera incertidumbre y confusión. Y tales estados pueden llevarnos a tres tipos de reacciones: esforzarnos deliberadamente por conocer y entender los ámbitos de realidad que consideramos importantes; renunciar a hacerlo, desconectarnos de lo que ocurre a nuestro alrededor y encerrarnos en la vida personal; caer en la trampa de las explicaciones reduccionistas, simplistas y distorsionadoras.

Cuando esto último ocurre, somos presas propicias para la desinformación. Lo peor es que, quizá, ni siquiera nos demos cuenta de ello, porque a menudo caemos en sus redes a partir de impulsos, percepciones o prejuicios personales de los que no somos conscientes.

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