Columnistas

Después del beso

Las emociones tiran del carruaje como decía Platón, son la fuerza que nos empuja y tenemos que aprender a manejarlas, nunca a amputarlas y menos quedarnos con una sola

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No todos los besos se recuerdan, como no todos los momentos que consideramos extraordinarios vuelven a nuestra memoria. Cuando esto ocurre pasan a ser recuerdos de largo alcance. Podemos una y otra vez traerlos al presente para disfrutarlos de nuevo con algún detallito de más o de menos. Traigo el ejemplo para mí imborrable, de mi encuentro con El beso, la escultura de Auguste Rodin, que dedicara a los amantes Paolo y Francesca, personajes de la Divina comedia. La escultura causó tal efecto en mí que mantengo vivido mi caminar hacia el salón donde se encontraba y la mirada de universitaria maravillada. Recuerdo la luz que entraba por los ventanales de madera y los cordones que guiaban a los visitantes a través de la exposición.








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